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Navone derriba a Djokovic en el US Open

En la noche pesada y húmeda de Nueva York, en un Arthur Ashe incrédulo, se detuvo en seco la carrera de Novak Djokovic hacia el 25º Grand Slam. No fue ante un viejo rival ni en una final de cartel. Fue en primera ronda, ante Mariano Navone, número 49 del mundo, en cinco sets y cuatro horas y 36 minutos de desgaste brutal: 7-6 (7-5), 5-7, 4-6, 6-2 y 6-1.

Djokovic, 39 años, cayó en el estreno más largo de su carrera en un grande y firmó su eliminación más temprana en un major desde el Abierto de Australia de 2006. Dos datos que, por sí solos, ya hablan de terremoto. Pero el relato de la noche fue todavía más crudo.

Un cuerpo que dijo basta

El serbio llegó tocado. En Cincinnati, hace dos semanas, ya se le vio de rodillas, vomitando en la toalla tras perder ante Thiago Tirante. Entonces habló de un “problema de salud” que arrastra “desde hace muchos años” y que se dispara con el calor y la humedad.

En Flushing Meadows, sin llegar a los niveles sofocantes de Ohio, el sufrimiento fue evidente desde el arranque. Mejillas encendidas, el pelo empapado, gestos torcidos. Había arrancado 3-0 arriba en el primer set, pero el parcial se le escapó en el ‘tie-break’. Y ahí se encendieron todas las alarmas.

Pidió cerrar el techo. Buscó refugio en el aire acondicionado. Desde el box, su esposa Jelena y sus hijos apretaban los puños. En la pista, Djokovic peleaba contra dos rivales: Navone y su propio cuerpo.

No lo disfruté”, admitió después. “Creo que fue obvio que fue una sensación horrible en la pista para mí. Es algo que he estado arrastrando prácticamente en cada partido este año. Vómitos, un problema serio ahí. Luego todo mi cuerpo empezó a colapsar, básicamente calambres y dolor. La espalda se rindió al final, el hombro, y no pude cerrarlo”.

La ilusión de la remontada

Aun así, el campeón eterno se negó a irse sin dejar huella. En el segundo set, ya habiendo vomitado junto a la caja de las toallas, encontró el ‘break’ clave para ponerse 6-5 y cerrarlo al saque. Puro oficio. Puro Djokovic.

En el tercero, volvió a enfermar en pleno parcial pese al techo cerrado y el aire funcionando a tope. Aun así, aprovechó la única bola de rotura que tuvo y se colocó dos sets a uno arriba. El guion de siempre asomaba: Djokovic, al borde del abismo, encontrando una salida imposible.

Llegó incluso a romper al inicio del cuarto para adelantarse 2-1. Ahí, durante unos minutos, pareció que la historia iba a repetirse. Que el argentino acabaría siendo otra víctima más en la larga lista de partidos a cinco sets que Djokovic había volteado durante su carrera (42-12 antes de esta noche).

Pero esta vez, el cuerpo no acompañó.

Tras fallar un golpe en el cuarto set, el serbio cayó mal, soltó la raqueta y prácticamente entregó el parcial. Empezó a acalambrarse, los movimientos se volvieron pesados, casi mecánicos. El físico le abandonó de forma visible, dolorosa.

El día de Mariano Navone

Navone, 25 años, campeón este año de su primer título ATP, no se encogió. Ni se dejó intimidar por el rival, ni por el estadio, ni por el peso del nombre que tenía enfrente. Apretó, corrió, sostuvo el ritmo cuando Djokovic ya no podía sostenerse a sí mismo.

La presión terminó por romper al serbio. En el cuarto set, Navone se adueñó del marcador. En el quinto, directamente se adueñó del partido. Djokovic apenas pudo ganar un juego más en los dos últimos parciales. El argentino olió sangre y fue a por todo.

El número 49 del mundo firmó así la victoria de su vida. Cuando todo terminó, con Djokovic acumulando 70 errores no forzados y el reloj acercándose a la medianoche neoyorquina, el argentino no encontraba palabras.

Fue muy duro para mí porque estás jugando contra el ‘GOAT’ en esta pista”, confesó Navone, que creció idolatrando al serbio. “Seguro que es lo mejor que he vivido en una pista. Esta es una pista increíble y el escenario más grande. Es increíble la forma en la que jugamos, cinco sets. Estoy muy feliz. No sé… ¿qué puedo decir?”.

Un gigante ante el espejo

La derrota deja heridas profundas. Djokovic no solo se despide de la lucha por su quinto título del US Open y ese ansiado 25º grande, también saldrá del ‘top 10’ del ranking ATP por primera vez en ocho años.

Más inquietante aún es la pregunta que flotó en el Ashe cuando el serbio abandonó la pista: ¿fue este su último partido en el US Open? ¿O incluso en un Grand Slam?

No quiero quitarle mérito a su victoria. Felicidades para él. Es un buen tipo, un luchador. Pero yo no lo disfruté”, remató Djokovic, sincero, casi resignado.

La noche que debía ser un paso más hacia la eternidad se convirtió en un recordatorio brutal: incluso las leyendas, algún día, dejan de ganar. La cuestión, a partir de ahora, es si Djokovic todavía tiene fuerzas para pelear contra el tiempo… o si este US Open ha sido el primer gran aviso de que la cuenta atrás ya ha empezado.