Neal Skupski y Christian Harrison avanzan a la final del US Open
Neal Skupski está a un paso de cerrar el círculo que le falta en los Grand Slams. El británico, junto a su compañero estadounidense Christian Harrison, se metió en la final de dobles masculinos del US Open tras derribar a los primeros cabezas de serie, Henry Patten y Harri Heliovaara, con autoridad: 7-6 (7-4), 6-2 en 1 hora y 23 minutos.
El partido se decidió en dos actos muy distintos. El primero, tenso, apretado, casi de ajedrez. El segundo, una exhibición de control y de oficio de la pareja Skupski-Harrison.
En la primera manga, Patten y Heliovaara intentaron imponer su condición de favoritos, pero se toparon con una muralla en la red y un servicio sólido del dúo anglo-estadounidense. El tie-break marcó el punto de inflexión: Skupski y Harrison se adueñaron de los intercambios cortos, atacaron con decisión y se llevaron el desempate por 7-4. Desde ahí, el marcador dejó de estar en discusión.
Con el golpe anímico a favor, el segundo set se inclinó rápido. El saque de Harrison abrió huecos, Skupski manejó los ángulos en la volea y la presión acabó por derrumbar a Patten y Heliovaara. El 6-2 final reflejó la superioridad de unos jugadores que, en este US Open, todavía no han perdido un solo set.
A sus 36 años, el jugador nacido en Liverpool persigue su quinto título de Grand Slam y el tercero en dobles masculinos. Ya sabe lo que es coronarse en Wimbledon 2023 junto a Wesley Koolhof y en el Abierto de Australia de este año con el propio Harrison. Ahora, tiene a tiro su primer trofeo en Flushing Meadows, el único gran escenario que se le resiste en esta modalidad.
La historia reciente añade un matiz emocional. El año pasado, Skupski y Joe Salisbury dejaron escapar tres puntos de campeonato en la final del US Open. Aquella herida todavía escuece. Esta vez, el británico regresa al último partido con otro compañero, otra dinámica y la sensación de estar mejor armado para el asalto definitivo.
Tras el triunfo, Skupski subrayó el peso del reto y el nivel del rival, sin salirse del guion competitivo que lo ha traído hasta aquí. Recordó que ya se habían cruzado varias veces este año con Patten y Heliovaara y que, en esos duelos, la balanza no siempre se inclinó a su favor. En Nueva York, en cambio, sí “lo trajeron” todo a la pista, conscientes de que necesitaban rozar la perfección para superar a los primeros cabezas de serie.
El discurso del británico también destiló hambre. Habló del trabajo que los ha llevado hasta esta final, del impulso que les dio el título en el Abierto de Australia y de la memoria reciente de lo que significa ganar un Grand Slam. Ese recuerdo, dijo, es el motor que los empuja a “dejarlo todo” en la final del sábado.
Skupski y Harrison llegan al último escalón invictos en sets, con confianza y con un objetivo claro: convertir esta oportunidad en Nueva York en algo más que una revancha personal. Convertirla en la pieza que falta en la colección de un doblista que se ha acostumbrado a vivir donde el margen de error es mínimo: las finales de los grandes.




