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Serena y Venus Williams: Nostalgia y Drama en el US Open

Ni era una final ni un duelo de individuales. Era primera ronda de dobles. Pero en el Arthur Ashe Stadium, el foco volvió a ser el de siempre: Serena y Venus Williams, otra vez el gran espectáculo del US Open.

Hasta Carlos Alcaraz se organizó la noche en torno a ellas. Tras ganar su partido, el vigente campeón confesó que su plan perfecto era recibir tratamiento físico mientras veía el dobles de las hermanas. El resto del torneo pensaba igual: cuando juegan las Williams, todo lo demás se detiene.

Y el partido respondió al cartel. Fue un thriller. Un regreso cargado de historia, emoción y, al final, de una crueldad deportiva difícil de digerir.

Un 5-0 que duele más que la derrota

Serena y Venus cayeron 6-3, 6-7 (6), 7-6 (10-7) ante Hao-Ching Chan y Maya Joint, en un superdesempate que lo tuvo todo. Las estadounidenses levantaron al estadio con una reacción épica, pero terminaron viendo cómo se les escapaba un 5-0 en el match tiebreak.

La noche había empezado torcida. Perdieron el primer set y en el tercero llegaron a ir 4-1 abajo. Entonces apareció la versión que todos habían ido a buscar: las campeonas múltiples de Grand Slam, las jugadoras que durante años intimidaron a medio circuito. Remontaron hasta el 4-4, encendieron al Ashe y se metieron en el superdesempate con la inercia de quien parece dispuesto a doblar el tiempo.

El impulso se transformó en dominio: 5-0 en el tiebreak a 10 puntos. El estadio rugía, la historia parecía alinearse con ellas. Pero el tenis no entiende de guiones románticos. A partir de ahí, todo se torció.

Errores, dudas, tensión. Y algo más difícil de medir: el peso de los años, de la inactividad, de la expectativa. Serena, con 44 años y de regreso esta temporada tras una larga ausencia. Venus, a los 46, resistiendo en el circuito cuando casi todas sus contemporáneas ya han colgado la raqueta. Las dos, doble falta en el momento más delicado del desempate, después de haber jugado a un nivel altísimo en la recta final del tercer set.

Chan y Joint, sólidas y valientes, aprovecharon cada resquicio. Del 0-5 al 10-7. Silencio incrédulo, luego una ovación larga, de respeto, casi de despedida, aunque nadie se atreviera a pronunciar esa palabra.

La USTA comunicó que las hermanas no estarían disponibles para hacer declaraciones. El ruido, esta vez, quedó en manos del público.

Un regreso aplazado y una vieja conocida

Para Serena, el golpe tiene doble filo. Es la segunda derrota del verano ante Maya Joint. Ya había caído ante la australiana en Wimbledon, en tres sets, en su regreso a la competición individual. Después, un problema en la rodilla obligó a las hermanas a retirarse de su partido de dobles en ese mismo torneo, retrasando el esperado regreso conjunto a un Grand Slam hasta Nueva York.

Aquí, donde levantaron el trofeo en 1999 y 2009, donde suman ahora un balance de 27 victorias y 8 derrotas en 10 participaciones como pareja, el escenario parecía perfecto para una nueva página de leyenda. Lo que quedó fue una noche que se recordará por la emoción y por la sensación de oportunidad perdida.

En dobles, las Williams fueron una fuerza casi imparable: 14 títulos de Grand Slam, oros olímpicos en 2000, 2008 y 2012, y un número 1 compartido en el ranking de dobles durante ocho semanas. Por eso, cuando en 2022 perdieron en primera ronda en este mismo torneo, muchos pensaron que aquella era la última función conjunta.

Serena se despidió entonces del circuito tras acumular 23 grandes en individuales. Parecía el final de la historia. Pero este verano decidió volver. El destino le ha devuelto, por ahora, dos derrotas dolorosas al lado de su hermana: una en el Cincinnati Open, también en match tiebreak, y esta noche en el Ashe, con un 5-0 que pesará durante un tiempo.

Venus tampoco encontró consuelo en individuales: se marchó en primera ronda. La imagen de las dos hermanas, todavía compitiendo en la pista central del US Open más de dos décadas después de su irrupción, emociona. El marcador, esta vez, no acompañó.

Un turno nocturno reservado para las leyendas

Que este partido se jugara en la sesión nocturna del Arthur Ashe Stadium lo dice todo. Primera ronda de dobles, sí. Pero con Serena y Venus, las reglas cambian. Es un privilegio que casi ningún equipo de dobles disfruta en este torneo. Para las Williams, es casi territorio propio.

Había aire de homenaje, pero también de expectativa real. La forma en que lucharon, la remontada en el tercer set, la electricidad en las gradas… nada olía a exhibición. Competían de verdad. Por eso el desenlace dejó un sabor tan amargo.

Alcaraz y Sabalenka cumplen, con matices

Mientras las Williams acaparaban la noche, el torneo siguió su curso con los grandes favoritos avanzando, aunque no todos con la misma comodidad.

Carlos Alcaraz regresó a los octavos de final con autoridad. El dos veces campeón del US Open se impuso a Wu Yibing por 6-3, 6-4, 6-1, en un partido que confirmó que su muñeca derecha, tras cuatro meses de baja, responde mejor de lo esperado. Lo dijo él mismo después: se siente “mejor de lo que pensaba”. Su siguiente reto será el cabeza de serie número 20, Tommy Paul, que necesitó cinco sets para eliminar al número 15, Alexander Bublik.

Aryna Sabalenka, por su parte, tuvo una noche más movida. La número 1 del cuadro femenino venció a Kamilla Rakhimova por 6-3, 6-4, pero esta vez no fue un paseo. El segundo set duró 54 minutos, uno más que todo su partido anterior, y la bielorrusa tuvo que lidiar no solo con la resistencia de su rival, sino también con el olor a marihuana que llegaba desde las gradas, un detalle que no pasó desapercibido.

Sabalenka persigue un hito mayúsculo: convertirse en la primera jugadora que gana tres US Open consecutivos desde Serena Williams, que encadenó títulos entre 2012 y 2014. En octavos la espera Taylor Townsend, un examen diferente, con otro tipo de presión.

La noche, sin embargo, perteneció a las hermanas que cambiaron la historia del tenis. El resultado dirá que Serena y Venus perdieron en primera ronda. Lo que no contará es cómo, a los 44 y 46 años, todavía son capaces de convertir un partido de dobles en un acontecimiento que detiene el torneo y obliga a todos, incluso a los campeones actuales, a mirar. La pregunta es cuánto tiempo más querrán —o podrán— seguir escribiendo capítulos como este.