Naomi Osaka avanza a tercera ronda del US Open tras vencer a Siniakova
Durante un buen rato, el partido pareció un trámite. Naomi Osaka caminaba con paso firme, dueña del ritmo, del marcador y de la pista. Dos veces campeona en Nueva York, un set arriba y con break de ventaja ante Katerina Siniakova, el guion apuntaba a una cómoda clasificación a tercera ronda. Nada de sobresaltos. Nada de drama.
Pero con Osaka nunca es tan sencillo.
Cuando todo parecía controlado, la tensión se coló en su raqueta. En los juegos finales del segundo set se le encogió el brazo, se le fue la derecha, se le escapó el saque. De la calma al vértigo en apenas unos minutos. Siniakova, competitiva y paciente, aprovechó la grieta y alargó la noche: 6-2, 5-7, y partido al tercer set.
Ahí apareció la versión que vuelve a ilusionar al circuito. Osaka respiró, se ordenó por dentro y cerró la puerta al caos. Ajustó direcciones, apretó con el primer servicio y se impuso con autoridad en la manga definitiva: 6-1. Victoria por 6-2, 5-7, 6-1 y billete a tercera ronda, con más desgaste del previsto, pero con una señal clara: está preparada para sufrir y seguir.
La Osaka de los grandes escenarios vuelve a asomar
La gira norteamericana sobre pista dura siempre fue su territorio. Aquí levantó el trofeo en 2018 y 2020, aquí construyó buena parte de su leyenda. La diferencia este año es que no llega “a salvar la temporada”, sino con una base sólida levantada sobre tierra y hierba, dos superficies que durante años fueron un laberinto para ella.
En Roland Garros alcanzó por primera vez los octavos de final. En Wimbledon dio un salto todavía mayor: cuartos de final y, sobre todo, una victoria imponente en cuarta ronda ante la número 1 del mundo, Aryna Sabalenka, sobre un césped que históricamente le había resultado incómodo. Venía de jugar la final en Bad Homburg la semana anterior y pagó el esfuerzo en los cuartos de Londres, donde el cansancio le pasó factura. Pero el nivel mostrado en esas semanas fue el mejor desde su último grande, el título en el Australian Open de 2021.
Con ese bagaje aterrizó en Norteamérica: confianza alta, tenis afilado y la sensación, por fin, de volver a ser candidata real a un Grand Slam.
Dos victorias, muchas dudas… y un mensaje
Las expectativas, sin embargo, pesan. Y en Nueva York se le han notado los kilos en la espalda. Sus dos primeros partidos lo cuentan mejor que cualquier declaración.
En primera ronda, ante Anastasia Zakharova, necesitó dos tie-breaks para cerrar un 7-6(6), 7-6(3) que pudo haber sido un paseo. Tuvo break de ventaja en ambos sets y dejó escapar la renta en los dos. Nerviosa, errática por momentos, se sostuvo por puro oficio y por la memoria competitiva de las grandes citas.
Ante Siniakova, el patrón se repitió con una variación peligrosa: esta vez los nervios le costaron un set entero. La diferencia fue su respuesta. Cuando el encuentro se fue al tercero, tiró de archivo interno, de esas noches en las que tuvo que sobrevivir bajo presión. Ella misma lo explicó: en esas situaciones vuelve mentalmente a la final del Australian Open 2019, aquella batalla a tres sets contra Petra Kvitova que terminó por convertirla en campeona de élite. De ahí extrae calma, soluciones, decisiones rápidas.
Es la ventaja de quien ya ha vivido casi todo en una pista central. Osaka no está todavía en su techo tenístico en este torneo, pero ha cumplido con la primera obligación de cualquier favorita en la primera semana de un grande: ganar como sea y darse tiempo para encontrar su mejor versión.
Más que tenis: moda, identidad y ruido externo
Hablar de Osaka hoy es hablar de mucho más que de su derecha y su saque. Cada aparición en un Grand Slam viene acompañada de una puesta en escena pensada al detalle: entradas a pista, equipaciones, referencias culturales. En este US Open sus conjuntos rinden homenaje a Allen Iverson, icono de la NBA y símbolo de rebeldía y estilo propio.
Esas elecciones han generado titulares, debates y, también, un volumen notable de críticas. Para una jugadora reservada, de perfil bajo en el trato diario, resulta casi paradójico que su sola presencia desate tanta animadversión. Se la acusa de buscar atención, de distraerse del tenis, de incoherencia por haber hablado de salud mental en 2021 y, ahora, exponerse de forma tan visible a través de la moda.
Lo que muchos omiten es el contexto. Osaka está en otra etapa vital, más madura, más segura de quién es y de cómo quiere mostrarse. Y buena parte del rechazo que recibe nace de un lugar conocido: la incapacidad de algunos de perdonarle su activismo antirracista a comienzos de la década, cuando utilizó los grandes escenarios para lanzar mensajes incómodos.
Ella, en cambio, ha encontrado en la moda un lenguaje propio. Para una introvertida, la ropa funciona como altavoz silencioso. No interrumpe, no grita, pero dice mucho. Y, al final, se trata de esto: una deportista que corre detrás de una pelota para entretener a un público. No hay sacrilegio en que lo haga con vestidos llamativos.
Un cuadro traicionero y nombres que aprietan
El camino, eso sí, no le da tregua. El sorteo le ha colocado uno de los cuadros más duros entre las aspirantes al título. En el horizonte cercano asoma Elena Rybakina, segunda cabeza de serie, como posible rival en octavos de final. Un choque de pegadoras, de primeros saques y de golpes planos que pueden incendiar la pista.
Antes de pensar en ese duelo, Osaka tiene una misión sencilla en el papel pero exigente en la práctica: llegar. Encadenar partidos sólidos, reducir los altibajos y transformar estas victorias trabajadas en una versión más limpia y dominante.
Mientras tanto, el torneo se mueve a su alrededor. Iga Swiatek, octava cabeza de serie y campeona en 2022, avanzó con paso firme a segunda ronda tras un 6-3, 6-2 ante Nadia Podoroska, un marcador que habla de autoridad y de una número 1 reciente que empieza a coger temperatura en Nueva York.
La británica Harriet Dart, procedente de la fase previa, poco pudo hacer frente a la 25ª cabeza de serie, Marie Bouzkova, que la superó por un claro 6-2, 6-2. En el cuadro masculino, Félix Auger-Aliassime, tercer favorito y semifinalista el año pasado, se despidió antes de tiempo: mareos y problemas físicos le lastraron en la derrota por 6-7(5), 6-3, 6-2, 6-2 ante Karen Khachanov.
El US Open empieza a filtrar contendientes y a dejar al descubierto a quienes realmente están preparados para sobrevivir a dos semanas de tensión. Osaka, con sus dudas, su tenis poderoso y su universo propio, sigue en pie. La pregunta es cuánto tardará en que su juego se acerque al nivel de la historia que ya vuelve a construir en Nueva York.




