Lomachenko regresa a Top Rank y busca ser campeón indiscutido
Vasiliy Lomachenko está de vuelta. Ya no es un rumor, ni un simple amague de regreso. El ucraniano ha elegido bando y ha cerrado el círculo: vuelve con Bob Arum y Top Rank bajo un nuevo contrato multipeleas, en copromoción con su propia empresa, Loma Power Promotions.
Top Rank hizo oficial el acuerdo el jueves, a través de sus canales habituales. Y Arum, que ha visto pasar por sus manos a generaciones de campeones, no escondió su entusiasmo en el comunicado: para él, Lomachenko sigue siendo uno de los talentos más especiales que ha promovido. El veterano promotor subraya, además, la obsesión que mueve al ucraniano en esta nueva etapa: ser campeón indiscutido.
El contexto es llamativo. Lomachenko anunció sus planes de regreso justo el día en que expiraba su anterior contrato con Top Rank. Un movimiento calculado, que le abría la puerta a escuchar ofertas de otras promotoras. Pudo cambiar de rumbo. Al final, eligió volver a casa y firmar de nuevo con Arum, pero esta vez con el peso añadido de Loma Power Promotions en la ecuación.
Un retiro corto, una cuenta pendiente
Lomachenko, hoy con 38 años, no se sube a un ring desde mayo de 2025. Aquella noche destrozó a George Kambosos Jr. con un TKO en el undécimo asalto y se llevó los títulos mundiales IBF e IBO del peso ligero. Dos meses después, anunció su retirada. Parecía el epílogo de una carrera brillante, aunque no exenta de cicatrices.
Se fue con un récord de 18-3, pero con un 4-2 en sus últimas seis peleas. En esa recta final llegaron las derrotas que todavía hoy se discuten en tertulias y redes: Teofimo Lopez y Devin Haney, más aquella tercera mancha que nunca ha terminado de convencer a buena parte del público. Es precisamente esa sensación de “casos abiertos” lo que mantiene su nombre, para muchos, entre los mejores boxeadores del siglo XXI.
Su palmarés habla por sí solo: campeón en tres divisiones, campeón lineal en varias categorías, un estilista que convirtió la geometría del ring en arte. Pero hay un vacío que le pesa: nunca ha sido campeón indiscutido. Esa es la misión que lo trae de vuelta.
¿Ligero o superpluma? El tablero de su regreso
La gran pregunta ya no es si vuelve, sino dónde y contra quién. Lomachenko reinó en el peso ligero desde 2018 hasta su retirada en 2024. En esa franja de peso dejó huella y, como excampeón de la IBF, no sería descabellado verlo directamente en una pelea por el cinturón vacante del organismo.
Ese camino le pondría, tarde o temprano, frente a los otros tres monarcas de la división si quiere unificar: William Zepeda (WBC), Abdullah Mason (WBO) y Floyd Schofield Jr. (WBA). Un recorrido durísimo, pero perfecto para un boxeador que regresa con la palabra “indiscutido” tatuada en la mente.
Sin embargo, el rumor que más fuerza ha ganado en las últimas semanas lo sitúa un escalón más abajo, en las 130 libras. Ahí donde ya fue campeón WBO del superpluma. Su nombre ha sonado con insistencia junto al del reciente aspirante al título Charly Suarez como posible primer rival de esta nueva etapa. Un duelo que, sin ser un choque de unificación, serviría como termómetro inmediato para medir cuánto le queda a “Loma” del genio que desbordaba hace unos años.
O’Shaquie Foster levanta la mano
El simple anuncio del regreso de Lomachenko ha agitado de inmediato la categoría del superpluma. O’Shaquie Foster, campeón WBC, WBO e IBF del peso superpluma y flamante vencedor de Emanuel Navarrete, no ha tardado en mostrar interés. “Shock” viene de una victoria que lo ha metido de lleno en las conversaciones libra por libra y busca una defensa que consolide su estatus. Pocos nombres ofrecen más brillo mediático que el de Lomachenko.
Un Foster vs. Lomachenko por tres cinturones del superpluma sería dinamita pura: el estadounidense, en pleno ascenso, contra el maestro ucraniano, que vuelve para reclamar su sitio en la élite. Un choque de estilos, generaciones y narrativas.
El tablero, por tanto, está abierto. Lomachenko puede perseguir el cinturón vacante ligero y lanzarse a una carrera de unificación, o bajar a las 130 libras y, en cuestión de una o dos peleas, plantarse ante Foster por tres títulos. En cualquiera de los dos caminos, no hay margen para el rodaje cómodo: cada paso será una cita de alto riesgo.
La decisión marcará algo más que su futuro inmediato. Definirá si este regreso es un último gran acto de ambición o el epílogo inevitable de una leyenda que se niega a irse en silencio. Porque la pregunta ya no es si puede volver a ser campeón. La verdadera incógnita es si, a los 38 años, puede reescribir la historia y convertirse por fin en el indiscutido que siempre pareció destinado a ser.



