Novak Djokovic cae en un debut histórico en el US Open
Durante cuatro horas y 36 minutos, Novak Djokovic peleó contra todo: contra su cuerpo, contra su cabeza y contra un rival que no se encogió ni un segundo ante el jugador más laureado de la historia del tenis. Al final, perdió las tres batallas.
A los 39 años, el serbio quedó fuera del US Open en primera ronda, derrotado por el argentino Mariano Navone por 7-6 (5), 5-7, 4-6, 6-2 y 6-1, en un maratón nocturno que se estiró hasta rozar la medianoche neoyorquina. Fue el partido inaugural de Grand Slam más largo de su carrera… y su salida más temprana en uno desde el Abierto de Australia 2006. Nunca había perdido en el debut del US Open. Hasta hoy.
Veintiún años exactos después de su estreno en este torneo, la pregunta se impone sola: ¿fue este el último partido de Djokovic en Flushing Meadows? ¿O incluso en un grande?
Un cuerpo que dice basta
Los números cuentan parte de la historia: 70 errores no forzados, un registro impropio de un campeón de 24 títulos de Grand Slam. El resto se vio en la pista Arthur Ashe: Djokovic vomitando al menos una vez, gestos de calambres mientras se tomaba el pie izquierdo, un médico acercándole pastillas, masaje en la zona lumbar durante el tiempo médico entre el cuarto y el quinto set, muecas de dolor después de golpes que antes ejecutaba casi en automático.
Desde el inicio se adivinaba que no era el Djokovic de siempre. Y, sin embargo, arrancó como tantas otras noches en Nueva York: mandando. Se escapó 3-0 y luego 4-1 en el primer set. Parecía el guion habitual, el favorito marcando territorio. Pero el físico no acompañó, la precisión se evaporó y el set se le escurrió entre errores, algo que no le ocurría en una primera ronda del US Open desde 2006.
En la grada, su esposa Jelena seguía el partido con gesto preocupado. Abajo, su marido alternaba destellos del genio de siempre con fases de impotencia. Cuando se llevó el segundo set, el puño cerrado reapareció, casi como un acto reflejo de supervivencia competitiva. En el tercero, se llevó la mano a la oreja y pidió ruido, buscó energía en el público, trató de encender una noche que se le estaba poniendo cuesta arriba.
Por momentos lo logró. Pero al otro lado de la red había alguien que no estaba dispuesto a desaparecer.
El gran día de Navone
Mariano Navone, 25 años, argentino, ganador este año de su primer título ATP, no vino a la Arthur Ashe a hacer de figurante. Creció admirando a Djokovic, lo idolatraba. Y aun así, cuando le tocó enfrentarlo en el escenario más grande del tenis, jugó como si llevara toda la vida allí.
“Fue muy duro para mí porque estás jugando con el ‘GOAT’ en esta pista”, confesó después, todavía con la adrenalina a flor de piel. “Seguro que es lo mejor que he vivido en una pista. Esta es una pista increíble y el escenario más grande. Es increíble la forma en que jugamos, cinco sets… Estoy muy feliz. No sé, ¿qué puedo decir?”.
Navone aguantó los arreones del serbio, no se dejó intimidar por los gestos, ni por el ambiente, ni por la historia. Cuando Djokovic se llevó el tercer set y parecía que la inercia cambiaba de lado, el argentino se plantó. No bajó el brazo, no se escondió.
El cuarto set marcó la ruptura definitiva. Djokovic, cada vez más lastrado, falló un golpe ancho, cayó mal, soltó la raqueta y el lenguaje corporal lo delató: casi entregó esa manga. El desgaste físico y mental era evidente. El quinto ya fue territorio de Navone, que no soltó la presa hasta cerrar el mayor triunfo de su carrera. Primer partido a cinco sets para él. Primera victoria.
“Es increíble”, dijo. “Esto significa mucho. Es un sueño hecho realidad”.
Un gigante ante el espejo
Para Djokovic, la noche se convierte en otro capítulo de una racha inquietante. Ya había caído en primera ronda en el torneo de Cincinnati, su único test en pista dura antes del US Open, en su regreso tras la derrota ante Jannik Sinner en las semifinales de Wimbledon.
El sábado, el serbio había intentado ver el lado positivo de aquella eliminación temprana, convencido de que le había dado tiempo extra para preparar Nueva York. Al mismo tiempo, admitía que los primeros partidos de cada torneo se le estaban haciendo cada vez más complicados en los últimos años.
Esta vez no hubo remontada épica. No hubo giro de guion. La montaña fue demasiado alta.
Djokovic se marcha del US Open antes de tiempo, con el cuerpo castigado, la estadística manchada y el futuro inmediato bajo un foco más intenso que nunca. Navone se lleva la victoria, la noche y el sueño cumplido.
Lo que queda en el aire es otra cosa: si el público de la Arthur Ashe acaba de despedir a un mito… sin saberlo.




