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Tory Burch sorprende en New York Fashion Week con un desfile innovador

NUEVA YORK – Lista o no, Tory Burch volvió a irrumpir en escena.

Cuando parece que ya se le ha descifrado el siguiente movimiento, la diseñadora gira el timón y reafirma por qué sigue siendo una de las voces más interesantes de la moda estadounidense. Esta vez descendió, literalmente, para volver a elevarse: llevó su desfile de New York Fashion Week al Sunken Garden de Isamu Noguchi, en el bajo Manhattan, un escenario semienterrado para una colección que miró muy alto.

La primera fila fue un espectáculo propio. Lauryn Hill, impecablemente puntual en términos de moda y de referencias, llegó acompañada de su hija Sara Marley y su sobrina Kymora Marley. A su lado, Amanda Seyfried, Chloe Fineman, la todopoderosa Anna Wintour y una constelación de rostros que confirmaban el peso del momento. También se dejó ver Alex Eala, la joven sensación del tenis que deslumbró en el US Open antes de caer ante su mejor amiga Iva Jovic, junto a talentos emergentes como Ravyn Lenae y figuras consolidadas como Padma Lakshmi y la directora Janicza Bravo.

Hill acaparó flashes desde todos los ángulos. Ocultos tras unas enormes gafas de sol, sus ojos quedaban enmarcados por un conjunto verde oliva de top ceñido y falda de volantes, rematado por un pañuelo de seda que le cubría la cabeza con delicadeza estudiada. Sobre sus rodillas, y en las manos de casi todo el front row, se repetía el nuevo objeto de deseo de la casa: el bolso Bunny Knot. El de Hill, en un amarillo mantequilla, lucía el característico nudo oscuro que, visto de lejos, parecía un estampado de lunares.

La banda sonora volvió a ser un manifiesto. Burch, que ya había dado que hablar en febrero al musicalizar su desfile otoño/invierno 2026 con “9 to 5” de Dolly Parton, abrió esta vez con “Bad Moon Rising” de Creedence Clearwater Revival. El ambiente cambió de golpe cuando irrumpió “Boadicea” de Enya, el mismo tema que Lauryn Hill y The Fugees samplearon en “Ready or Not” para su álbum de 1996 “The Score”. La referencia era imposible de pasar por alto, sobre todo con Hill sentada a pocos metros de la pasarela. Curiosamente, apenas una hora más tarde, en un recinto de Chelsea, el desfile de Public School utilizó el mismo instrumental en su banda sonora.

No era la primera vez que Burch jugaba con espacios escultóricos y circulares. En septiembre de 2023, en el Gilder Center del American Museum of Natural History, inició lo que muchos ya llaman la “Tory-ssance”: un reposicionamiento de la marca hacia una frescura de chica cool, con un filo más agudo y contemporáneo. Aquella apuesta no fue un gesto aislado; el desfile del jueves confirmó que esa mutación ha llegado para quedarse.

En el primer día oficial de New York Fashion Week, Burch se atrevió con un cliché y lo volteó: hizo que las flores para primavera fueran, esta vez, realmente novedosas. Sobre la pasarela aparecieron combinaciones inesperadas de lavanda, teal, berenjena y verde esmeralda, en bordados florales y guirnaldas que recordaban a las gajra, enroscadas alrededor del cuello o sujetas junto al bolso como si fueran talismanes de temporada.

El color se convirtió en un juego de contrastes calculados. Amarillo mantequilla con grises profundos. Verde kelly con morado berenjena. Este último tono acompañaba una de las prendas más llamativas: una chaqueta marrón dorada, de textura rica, que parecía una planta en pleno brote. La silueta también evolucionó: los característicos drapeados en el busto de los vestidos se abrían hacia faldas fluidas, que se movían con ligereza mientras las modelos trazaban el círculo del espacio de Noguchi.

Emily Ratajkowski, una de las musas habituales de Burch, se adueñó de la pasarela con un conjunto que resumía el espíritu del desfile: una camiseta ligeramente transparente en azul marino con detalles rojos, una falda midi plisada a juego y un cinturón marrón con medallón. Sensualidad medida, funcionalidad clara, actitud sin esfuerzo.

En las notas del desfile, Burch definió su propuesta como “opulenta feminidad que se encuentra con el pragmatismo estadounidense, vista a través del ojo de la coleccionista”. Explicaba que su colección primavera/verano 2027 “explora la psicología de cómo las mujeres lo encajan todo. Quieren belleza, utilidad y humor: la alegría de vestirse”.

Ese “cómo lo encajan todo” pareció ser el hilo invisible de la noche: un diálogo entre lujo y practicidad, entre referencias culturales y vida real, entre el peso de un nombre consagrado y la voluntad de seguir sorprendiendo. En un calendario saturado de desfiles, no todas las marcas consiguen que el público salga con la sensación de haber visto un capítulo nuevo, no un simple episodio más. Burch, una vez más, lo logró. Y dejó la incógnita en el aire: ¿hasta dónde puede llegar esta Tory-ssance si sigue subiendo el listón a este ritmo?