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Kei Nishikori se despide del US Open: relevo de Rei Sakamoto

En la pista de Flushing Meadows donde escribió algunas de las páginas más brillantes de su carrera, Kei Nishikori se quedó a un solo paso de su último cuadro principal de Grand Slam. El japonés de 36 años cayó por 6-4, 7-6 (7-3) ante su compatriota Rei Sakamoto en la tercera ronda de la fase previa del US Open, el 28 de agosto, y vio cerrarse la puerta de su torneo fetiche en la antesala de su retirada a final de temporada.

No fue una derrota cualquiera. Fue un traspaso de testigo.

El último combate en Nueva York

Nishikori, primer tenista asiático en alcanzar una final de Grand Slam —precisamente aquí, en 2014— arrancó con determinación. Rompió de inicio y se colocó 2-0. El guion parecía el de tantas noches en Nueva York: el veterano, el escenario, la memoria de grandes batallas.

Pero Sakamoto no viajó a Estados Unidos a rendir homenaje, sino a reclamar espacio. El joven de 20 años respondió con dos quiebres consecutivos, le dio la vuelta al marcador y se adueñó del primer set. Desde ahí, el partido cambió de manos.

El dato lo explica mejor que cualquier adjetivo: 19 saques directos para Sakamoto, ninguno para Nishikori. El nuevo golpeando con furia; el viejo zorro buscando soluciones, sin encontrar la velocidad ni la chispa de antaño.

En el segundo set ambos mantuvieron el servicio, sin conceder más fisuras. Nishikori resistió, tiró de oficio, estiró puntos, trató de alargar la noche. La manga se fue al desempate y ahí el relevo generacional se hizo evidente: Sakamoto se lanzó a un 6-1 casi demoledor en el tie-break y cerró el duelo en 1 hora y 42 minutos, por 7-3.

El legado y la emoción contenida

Al terminar, Nishikori no habló como un hombre hundido, sino como alguien que entiende el ciclo del deporte.

“Es una emoción refrescante, como si él hubiera apagado por completo la última llama de una vela”, describió el ex número 4 del mundo, que disputó esta fase previa gracias a una invitación. Reconoció que no pudo seguir el ritmo cuando el nivel subió “un poco” y aceptó sin dramatismo lo ocurrido.

No se quedó ahí. Señaló directamente al chico que lo había derrotado: “No estoy contento por perder hoy, pero estoy contento por Rei, es el próximo gran jugador japonés, así que espero que pueda entrar pronto en el top 10. Ha sido una gran semana para mí. Lo he disfrutado de verdad”.

El marcador también contó la historia: 33 golpes ganadores de Sakamoto por solo 14 de Nishikori. El número 157 del mundo, “feliz” por alcanzar el cuadro principal que comienza el 30 de agosto, explicó con sencillez la clave: “Mis saques fueron muy buenos y también conseguí jugar de forma agresiva. Espero llegar a ser un jugador al nivel de Kei”.

Mientras el joven miraba hacia arriba, Nishikori miró hacia atrás. “Disfruté de toda mi vida en el tenis”, dijo. Casi dos décadas como profesional, un subcampeonato del US Open, semifinales, batallas memorables en Nueva York. “Especialmente aquí tuve grandes recuerdos, una vez final, semis, muchos grandes partidos que jugué en Nueva York, así que estoy feliz de haber jugado en este último momento”.

Un cuerpo castigado y un último objetivo

La caída en la previa no sorprende a quien haya seguido los últimos años de su carrera. Desde la operación de cadera izquierda en enero de 2022, Nishikori ha vivido atrapado en un laberinto de lesiones. Cada regreso venía acompañado de una nueva interrupción, cada intento de reconstrucción chocaba con un cuerpo castigado.

Ni siquiera pudo cumplir con el plan de disputar el dobles mixto del US Open junto a Naomi Osaka, anunciado en su día como una de las atracciones del torneo. El físico no acompañó. Otra renuncia más en una lista ya larga.

Queda, sin embargo, una última estación: el Japan Open, a finales de septiembre en Tokio. Jugar en casa, cerrar el círculo donde todo empezó, despedirse ante su público. Ese será su último gran escenario antes de bajar la persiana de una carrera que también incluye el bronce olímpico en Río 2016.

En Flushing Meadows, en cambio, la historia ya cambió de manos. Nishikori se marchó entre recuerdos y gratitud. Sakamoto se quedó con el billete al cuadro final y con una frase que pesa: “Espero llegar a ser un jugador al nivel de Kei”.

La pista, a partir de ahora, dirá si este relevo japonés es solo una anécdota de previa o el primer capítulo de una nueva era.