Naomi Osaka avanza a octavos del US Open tras intensa batalla
Naomi Osaka volvió a sentirse en casa bajo los focos de Nueva York. En una noche tensa en el Louis Armstrong Stadium, la japonesa, 13ª cabeza de serie, sobrevivió a una batalla llena de altibajos para derrotar a la belga Elise Mertens, 23ª favorita, por 6-3, 3-6 y 7-5 y avanzar a los octavos de final del US Open.
No fue una victoria limpia. Fue una victoria de carácter.
Arranque dominante bajo los focos
Osaka salió al cemento de Flushing Meadows con la determinación de quien ya sabe lo que es levantar el trofeo en este torneo. Dos veces campeona en Nueva York, impuso pronto su ley con el servicio y el primer golpe desde el fondo.
En el primer set encadenó tres juegos consecutivos, se disparó hasta el 4-1 y, desde ahí, manejó la manga con autoridad. Su saque, pesado y profundo, le permitió cerrar el parcial sin sobresaltos, sosteniéndose en una serie de servicios ganadores que Mertens apenas alcanzaba a rozar.
La belga buscaba ángulos, trataba de alargar los intercambios, pero se encontraba con una Osaka precisa, agresiva, con el control de la pista y del marcador.
Mertens responde y cambia el guion
El segundo set arrancó como una continuación del primero. Osaka pegaba fuerte desde la línea de fondo, mandaba en cada intercambio y logró un quiebre temprano en el tercer juego. Parecía encaminar el duelo hacia una victoria rápida.
Pero ahí se torció la noche.
Mertens aprovechó una leve grieta en el juego de la japonesa y se metió en el partido. Osaka perdió los dos juegos siguientes, entregó la ventaja y, con ella, parte de la calma. La belga empezó a castigar los errores no forzados de su rival, a encontrar ritmo con el revés y a moverla de lado a lado.
El impulso cambió de lado. Mertens se adueñó del tramo final del set, ajustó el resto y terminó nivelando el encuentro en mangas, 3-6. Osaka, que había dominado durante media hora larga, se encontró de repente en una batalla abierta.
Un tercer set al límite
El desenlace se convirtió en una prueba mental. En el set definitivo, Mertens olió la duda y apretó. Osaka encadenó varios errores no forzados y la belga se adelantó en el marcador, castigando cada bola corta, cada titubeo.
Entonces llegó el parón. Osaka pidió atención médica y el partido se detuvo. A la vuelta, el aire en el estadio había cambiado. El público, siempre sensible al drama, se volcó con la japonesa. Y ella respondió.
Punto a punto, juego a juego, Osaka empezó a recuperar terreno. Ajustó el resto, contuvo los fallos y volvió a encontrar la derecha ganadora en los momentos clave. En la recta final del set, logró el quiebre que necesitaba para igualar y, de inmediato, sostuvo el impulso con un saque demoledor.
Con 5-5, el estadio contenía la respiración. Osaka se plantó en la línea de fondo, conectó un ace para ponerse 6-5 arriba y desató el rugido del Louis Armstrong. En el juego siguiente remató el trabajo, cerrando el 7-5 y una victoria que, por momentos, pareció escapársele de las manos.
Emoción, disculpas y lo que viene
“Honestamente, no puedo creer que haya ganado este partido”, confesó Osaka sobre la pista, aún con la adrenalina en el cuerpo. Agradeció el apoyo de los aficionados y, en un gesto poco habitual tras una victoria tan sufrida, pidió disculpas por su comportamiento durante el encuentro, incluida una acción en la que lanzó la raqueta.
La noche dejó cicatrices, pero también una señal clara: Osaka sigue teniendo ese instinto competitivo que decide partidos grandes en escenarios grandes.
En octavos de final la espera Elena Rybakina o Yulia Starodubtseva. Otro examen duro, otra noche bajo los focos de Nueva York. Y la sensación de que, si Osaka afina su tenis y doma sus nervios, el US Open puede volver a girar en torno a ella.




