Serena y Venus Williams regresan al US Open: un legado en dobles
Hace cuatro años, Serena Williams escribió en una emotiva columna en Vogue que estaba “evolucionando lejos del tenis”. Rechazó la palabra “retiro”. No quería un punto final, solo un cambio de capítulo. El motivo era tan sencillo como contundente: su hija Olympia quería ser hermana mayor y Serena sabía que no podía seguir compitiendo al máximo nivel y, al mismo tiempo, ampliar la familia. Algo tenía que ceder.
Olympia ya tiene a su hermanita. Y, por lo visto, también tiene voz en la planificación deportiva de su madre. Porque ahora ha pedido otra cosa: ver a “Mamá” jugar dobles en el US Open con la “Tía VeVe”. Y Serena ha dicho que sí.
En una entrevista en el programa Good Morning America, Serena contó la escena con la naturalidad de quien sigue acostumbrada a los grandes escenarios, pero ahora responde a un público mucho más exigente: una niña de 9 años.
“Necesitas jugar con la tía VeVe”, le dijo Olympia, con calma, sin adornos.
Serena explicó que su hija se parece a su propia madre: habla poco, pero cuando lo hace, se la escucha. Esta vez, esas pocas palabras bastaron para reactivar una de las parejas más icónicas de la historia del tenis.
El viernes por la noche, Serena y Venus volverán a pisar juntas la pista central del US Open, en Arthur Ashe Stadium, para disputar un partido de dobles por primera vez en cuatro años. Un regreso que suena a nostalgia, pero también a desafío.
Venus, que terminó su partido de individuales a las dos de la madrugada esta misma semana, no disimuló su entusiasmo: está “súper emocionada” por volver a compartir lado de la red con su hermana menor. No es solo una cuestión de recuerdos. Es una cuestión de identidad: juntas han marcado una era.
El escenario no puede ser más simbólico. En Flushing Meadows, Serena levantó seis títulos de individuales. Venus, dos, uno de ellos frente a Serena. Al año siguiente, la menor le devolvió el golpe en la final. Aquel triunfo de Venus en 2001 ocurrió hace ya un cuarto de siglo. Pensarlo así estremece: 25 años después, con 44 y 46 años, siguen encontrando la manera de estar en el centro de la escena.
En las gradas, la mezcla de emoción y realismo es evidente. Nonie Green, aficionada de Arlington, Virginia, lo resumía mientras esperaba bajo la lluvia entre partidos: está feliz de verlas de nuevo, aunque el tiempo no perdone. “Father Time es invencible. Pero estoy contenta por ellas, incluso si no ganan”, dijo. La frase suena a sentencia, pero también a homenaje.
Como pareja de dobles, el palmarés habla por sí solo: 14 títulos de Grand Slam, dos de ellos en el US Open, en 1999 y 2009. La última vez que jugaron juntas en Nueva York fue en 2022, cuando cayeron en primera ronda, poco después de que Serena hiciera pública su decisión de alejarse del circuito en aquella columna de Vogue. Este año se quedaron sin Wimbledon por una lesión de rodilla de Serena, pero ya reaparecieron en Cincinnati el mes pasado para ajustar sensaciones.
Ahora, el torneo las coloca en el escaparate que merecen: sesión nocturna en Arthur Ashe Stadium, ambiente de espectáculo total, cócteles en la grada, DJ y ese murmullo eléctrico que solo se escucha en Nueva York cuando cae la noche y el tenis se mezcla con el show.
Enfrente estarán Maya Joint, de Australia, y Chan Hao-Ching, de Taiwán. Joint fue precisamente quien derrotó a Serena en su reciente duelo de individuales en Wimbledon. Hay una narrativa evidente ahí, un pequeño giro del destino. Pero para muchos, el marcador será casi anecdótico. Lo importante es verlas de nuevo bajo los focos, compartiendo pista, nombre y legado.
Nonie Green reconoce que, a su edad, ella preferiría estar comentando o mirando desde el sofá. Tiene 58 años y es consciente de lo que significa seguir compitiendo cuando el calendario ya no perdona. Pero se le iluminan los ojos al recordar lo feliz que vio a Serena jugando dobles mixtos con Carlos Alcaraz al inicio del torneo. No se trataba de ritmo, ni de ranking. Se trataba de alegría.
Para Green, hay algo todavía más grande en juego. “Son buenas para las mujeres, y son buenas para las mujeres negras”, subraya. Recuerda una frase de un antiguo pastor: “Ni siquiera el cielo es el límite. Puedes ir más allá”. Ese mensaje, que durante años encarnaron Serena y Venus en cada final, en cada título, ahora se traslada a una nueva audiencia: las hijas de Serena.
Cuatro años después de dar un paso al costado, Serena no vuelve por nostalgia. Vuelve para enseñar. En Good Morning America dejó claro que este regreso en dobles no es un gesto aislado: probablemente pronto volverá también en individuales. No para reescribir su currículum, sino para mostrarle algo a sus niñas.
“Solo quiero que mis hijas me vean jugar a otra edad”, explicó. Quiere que vean el esfuerzo, la disciplina, las horas invisibles. Que entiendan que la edad marca el calendario, pero no la ambición. “Espero mostrarles que todo es posible. Puedes hacer cualquier cosa a cualquier edad si trabajas duro y pones esfuerzo y dedicación”.
El viernes por la noche, dos niñas mirarán a la pista y verán a su madre y a su tía ocupando el centro del escenario una vez más. El resto del mundo verá a dos leyendas desafiando al tiempo. Ellas, quizá, estén viendo algo distinto: el punto de partida de su propia historia.




