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Qinwen Zheng derriba a Iga Swiatek en el US Open

En Arthur Ashe Stadium, con las luces altas y la presión todavía más, Qinwen Zheng volvió a desafiar la lógica. De nuevo 0-5 abajo en un set. De nuevo sin margen. Y otra vez victoria. Esta vez, nada menos que ante Iga Swiatek, seis veces campeona de Grand Slam, para meterse en los cuartos de final del US Open.

La china, ex campeona olímpica y hoy número 121 del mundo tras un año destrozado por una lesión de codo, se está construyendo un torneo de leyenda. Llegó por la puerta de servicio, desde la fase previa. Ahora camina por el cuadro principal como si siempre hubiera pertenecido al centro de la escena.

De la clasificación al derribo de una campeona

Zheng tuvo que pasar por la qualy para entrar al cuadro. Meses fuera del circuito, ranking desplomado, dudas sobre el físico. Todo eso quedó enterrado en Nueva York.

Ya en tercera ronda dejó una primera señal de que algo especial estaba pasando. Frente a Madison Keys, campeona del Australian Open en el pasado y cabeza de serie número 22, se vio 0-5 abajo en el tercer set y con bola de partido en contra. Parecía acabada. Encadenó siete juegos seguidos y se llevó el encuentro 1-6, 7-6 (7-3), 7-5. Una remontada de las que dejan huella en un cuadro.

Dos días después, la historia se repitió, pero con un escenario aún más grande y una rival de otra dimensión competitiva. Swiatek, antigua campeona del US Open y octava cabeza de serie, salió mandando, barriendo, abriendo pista, castigando cada segundo servicio. En un suspiro, 0-5.

Entonces, el partido cambió de temperatura.

Zheng empezó a encontrar ritmo desde el fondo, a sostener los intercambios largos, a golpear con más convicción. Punto a punto, como ella misma explicó después, sin mirar más allá. Encadenó siete juegos seguidos, le dio la vuelta al set y lo cerró 7-5. El Ashe, incrédulo, empezó a ponerse de su lado.

En la segunda manga no hubo avalancha, pero sí control. Zheng aprovechó la única oportunidad de rotura que se presentó, protegió su servicio con frialdad y cerró el duelo por 7-5, 6-3, sellando su tercer acceso a los cuartos de final del US Open. Siete victorias consecutivas en Nueva York. Desde la previa hasta la élite.

Al convertir su cuarto punto de partido, se dejó caer de espaldas sobre la pista. Catarsis pura.

“Empecé el partido no tan bien”, reconoció después en la entrevista a pie de pista. “Poco a poco encontré mi ritmo en la pista central, porque ha pasado mucho, mucho tiempo. Solo aprecio de verdad estar aquí en el Ashe Stadium”. Contó que llegó a olvidarse del marcador en el primer set, cuando iba 4-5. “Eso muestra lo concentrada que estaba. Volver de 0-5 ayer no es suerte, es todo lo que puedo decir”.

También subrayó lo que significa este triunfo en su trayectoria reciente: “Estoy muy feliz de ganar este partido porque no es fácil y ha pasado bastante tiempo desde que vencí a una jugadora del top 10. Aprecio muchísimo esta victoria y quiero dar las gracias a todos los aficionados que vinieron a apoyarme hoy”.

Swiatek, otra salida dolorosa

Para Swiatek, la derrota abre una herida conocida. La polaca, que ya sabe lo que es levantar Wimbledon, abandonó Arthur Ashe Stadium entre lágrimas. Su tenis se fue deshilachando a medida que crecía la confianza de Zheng. Acabó con 28 errores no forzados, una cifra demasiado alta para su estándar competitivo.

Sus últimas cinco eliminaciones en Grand Slams, desde que conquistó Wimbledon en 2025, han llegado en dos sets. Un patrón inquietante para una campeona acostumbrada a imponer su ley en las grandes citas.

Esta vez, ni la ventaja inicial ni la experiencia bastaron. La inercia del partido cambió con violencia y Swiatek no encontró la forma de frenar la caída.

Un cuadro que se agita y otra remontada de impacto

Zheng espera ahora en cuartos a la ganadora del duelo entre la segunda cabeza de serie, Elena Rybakina, y Naomi Osaka, campeona del US Open en dos ocasiones. Sea cual sea el cruce, el relato está claro: nadie querrá enfrentarse a una jugadora capaz de remontar dos 0-5 en dos partidos consecutivos.

Antes, la jornada ya había vivido otra remontada de peso. Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, también se levantó de un inicio adverso para derrotar a Anastasia Potapova por 5-7, 6-4, 6-3 y alcanzar por primera vez los cuartos de final en Flushing Meadows.

Potapova, que representa a Austria y tiene 25 años, se llevó el primer set y mantuvo el pulso hasta el tramo final. Con 5-3 abajo en el tercero, persiguió una derecha imposible y se torció de forma aparatosa la rodilla. El silencio fue inmediato. Volvió con un vendaje pesado, decidida a terminar el encuentro, pero ya no pudo sumar ni un solo punto más.

Andreeva, adolescente rusa de carácter fuerte en pista, se quebró al hablar de su amiga: “Anastasia es una buena amiga, y ver la batalla que tuvimos y luego verla caer no es fácil. No es la forma en la que quieres terminar un partido. Solo le dije que está jugando increíble y que estoy segura de que volverá aún más fuerte, es una guerrera”.

Mientras Potapova abandona Nueva York entre lágrimas y aplausos, Zheng y Andreeva se abren paso en un torneo que se ha convertido en territorio de remontadas. La pregunta ya no es si Qinwen Zheng puede seguir derribando gigantes. Es cuántos más va a tumbar antes de que alguien consiga frenar esta racha descomunal.