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Siniakova y Townsend logran un Grand Slam histórico en dobles

En la pista, el gesto lo decía todo. Katerina Siniakova levantó los brazos, Taylor Townsend se dejó caer hacia atrás y el Arthur Ashe entendió al instante que no era solo otro título de dobles del US Open. Era historia.

Las primeras cabezas de serie remontaron un inicio turbulento para imponerse a las invitadas estadounidenses Ashlyn Krueger y Robin Montgomery por 5-7, 6-0 y 6-2 en Flushing Meadows, y completaron así el Grand Slam de carrera como pareja: Australian Open 2025, Roland Garros 2025, Wimbledon 2024 y ahora el US Open. Cuatro grandes, cuatro coronas distintas, el círculo cerrado.

Del derrumbe al dominio

Hasta la final, Siniakova y Townsend habían paseado por el cuadro sin ceder un solo set. Solidez, química y un tenis de dobles afilado. Pero la primera sacudida llegó en el momento más inoportuno.

Con 5-6 en el primer set, Siniakova se bloqueó al servicio. Tres dobles faltas en el juego definitivo y el parcial se les escapó entre las manos. Un regalo para Krueger y Montgomery, que habían salido sin complejos y se encontraron de repente con ventaja en una final de Grand Slam.

La reacción fue brutal.

En el segundo set, la pareja número uno subió una marcha y luego otra. Empezaron a leer cada resto, a cerrar la red con una agresividad casi quirúrgica y a castigar cualquier duda de las estadounidenses. Tras el primer juego, ganaron 23 de los siguientes 27 puntos. Un 6-0 que sonó a corrección inmediata, a recordatorio de jerarquía.

El impulso ya no cambió de lado.

En el tercero, Siniakova y Townsend rompieron pronto, consolidaron para 3-1 y, desde ahí, manejaron el marcador con autoridad. Sin precipitarse, pero sin aflojar. Cada servicio de Townsend les daba oxígeno; cada volea de Siniakova, metros de ventaja hacia el título. El 6-2 final reflejó el vuelco del partido: de la fragilidad inicial al control total.

La dimensión de Siniakova

Para Katerina Siniakova, este trofeo tiene un peso especial incluso dentro de una vitrina ya abarrotada. Es su 12º título de Grand Slam en dobles en la era Open, un club al que solo pertenecen ocho mujeres.

Pero hay algo más: se convierte en la primera jugadora en completar el Grand Slam de carrera en dobles con dos parejas distintas. Ya lo había logrado junto a su compatriota Barbora Krejcikova. Ahora lo repite con Townsend. Dos ciclos, dos sociedades ganadoras, una misma constante: Siniakova como eje.

Si termina la temporada como número uno del mundo en dobles, será la sexta vez que cierre el año en lo más alto. Superaría así a Martina Navratilova en finales de año como líder del ranking WTA. No es solo una cuestión de títulos; es de permanencia en la cima.

La consagración de Townsend en casa

Para Taylor Townsend, el triunfo tiene otro matiz: reparación. El año pasado se quedó a un paso del título del US Open, también junto a Siniakova, al caer en la final ante Gabriela Dabrowski y Erin Routliffe. Esta vez, en la misma ciudad y en el mismo escenario, la historia se escribió de forma distinta.

Con 30 años, Townsend por fin levanta el trofeo de dobles en su Grand Slam de casa. Lo hace ante dos compatriotas, bajo la mirada de un público que la ha visto crecer, reinventarse y regresar. No es solo un título; es una validación de su apuesta por el dobles de élite.

Una dupla para la historia… y para el futuro

Siniakova y Townsend han cerrado el círculo del Grand Slam en tiempo récord como pareja, sin dejar dudas en el camino. Cuando encontraron problemas, respondieron con un parcial de 12-2 en sets tras perder aquel primero en la final. Cuando el brazo tembló, el tenis sostuvo.

La pregunta ya no es si son la referencia actual del dobles femenino. La cuestión es cuántos grandes más pueden añadir a esta racha antes de que alguien consiga frenar a una sociedad que, hoy por hoy, juega como si el techo aún estuviera un poco más arriba.