Kim Birrell logra una victoria transformadora en el US Open
Kim Birrell salió de la pista con algo más que un triunfo de primera ronda del US Open. Salió con aire de liberación, una sonrisa que no se borraba y la sensación nítida de que esta vez sí, su carrera había dado un giro.
La australiana, nacida en la Gold Coast, se levantó de la lona para derrotar a la croata Petra Marcinko por 3-6, 7-6 (7-4), 6-3, después de salvar un punto de partido y de arrastrar una noche casi en blanco por los nervios. Tres años seguidos –2023, 2024 y 2025– se había despedido en su debut en Flushing Meadows. Esta vez, en la cuarta, rompió por fin la maldición.
Una noche en vela, un punto de partido y un vuelco
La víspera fue un tormento. Lluvia, 14 horas de espera y un regreso forzado a la pista 7 que alargó la tensión mucho más de lo razonable. Birrell confesó que se despertó alrededor de las cinco de la mañana, completamente despejada, lista para competir cuando aún faltaban horas para el despertador. Tocó calmar la mente, bajar pulsaciones, obligarse a dormir otra vez.
En la pista, el partido siguió el mismo guion inquieto. Marcinko, más firme de inicio, se llevó el primer set por 6-3 y apretó el cuello de la australiana en el segundo. En el duodécimo juego, Birrell encaró un punto de partido en contra. Lo salvó. No solo eso: entró en el desempate todavía por detrás, con un mini break en contra, y desde ahí cambió el tono del encuentro.
El tie-break cayó de su lado por 7-4. A partir de entonces, la balanza se inclinó. Más sólida desde el fondo, más paciente en los peloteos largos, Birrell fue desgastando a Marcinko hasta cerrar el tercer set 6-3 y completar una de las victorias más satisfactorias de su carrera.
El contexto añadía peso al triunfo. Dos meses antes, en Eastbourne, la croata la había barrido en hierba en sets corridos. En su primer duelo del año, en febrero en Texas, Birrell había ganado, pero tras encajar un 6-0 de salida. La rival, por tanto, no solo la conocía: ya sabía cómo hacerle daño.
Un premio que se siente en casa: boda, hipoteca y flores
Al dejar atrás la barrera de la primera ronda, Birrell se aseguró un premio de 190.000 dólares estadounidenses, una cifra que ella misma calificó de “locura” al hablar con AAP. No es solo una cifra en una hoja de resultados: es margen de maniobra para una vida que avanza también lejos del circuito.
Ella y su entrenador, Matt Fraser, están en plena planificación de su boda en Kingscliff, prevista para finales de año. El cheque del US Open encaja perfecto en ese rompecabezas: ayudará con la luna de miel, con “alguna flor extra” y, sobre todo, con lo que pesa de verdad todos los meses. La hipoteca. “Y tenemos una hipoteca. Sí, la hipoteca”, remarcó, medio en broma, medio en serio.
El impacto no se detiene en lo económico. Con este resultado, Birrell está proyectada a subir 16 puestos hasta un mejor ranking personal en el número 55 del mundo, lo que la convertiría en la nueva número 1 de Australia, desbancando a Talia Gibson. Un salto simbólico que certifica su progresión.
El siguiente obstáculo no será menor: la rusa Ekaterina Alexandrova, número 19 del mundo. Otra oportunidad grande, otro examen de altura en Nueva York.
Un día redondo para Australia: Joint y Duckworth se apuntan
El martes en Flushing Meadows dejó un sabor muy australiano. A la gesta de Birrell se sumaron la joven Maya Joint y el veterano James Duckworth, en una jornada que bien puede calificarse de bandera para la delegación del país oceánico.
Joint, de 20 años, firmó una remontada de peso ante la rusa Liudmila Samsonova, mejor situada en el ranking. Perdió el primer set 3-6, ajustó el plan y se adueñó del partido con un doble 6-2 para cerrar 3-6, 6-2, 6-2. Tiene mérito extra: desde enero había perdido 13 de sus 14 partidos. Su resurrección ha llegado en la gira de pista dura estadounidense, y ahora se ha ganado un duelo de escaparate ante la novena cabeza de serie, Elina Svitolina.
Duckworth, que cumplirá 35 años en enero, protagonizó otro ejercicio de resistencia. Se impuso al italiano Matteo Arnaldi, semifinalista de Roland Garros 2026 y trigésimo cabeza de serie, por 5-7, 6-3, 6-2, 7-6 (10-8). Un partido áspero, largo, decidido en un tie-break final de alta tensión. Con este triunfo, el australiano puede presumir de haber alcanzado la segunda ronda en los cuatro Grand Slams, un hito tardío pero significativo en una carrera marcada por lesiones y altibajos. Su próximo rival será el chino Yibing Wu, con un billete a tercera ronda en juego.
A este trío se suma Taylah Preston, la joven promesa de Australia Occidental, que ya había sellado su pase anteriormente. El contingente australiano respira, compite y se hace notar en Nueva York.
No todo fueron sonrisas, eso sí. Aleksandar Vukic, atrapado también en un duelo interrumpido por la lluvia, no logró completar su propia remontada ante Rei Sakamoto. Cayó por 6-4, 6-7 (5-7), 6-4, 3-6, 6-4 en un pulso largo y desgastante.
Mientras el torneo avanza y las luces de Flushing Meadows se encienden cada tarde, la pregunta queda flotando: ¿hasta dónde puede llevar esta ola de confianza a una Kim Birrell que, por fin, juega sin esa losa de la primera ronda sobre los hombros?




