Navone derrota a Djokovic en el US Open 2023
Novak Djokovic dejó Arthur Ashe Stadium entre lágrimas, derrotado en primera ronda del US Open por el argentino Mariano Navone, en una noche que pareció marcar algo más que una simple eliminación temprana. A los 39 años, el 24 veces campeón de Grand Slam se vio superado física y tenísticamente en un partido que lo llevó al límite y lo dejó roto, por dentro y por fuera.
Resultado Final: Djokovic 2 - 3 Navone
El serbio, cuarto cabeza de serie en Nueva York, cayó por 7-6 (7-5), 5-7, 4-6, 6-2 y 6-1 ante un rival once años menor, número 49 del mundo, que firmó la victoria más resonante de su carrera. Para Djokovic, en cambio, fue una noche de primeros golpes: nunca había perdido en la primera ronda del US Open, ni caía en el debut de un Grand Slam desde 2006.
El Set Decisivo
La escena más cruda llegó en el set decisivo. Agotado, con el cuerpo pidiendo auxilio, Djokovic tuvo que vomitar en un cubo junto a su banquillo. Minutos después, incapaz de contener la emoción, rompió a llorar. El gladiador que tantas veces había remontado lo imposible se quedaba sin respuestas.
Un Inicio Prometedor
El partido, sin embargo, había comenzado como tantas otras noches de dominio del serbio. Djokovic rompió de entrada el saque de Navone y se colocó 2-0, con la sensación de que la lógica se impondría. Pero el calor húmedo de Nueva York empezó a colarse en la historia.
En el séptimo juego, el argentino recuperó el break. Antes, un peloteo largo pareció cambiarlo todo: Djokovic terminó exhausto, con gestos claros de fatiga, como si aquel intercambio le hubiese vaciado el depósito. A partir de ahí, su servicio perdió velocidad, sus golpes de fondo perdieron mordiente.
Tras el noveno juego pidió la presencia del médico y tomó pastillas en el banquillo. La imagen era insólita: el antiguo número uno del mundo, encorvado entre puntos, la cabeza gacha, respirando con dificultad mientras el primer set se encaminaba al tie-break.
Navone, frío, concentrado, aprovechó el momento. Se adueñó del desempate y cerró la primera manga después de una hora y 13 minutos. En las gradas de Arthur Ashe cayó un silencio extraño, una mezcla de preocupación y desconcierto ante el sufrimiento del cuatro veces campeón del torneo.
El Orgullo de un Campeón
Djokovic ha construido su leyenda precisamente en noches así, cuando el cuerpo parece no dar más y, aun así, encuentra una salida. La pregunta flotaba en el estadio: ¿iba a ser otra de esas remontadas imposibles?
Las molestias no desaparecieron, pero el partido cambió de tono en el segundo set. Con el techo cerrado y la temperatura algo más benigna, Djokovic empezó a respirar mejor y a competir con más soltura. Fue el único en generar bolas de break en una manga muy pareja.
Falló oportunidades en el tercer y quinto juego, pero se aferró al set con la tenacidad de siempre. Rompió para 6-5 y confirmó el quiebre en blanco. Partido igualado. Viejas sensaciones. El puño cerrado, la mirada encendida. Por un rato, Djokovic volvió a parecer Djokovic.
En el arranque del tercer set, el serbio se mostró más expresivo, más combativo, levantando al público, apretando los dientes. Era la señal clásica de que se sentía mejor. El marcador avanzó parejo hasta el 3-3, sin fisuras al saque.
Entonces, otra vez, el cuerpo empezó a fallar. Djokovic se vio inestable de nuevo sobre las piernas, pero aun así olió la sangre cuando Navone encadenó errores con el servicio. Rompió para 5-4 y aseguró el set con su saque. Ventaja 2-1 para el serbio. En cualquier otra época, el guion parecía escrito.
La Noche en que el Guion se Rompió
Desde posiciones así, el Djokovic de sus mejores años no perdonaba. Ni siquiera mermado físicamente. Esta vez fue distinto. Esta vez, el reloj y el cuerpo pesaron más que el instinto competitivo.
El cuarto set se le escapó con rapidez. Navone, lejos de encogerse, elevó el ritmo, aprovechó cada segundo de duda del serbio y se llevó la manga por 6-2. El desgaste acumulado convertía cada cambio de lado en un suplicio para Djokovic, que caminaba hacia su silla con gesto vacío.
Lo que había sido un duelo tenso y equilibrado se transformó en una lucha desigual. El quinto set fue casi un monólogo del argentino. Djokovic, descompuesto, apenas podía sostener los intercambios largos. El 6-1 final reflejó una realidad incómoda: ya no había gasolina para otra hazaña.
Entre la Ovación y el Vacío
Al terminar, Djokovic encontró fuerzas para sonreír y felicitar a Navone en la red, reconociendo la magnitud del triunfo del argentino. Un gesto de clase en una de las derrotas más duras de su carrera reciente.
Pero la fachada aguantó poco. Mientras abandonaba la pista, el rostro se le quebró de nuevo. Aplausos de respeto desde las gradas, un campeón abatido rumbo al vestuario y una sensación difícil de esquivar: el tiempo, por fin, ha empezado a ganar los peloteos más largos.
La derrota no solo cierra su último intento de firmar en solitario un 25º título de Grand Slam. También complica aún más sus opciones de dejar atrás definitivamente la marca histórica de Margaret Court.
En Arthur Ashe, pasada ya la medianoche, el ambiente se hizo casi funerario. Nadie esperaba que Djokovic se escapara de esta trampa física. Esta vez no hubo giro final. Esta vez, el hombre que había convertido la adversidad en rutina se encontró con un límite que ni su voluntad pudo superar.




