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Serena Williams y su posible regreso al tenis individual

Serena Williams, a medio camino entre la leyenda y el desafío personal, no ha cerrado el capítulo del tenis individual. Ni mucho menos. A sus 44 años, después de cuatro temporadas fuera del circuito, la ganadora de 23 títulos de Grand Slam admite que “probablemente” volverá a jugar en singles. Y lo dice con la convicción de quien aún siente que le queda algo por demostrar.

No al mundo. A sus hijas.

En una entrevista en el programa “Good Morning America”, Serena explicó que su regreso a las pistas tiene una motivación íntima: mostrarle a Olympia y Adira que “todo es posible”. No se trata solo de puntos, rondas o trofeos. Se trata de legado. De que ellas vean a su madre volver a competir cuando muchos ya la situaban lejos de la élite.

Su retorno oficial se produjo en dobles a comienzos de año. Después llegó el gran escenario: Wimbledon. Allí disputó su primer partido de individuales tras la larga ausencia, una batalla a tres sets ante la joven de 20 años Maya Joint. Aquella tarde dejó destellos de su clase, pero también una factura física.

“Me lesioné en Wimbledon. Y simplemente no tuve tiempo de recuperarme, por desgracia”, reconoció Serena en la conversación con Malika Andrews.

Su decisión posterior fue tan competitiva como responsable. “No quería quitarle oportunidades a nadie en términos de recibir una wild card si yo no era capaz de competir al nivel que sé que puedo”, explicó.

La frase revela mucho de la Serena actual: sigue siendo ferozmente exigente consigo misma, pero también consciente del espacio que ocupa y de lo que significa para las nuevas generaciones. No quiere vivir de invitaciones simbólicas. Si entra en un cuadro, es para competir de verdad.

Y, según sus propias palabras, ese momento volverá. “Probablemente jugaré otra vez. Tengo que hacerlo”, aseguró. Luego dejó escapar una pista que sonó casi a promesa: “Después de algunos de esos restos, creo que necesito jugar al menos una vez más”. Hay orgullo en esa frase. Y una chispa competitiva que no se ha apagado.

Mientras el mundo del tenis espera esa posible nueva aparición en individuales, Serena ya ha ido calentando la escena en Nueva York. En este US Open se apuntó al renovado cuadro de dobles mixtos, nada menos que al lado de Carlos Alcaraz, a petición del español. La pareja generó una expectación enorme, mezclando generaciones, estilos y eras del tenis en un mismo lado de la red.

Ganaron su primer partido, alimentando la ilusión de un recorrido largo en el torneo, pero se despidieron en cuartos de final ante Belinda Bencic y Flavio Cobolli. Un experimento breve, sí, pero cargado de simbolismo: la gran campeona de siempre asociada al gran aspirante del presente.

El capítulo más emotivo, sin embargo, aún está por escribirse en Nueva York. Serena tiene asuntos pendientes en dobles femeninos junto a su hermana Venus. Después de caer en su primer partido juntas desde 2022, en Cincinnati a comienzos de mes, las hermanas recibieron una wild card para disputar el US Open. Una invitación que suena más a homenaje activo que a despedida.

Su debut en el cuadro de dobles llegará esta misma semana. Será otra oportunidad para ver a dos iconos compartiendo pista, quizá por última vez en Flushing Meadows, quizá como antesala de algo más grande si el físico de Serena responde y el deseo de competir en singles se convierte en decisión firme.

Porque mientras ella siga diciendo “tengo que jugar otra vez”, la puerta del regreso individual no estará cerrada. Y en el tenis, cuando Serena Williams deja una puerta entreabierta, la historia suele encontrar la forma de cruzarla.