US Open 2023: Finales decisivas en Nueva York
El US Open entra en su fin de semana decisivo y Nueva York vuelve a convertirse en el centro del universo tenístico. En Arthur Ashe Stadium, la jornada promete tensión desde el primer pelotazo hasta el último saque nocturno.
Antes de que la noche se vista de gala con la final femenina entre Aryna Sabalenka y Elena Rybakina, el turno será para los especialistas de dobles. Y ahí, también hay historia en juego.
Skupski y Harrison buscan otro golpe grande
Neal Skupski y su compañero estadounidense Christian Harrison persiguen algo que muy pocos consiguen en una misma temporada: un segundo título de Grand Slam.
Formaron pareja hace apenas unos meses y ya saben lo que es levantar un trofeo grande. Ganaron el Australian Open en enero, cuando su alianza apenas daba los primeros pasos. Hoy, como cabezas de serie número 6, se asoman a otra final, esta vez en Flushing Meadows.
Enfrente tendrán a una dupla alemana que sabe perfectamente cómo moverse en estas alturas: Kevin Krawietz y Tim Puetz. Un binomio sólido, con oficio, acostumbrado a sobrevivir en las zonas calientes del cuadro.
El partido está programado para las 12 del mediodía hora local, las 17:00 en el Reino Unido. Un horario central, un escenario gigantesco y la sensación de que el circuito de dobles vive una de esas tardes en las que la jerarquía se decide en detalles mínimos: una devolución profunda, una volea a la línea, un mini break a destiempo.
Sabalenka–Rybakina: la casa, el trono y la tercera corona
Cuando caiga la tarde, todas las miradas se girarán hacia la final femenina. Aryna Sabalenka persigue una racha que marcaría época: tercer título consecutivo del US Open. Tres años mandando en el mismo escenario. Tres años defendiendo la misma casa.
El problema, para ella, es que la invitada de hoy ya no se siente invitada. Elena Rybakina llega con un botín enorme: el número 1 del mundo recién arrebatado a la bielorrusa. El duelo ya no es solo por el trofeo. Es por el territorio, por el relato, por el peso simbólico del torneo.
Desde el equipo de Sabalenka el mensaje es claro. Jason Stacy, su preparador de rendimiento, lo resumió con una imagen contundente tras la clasificación de Aryna para su cuarta final seguida en Nueva York. Para él, Flushing Meadows “es su casa y las demás son invitadas; es hora de que se vayan”.
No se trata de desprecio, insiste, sino de mentalidad. De entrar en pista con la convicción de que es ella quien marca el ritmo, quien dicta la estrategia, quien se niega a rebajar su nivel al de la rival que tenga enfrente. En su libreto no hay concesiones: hacer su trabajo y nada más.
Rybakina, con el número 1 en el bolsillo, llega precisamente para discutir esa propiedad. ¿De quién es realmente esta pista central? La respuesta no va a ser suave ni diplomática. Va a salir del brazo, del saque y de los nervios de las dos.
Shelton, Zverev y una final con historias cruzadas
En el cuadro masculino individual, el domingo se presenta cargado de matices. Ben Shelton disputará la final ante Alexander Zverev, pero el estadounidense no tendrá un apoyo muy especial en la grada. Al menos, no de forma sencilla.
Su pareja, Trinity Rodman, también vive su propia agenda de élite. La futbolista del Washington Spirit tiene partido a la misma hora: un duelo ante Boston Legacy que choca de lleno con la final del US Open. Dos carreras, dos escenarios, un mismo día clave. Conciliarlo todo, casi misión imposible.
Zverev, por su parte, llega lanzado. El alemán encadena su tercera final de Grand Slam consecutiva, un dato que habla de regularidad al más alto nivel, pero también de una transformación reciente en su juego y en su cabeza.
Tras su triunfo del viernes por la noche, dejó una confesión tan honesta como reveladora. Recordó aquella segunda ronda terminada a las tres de la madrugada, cuando él y su equipo se reían en el vestuario de lo mal que estaba jugando. Ese humor, dijo, le ayudó a soltar la presión. Desde entonces, asegura, ha mejorado “un poco”, lo suficiente como para plantarse en la final del US Open.
De la autocrítica a la última ronda en el mismo torneo. El recorrido, esta vez, no admite dudas.
El pulso de Shelton con la silla
Shelton no solo ha dejado golpes espectaculares esta quincena. También un momento de fricción que encendió el ambiente en su semifinal ante Frances Tiafoe.
La jueza de silla, Aurelie Tourte, ordenó repetir un punto a favor de Tiafoe. Según explicó, el estadounidense había levantado las manos, lo que permitía la repetición. Para Shelton, el aviso llegó demasiado tarde. Subió a la silla, encaró la decisión y se quejó de que la llamada no se hiciera de inmediato.
“¿Por qué no dijiste algo entonces? ¿Cómo lo vas a cantar después? Tienes que decirlo inmediatamente”, protestó, visiblemente molesto. Un instante breve, pero suficiente para mostrar el filo competitivo del joven estadounidense en un escenario que no perdona ni una distracción.
El laberinto de las exenciones WTA y los Juegos Asiáticos
Lejos de Nueva York, otra batalla se libra en los despachos y en los calendarios. Alex Eala, una de las grandes esperanzas del tenis filipino, se encuentra atrapada entre la obligación y el orgullo.
La jugadora pretende disputar los Juegos Asiáticos en Japón, pero el calendario la enfrenta a un muro: el torneo coincide con un WTA 1000 obligatorio en China. Según los informes, es poco probable que reciba una exención de la WTA, lo que la dejaría expuesta a una pérdida de puntos en el ranking.
El caso no es aislado. La indonesia Janice Tjen, número 36 del mundo, ya ha anunciado que la WTA rechazó su solicitud de exención. En un mensaje en redes sociales, explicó que, tras mucha reflexión, ha tenido que renunciar a los Juegos Asiáticos porque se celebran al mismo tiempo que el WTA 1000 de Beijing, y que el organismo le confirmó que no le concederá el permiso para saltarse la cita.
La disyuntiva es clara y dura: representar a tu país en un evento continental o proteger tu posición en el circuito profesional. No hay solución perfecta, solo decisiones difíciles que pueden marcar una temporada.
Mientras tanto, en Flushing Meadows, las decisiones ya no son de calendario, sino de puro instinto competitivo. Skupski y Harrison persiguen otro título grande, Sabalenka defiende su “casa”, Rybakina se presenta con el número 1 bajo el brazo, y Zverev y Shelton se preparan para discutir quién manda en la última gran noche del verano neoyorquino. El resto del año, para muchos, empieza aquí.




