Naomi Osaka supera susto y avanza a enfrentar a Elise Mertens
Naomi Osaka volvió a sentir el zumbido del Arthur Ashe Stadium. Volvió a ganar. Y, sobre todo, volvió a imponerse a sus propios altibajos. La dos veces campeona del US Open se rehízo de un serio bache en el segundo set para derrotar a Katerina Siniakova por 6-2, 5-7 y 6-1, sellando su pase a la tercera ronda y un duelo con la cabeza de serie número 23, la belga Elise Mertens.
Estilo, autoridad y un susto innecesario
Osaka, de 28 años, entró de nuevo en escena fiel a su propio ritual. Si en primera ronda había homenajeado a Allen Iverson con su atuendo, esta vez apareció con un vestido blanco bordado con pequeñas raquetas de tenis. Imagen pulida, paso firme. Y un inicio de partido que parecía escrito para una noche tranquila.
La japonesa se adueñó del primer set en apenas media hora. Dominó con el servicio, mandó con el primer golpe tras el saque y desarboló a Siniakova, número uno del mundo en dobles, que apenas encontraba espacio para respirar en los intercambios. Osaka mandaba 6-2 y daba la sensación de tener el duelo completamente bajo control.
El guion se mantuvo al inicio del segundo parcial. Al llegar a la hora de juego, Osaka ya había roto el servicio para ponerse 4-2. Todo apuntaba a una victoria rutinaria, de manual. Pero el partido, y sobre todo la cabeza de la japonesa, se abrieron de repente.
El colapso del segundo set
A partir de ese 4-2 se desató una secuencia extraña: cuatro roturas de servicio consecutivas. Osaka sacó con 5-3 para cerrar el partido y se bloqueó. Su consistencia se desmoronó justo cuando olía la meta. Siniakova, que hasta entonces vivía a la sombra del poderío de la japonesa, se agarró al encuentro y empezó a encontrar premio a base de insistencia y solidez.
De los 29 errores no forzados de Osaka en todo el choque, 20 llegaron en ese segundo set. Una cifra que lo explica casi todo. La 13ª cabeza de serie empezó a castigarse, a gesticular, a perder el hilo. Siniakova olió la duda, igualó, y terminó llevándose el parcial por 7-5, castigando cada vacilación de su rival.
Osaka, que había tenido el pase en la mano, se vio de repente abocada a un tercer set que, hace no tanto, podría haber sido una trampa emocional. Esta vez reaccionó distinto.
Un reseteo a tiempo
La japonesa pidió un descanso para ir al baño. Un paréntesis breve, pero clave. Salió del túnel con otra cara. Con otra energía.
De vuelta a la pista, Osaka recuperó la versión que la llevó a cuatro títulos de Grand Slam. Ajustó la mira, redujo los errores y volvió a imponerse en los peloteos largos. El marcador se inclinó con rapidez: seis de los últimos siete juegos cayeron de su lado, hasta completar el 6-1 final en el tercer set y cerrar el encuentro en dos horas y dos minutos.
La potencia de siempre, esta vez acompañada por una gestión emocional más madura. El susto del segundo set quedó como advertencia, pero también como prueba superada.
Próxima parada: Elise Mertens
Con esta victoria, Osaka se gana un cruce de mayor exigencia ante Elise Mertens, 23ª favorita del torneo, una jugadora que castiga cada despiste y que vive de la regularidad. Justo el tipo de rival que no perdonaría un nuevo bache como el del segundo set ante Siniakova.
Osaka abandona la jornada con algo más que un triunfo: se lleva la sensación de que, cuando se detiene, respira y se recompone, sigue siendo capaz de imponer su tenis a casi cualquiera en Nueva York.
La pregunta ahora es clara: ¿ha sido este tropiezo a mitad de camino un simple aviso… o el punto de inflexión que necesita para volver a pelear por el título en el Arthur Ashe Stadium?




