Madison Keys logra una remontada épica en el US Open
NUEVA YORK — El US Open encontró por fin su partido épico. Y tuvo nombre propio: Madison Keys.
La estadounidense, cabeza de serie número 22, salió viva de un abismo de 5-2 en el tercer set y levantó cinco puntos de partido para tumbar a Anna Bondar por 5-7, 6-4, 7-6 (5) en un duelo eléctrico en la pista 17.
La noche, el ruido, la tensión. Todo jugaba a máxima intensidad.
Bondar, número 73 del mundo en el ranking PIF WTA, tuvo el encuentro en la mano. Servía para ganar con 5-2 en el tercero y dispuso de sus dos primeros puntos de partido. Y ahí apareció el primer giro dramático: dos dobles faltas consecutivas. La grada rugió. Keys, que ya caminaba al borde del precipicio, encontró de repente una rendija de luz.
El break llegó para el 5-3, pero el peligro no se había ido. En el juego siguiente, la estadounidense se vio 15-40 abajo con su saque. Dos derechas milimétricas, pegadas a la línea, la rescataron hasta el deuce. Aún tuvo que borrar un quinto punto de partido, otra vez con la derecha como martillo, antes de asegurar el 5-4. El partido, que parecía sentenciado, se encendía de nuevo.
La presión cambió de lado. Keys encadenó dos juegos más y se puso 6-5, obligando a Bondar a servir para forzar el superdesempate a 10 puntos. La húngara respondió y llevó el pulso al tiebreak definitivo, donde parecía recuperar el mando.
Se adelantó 5-3. Silencio tenso en la grada. El impulso volvía a ser europeo.
Y entonces, la derecha de Keys desató una tormenta.
Cuatro golpes ganadores consecutivos con ese mismo golpe la lanzaron al 7-5. Desde ahí ya no soltó la presa: sumó los tres últimos puntos y cerró una victoria que huele a punto de inflexión en su torneo. El último, un misil de derecha directo al cuerpo de Bondar, que esperaba en la red y no pudo ni amortiguar la bola. La reacción de Keys fue una explosión: grito al cielo, puño cerrado, la pista 17 convertida en caldera.
No era una remontada cualquiera. Es la primera vez que Keys gana un partido en el US Open después de haber salvado una bola de partido. No lo lograba en todo el circuito WTA Tour Driven by Mercedes-Benz desde Cincinnati el año pasado, cuando levantó también un partido imposible ante Eva Lys (1-6, 6-3, 7-6 (1)).
Aquella vez fue un aviso. Esta, en Nueva York, suena a declaración. Y la pregunta ya flota en Flushing Meadows: ¿hasta dónde puede llevarla una derecha que, cuando se enciende así, parece capaz de reescribir cualquier guion?




