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Max Purcell regresa al equipo de Copa Davis tras sanción

Max Purcell vuelve al lugar del que nunca sintió que debía haber salido. El campeón de dobles de Grand Slam, que vio su carrera frenada en seco por una sanción por dopaje que muchos en el circuito calificaron de desproporcionada, regresa a la élite australiana: Lleyton Hewitt lo ha incluido en el equipo de Copa Davis que se medirá a Polonia en Brisbane.

Tiene 28 años, ocupa el puesto 803 del ranking mundial y, sin embargo, su nombre es el que más ruido hace en la convocatoria. No es casualidad. Es el campeón de dobles de Wimbledon 2022 y del US Open 2024, un especialista con un historial impecable en la competición por equipos: 9 victorias y solo 2 derrotas en dobles en la Copa Davis. Un seguro en la modalidad que tantas eliminatorias decide.

De Bali al banquillo: la sanción que lo quebró

El punto de inflexión llegó mucho antes de esta llamada de Hewitt. En diciembre de 2024, Purcell aceptó una suspensión provisional bajo el programa antidopaje de la International Tennis Integrity Agency. El origen: una infusión intravenosa de vitaminas que superó el límite permitido de 100 ml, recibida un año antes durante unas vacaciones en Bali.

Purcell explicó que cayó enfermo y que un médico local le administró la solución sin que él supiera que se excedía la cantidad legal. Las sustancias estaban todas en la lista aprobada por la Agencia Mundial Antidopaje. No había rastro de productos prohibidos en su organismo.

Aun así, la sanción inicial fue de dos años. Se redujo un 25% por su cooperación y la ayuda sustancial que brindó a la ITIA. El castigo, sin embargo, ya había calado hondo. En un mensaje en redes sociales, el australiano confesó que desarrolló “tics nerviosos y ansiosos”, que dejó de comer con normalidad y que el caso “afectó seriamente” su calidad de vida.

El vestuario reaccionó. Jugadores como John Millman y Jordan Thompson, su compañero en el título de dobles del US Open, salieron en su defensa. Subrayaron que la infracción fue claramente no intencional y que en ningún momento se detectó una sustancia prohibida en su cuerpo. El debate sobre el rigor y los dobles raseros en la lucha antidopaje se encendió, mientras Purcell veía cómo se detenía una carrera en pleno despegue.

Hewitt abre la puerta… y Purcell la cruza

El tiempo de castigo terminó en junio. Purcell eligió el silencio y la pista como respuesta. Regresó lejos de los grandes focos, encadenó partidos, recuperó sensaciones y ya ha levantado un título individual en un discreto torneo en China. Paso a paso, sin estridencias.

Hewitt no ha tardado en enviarle un mensaje inequívoco: lo quiere de vuelta en el núcleo duro del tenis australiano. En cuanto ha tenido la primera ventana competitiva importante, lo ha llamado. Nada de esperas ni pruebas a medias. De inmediato, a la Copa Davis.

Australia se jugará ante Polonia, en el Pat Rafter Arena de Brisbane, su presencia en la pelea por el título de 2025. Es un cruce de World Group 1, programado para el 19 y 20 de septiembre, que el equipo oceánico está obligado a ganar si quiere seguir soñando con la Ensaladera.

El grupo lo encabeza Alex de Minaur, decidido a cambiar el chip tras un US Open discreto. Le acompañan James Duckworth, Rinky Hijikata y Adam Walton, este último con opciones reales de debutar. Pero el nombre que agita la convocatoria es el de Purcell, por todo lo que arrastra su historia reciente y por lo que puede ofrecer en la pista.

En un duelo que puede definirse en dobles, contar con un especialista con su porcentaje de éxito en Davis es casi un lujo. Para Hewitt, también es una declaración de principios: el vestuario se cierra filas en torno a uno de los suyos.

Un rival incómodo, una ausencia clave

Enfrente, Polonia presentará un equipo más peligroso de lo que su ranking global podría sugerir. Lo lidera Kamil Majchrzak, número 73 del mundo, que ya sabe lo que es doblegar a De Minaur esta temporada: lo hizo en la final sobre hierba del ATP de ‘s‑Hertogenbosch. Ese precedente pesa. Y avisa.

La buena noticia para Australia llega desde el otro gran nombre polaco. Hubert Hurkacz, número uno del país y jugador de enorme pegada, no figura en la lista anunciada el miércoles. Sus problemas físicos recurrentes vuelven a dejarle fuera de una gran cita. Su ausencia inclina el cruce, al menos sobre el papel, hacia el lado local.

Sin Hurkacz, el margen de maniobra de Polonia se reduce. El peso del equipo recae más todavía en Majchrzak y en lo que puedan rascar en dobles. Justo el terreno donde Purcell se mueve como en casa.

Un regreso que va más allá de una convocatoria

Para Australia, la serie ante Polonia es un paso necesario en el camino hacia el título. Para Max Purcell, es algo más profundo. Es la oportunidad de volver a representar a su país después de dos años, de cambiar el relato que le ha rodeado desde aquella infusión en Bali, de que se hable de su tenis y no de un expediente disciplinario.

Llega con cicatrices, pero también con un palmarés reforzado en los grandes escenarios de dobles. Llega con el respaldo explícito de sus compañeros y de su capitán. Y llega a una competición que históricamente premia a los que resisten en los momentos de mayor presión.

En Brisbane, cuando la serie se acerque a los puntos calientes y la eliminatoria pida nervio y mano firme en la red, la mirada se irá inevitablemente hacia él. Después de todo lo que ha vivido, ¿cuánto puede valer ahora el saque y volea de Max Purcell para el futuro inmediato del tenis australiano?