Tenis británico: señales de vida tras el US Open
Por cuarta vez en los últimos cinco Grand Slams, el tenis británico se queda sin representación en la segunda semana. Ni un solo jugador o jugadora en la fase decisiva del US Open. El dato golpea, sobre todo en un país con tradición, recursos y un Grand Slam propio. Pero esta vez el ambiente no es de catástrofe, sino de diagnóstico.
En Nueva York, todos los británicos cayeron antes de la tercera ronda. Nada nuevo en 2024: el patrón ya se vio en el Australian Open, Roland Garros y Wimbledon, lo que desató debates, reuniones y autocríticas. Aun así, el discurso interno ha cambiado de tono.
Francesca Jones, número tres británica, lo resumió con crudeza y calma a la vez: “¿Creo que podría haber una investigación? Siempre pienso que hay cosas que el tenis británico podría hacer mejor. Así que sí, definitivamente”. Y acto seguido bajó el volumen del drama: “¿Creo que es algo preocupante? No, en absoluto. El nivel está mejorando y todo el mundo es peligroso en su día.”
La temporada de Grand Slam en individuales ya es historia para los británicos. Lo que queda ahora es analizar qué hay detrás de los resultados… y de los pequeños brotes verdes.
El faro de Wimbledon: Arthur Fery
Entre tantas salidas prematuras, un nombre brilla con fuerza: Arthur Fery. Su carrera hasta las semifinales de Wimbledon es, sin discusión, el gran hito británico del año en los majors.
Con 24 años, fuera del top 100 (era 114 del mundo) y necesitado de una invitación para entrar en el cuadro del All England Club, Fery no aparecía en ninguna quiniela. Terminó convirtiéndose en el único británico en alcanzar la segunda semana de un Grand Slam en toda la temporada. Ni Cameron Norrie, ni Emma Raducanu, ni nadie más: solo él.
Dentro de la LTA, su éxito se vende como prueba de que la ruta de desarrollo de talento está empezando a dar frutos. No es solo el resultado en sí, sino el perfil: jugador formado desde joven en el sistema federativo, que irrumpe en la élite a base de consistencia y confianza.
Más presencia en los cuadros, menos en los momentos grandes
Hay otro dato que la LTA exhibe con orgullo: nueve británicos en el cuadro principal de individuales del US Open, la cifra más alta desde 1981. Y eso sin contar a Emma Raducanu ni a Jack Draper, ambos ausentes por lesiones de larga duración.
Scott Lloyd, director ejecutivo de la LTA, lo ve como una base sobre la que construir: “Obviamente queremos más y más competidores en la segunda semana de los Slams, igual que el público británico. Pero el hecho de que hayamos tenido cuatro jugadores británicos distintos en semifinales de Grand Slam desde 2021 –para encontrar otros cuatro antes de Andy Murray hay que retroceder 30 años– demuestra que la dirección del viaje ha mejorado. Tenemos que seguir empujando para más, y en eso trabajamos día tras día.”
Tras el US Open, cinco británicos se instalarán en el top 100 masculino: Arthur Fery, Cameron Norrie, Jan Choinski, Toby Samuel y Jacob Fearnley. Es la cifra más alta desde febrero de 2024.
En el cuadro femenino, los números son más modestos: solo Katie Boulter y Emma Raducanu estarán en el top 100, aunque Francesca Jones y Harriet Dart se han acercado de nuevo a esa zona tras alcanzar la segunda ronda en Flushing Meadows.
Michael Bourne, director de rendimiento de la LTA, se agarra a la productividad reciente: “Hemos enviado a 12 jugadores al top 100 mundial en los últimos ocho años y cuatro de ellos han jugado semifinales de Grand Slam. No estoy seguro de que haya otro periodo en la era moderna con ese nivel de productividad. Ojalá el número en el top 100 aumente durante el próximo año.”
Un gigante con menos pegada que sus rivales
Los números invitan al optimismo interno, pero la comparación internacional es menos amable. Para muchos analistas, Gran Bretaña sigue rindiendo por debajo de lo que cabría esperar de una nación con un Grand Slam, una enorme tradición y una capacidad de inversión muy superior a la media.
El contexto tampoco ha ayudado. La última temporada ha estado marcada por un reguero de lesiones. Jack Draper, ex número cuatro del mundo, apenas ha podido competir por un problema en el brazo. Sonay Kartal, que el año pasado irrumpió en el top 50, ha caído fuera del top 100 tras una larga lesión de espalda.
En el ranking, Gran Bretaña aparece por detrás de otros países que también se benefician de los ingresos de un major, como Estados Unidos, Australia y Francia. Y también queda a la zaga de potencias de producción de talento como España, Italia, República Checa o Argentina.
Bourne, no obstante, rechaza la idea de copiar modelos ajenos: cada país, dice, tiene su propio “ecosistema tenístico”. Lloyd lo desarrolla desde otra perspectiva: “Competimos en uno de los deportes más elitistas e internacionales que existen y el panorama es muy distinto al de hace 40 o 50 años en cuanto al número de países con representación en la élite. Somos ambiciosos, queremos más, pero creemos sinceramente que los indicadores son positivos. Nos movemos en la dirección correcta y estamos más fuertes que en otros momentos de nuestra historia.”
La base: niños, raquetas… y facturas
El futuro pasa por algo tan simple y tan complejo como esto: más niños con una raqueta en la mano. Draper, Raducanu y Fery, todos integrados en el sistema de la LTA desde muy jóvenes, son el modelo que se quiere replicar.
Las cifras de participación juvenil son históricas. Según Lloyd, 4,3 millones de menores juegan al tenis al menos una vez al año en el Reino Unido, y 1,9 millones lo hacen cada mes. Nunca se había visto algo así.
Ahí aparece el gran “pero”: la calidad de la formación. Dentro del propio organismo se admite que falta masa crítica de entrenadores de alto nivel. Bourne lo formula sin rodeos: el país necesita una “base más amplia” de técnicos, y una de las prioridades estratégicas de la LTA pasa por invertir tiempo y recursos en su desarrollo.
Desde la pista, la realidad se ve aún más cruda. Chris Marshall, entrenador de alto rendimiento con más de 25 años de experiencia y fundador del programa Young Champs –que ofrece entrenamiento gratuito o con descuentos para niños–, alerta de un problema estructural: el coste.
“Financiar a un niño de 12 años a nivel de condado ahora mismo requiere entre 500 y 1.000 libras al mes en entrenamientos, viajes y cuotas de torneos”, explicó a la BBC. “Es una barrera financiera enorme y estresante que convierte el deporte en algo imposible para la inmensa mayoría de familias británicas. No podemos lamentarnos por la falta de interés británico en la segunda semana mientras restringimos el flujo que debería alimentarla.”
La foto de 2024 es clara: más presencia en los cuadros, un referente inesperado en Wimbledon, una base juvenil en máximos… y, al mismo tiempo, un muro económico y formativo que frena el salto definitivo. La cuestión ya no es si el tenis británico tiene talento, sino si está dispuesto a derribar ese muro antes de que otra generación se quede a las puertas de la segunda semana.




