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US Open 2024: El choque entre tenis y creadores de contenido

En Flushing Meadows ya no solo suena el golpe seco de la pelota. Este US Open se juega también entre el clic de los móviles, el destello de los aros de luz y el murmullo incesante de los creadores de contenido que han desembarcado en masa en el último Grand Slam del año.

La cifra de influencers acreditados se ha duplicado respecto a la edición anterior. Una apuesta clara de la organización por conquistar nuevas audiencias. El problema es que ese nuevo paisaje digital ha empezado a chocar de frente con una de las columnas vertebrales del tenis: la etiqueta.

Puntos que se juegan… y se graban

La tensión se hizo visible muy pronto. El juez de silla Kader Nouni tuvo que detenerse para reprender a un grupo de influencers en un palco que grababa un vídeo en pleno punto. No era una simple distracción: el ruido, los movimientos, la sensación de plató improvisado en mitad de un partido.

En otro episodio, un creador encendió un aro de luz portátil, de un brillo imposible de ignorar, para hacerse fotos mientras el juego seguía en la pista. La escena chocaba con la imagen clásica del tenis, donde incluso el clic de una cámara en el momento equivocado puede provocar una mirada fulminante desde la línea de fondo.

En el triunfo de segunda ronda de Naomi Osaka, la jueza de silla Marijana Veljovic tuvo que pedir silencio al público en varias ocasiones. No eran simples murmullos: el ambiente recordaba más a un evento social que a un partido de alto nivel.

Osaka, Pegula y el límite del espectáculo

Naomi Osaka, dos veces campeona en Nueva York, fue directa al grano. “Creo que, obviamente, si vienes a un evento deportivo, tienes que respetar el deporte”, dijo. Y remató con una idea que muchos en el circuito comparten: “Siento que es una cortesía básica informarte un poco sobre el deporte, especialmente sobre la etiqueta”.

La palabra “respeto” se repite en los vestuarios. La estadounidense Jessica Pegula, tercera cabeza de serie, no se opone a la presencia de influencers, pero marca una línea clara.

“Puedo apreciar que los influencers vengan y muestren la experiencia del US Open”, explicó. “Pero es complicado cuando ves vídeos en los que están haciendo fotos y usando las luces de selfie. Hay gente ahí abajo intentando rendir. Es su carrera y su trabajo. Parece un poco irrespetuoso”.

El contraste es evidente: mientras en la pista se juega el futuro deportivo y económico de los tenistas, en las gradas algunos viven su propio show para redes sociales.

Un nuevo público, viejas normas

La relación del US Open con las celebridades no es nueva. Desde estrellas de cine hasta el propio Donald Trump han ocupado asientos de miles de dólares en las gradas de Flushing Meadows. La novedad no es la fama, sino la dinámica: ahora la presencia no se limita a mirar, sino a producir contenido en tiempo real.

Coco Gauff, número 4 del mundo, ve el lado positivo… con matices. “Definitivamente creo que es genial tener un nuevo demográfico y que ayuda a hacer crecer el deporte”, señaló. Pero enseguida tiró de una metáfora muy gráfica: “Si te invitan a una alfombra roja, no aparecerías en vaqueros. Creo que se trata de seguir la etiqueta del deporte”.

El mensaje es claro: el tenis está dispuesto a abrir la puerta, pero no a derribar las normas que lo han definido durante décadas.

Movimiento libre, consecuencias visibles

Este 2024, el US Open introdujo una política de movimiento libre de aficionados: los espectadores ya no tienen que esperar a los cambios de lado para entrar a sus asientos. Una decisión pensada para hacer la experiencia más flexible, más cercana a otros grandes eventos deportivos.

El coste se ha visto pronto. Gente entrando y saliendo, conversaciones, móviles en alto. Desde el primer partido de Osaka, los organizadores han intensificado los mensajes en las pantallas del estadio recordando lo básico: evitar actividades que puedan interrumpir el juego, controlar el ruido, no usar flash ni aros de luz.

La teoría está escrita. La práctica, de momento, va por detrás.

Influencers que sí conocen el juego

No todos los creadores llegan al tenis como turistas ocasionales. Eliza Wastcoat es un ejemplo de la otra cara de esta tendencia: influencer, apasionada del tenis, con un canal dedicado al cruce entre este deporte y la moda. De niña fue recogepelotas en Wimbledon, se mudó a Estados Unidos para estudiar en Lehigh University y trabajó en una agencia creativa antes de lanzarse de lleno al contenido.

Para ella, la clave no está en cerrar la puerta, sino en elegir bien a quién se deja entrar.

“Hay un espacio en el tenis para que los influencers y creadores de contenido sean bienvenidos y lleguen a nuevas audiencias”, sostiene. “Pero creo que hay formas de hacerlo que incluyan a creadores que aprecian el deporte y su etiqueta, y también a quienes son nuevos y traen nuevas audiencias”.

Wastcoat insiste en una responsabilidad compartida: “Creo que es responsabilidad tanto de las marcas, como de los torneos y de las personas que vienen informarse un poco y entender la etiqueta del tipo de evento deportivo al que van”.

Su frase final resume el punto de fricción: “El tenis ha abierto mucho sus puertas al cambio, pero, en última instancia, los jugadores necesitan algo de silencio y la posibilidad de concentrarse”.

El equilibrio que busca la USTA

La United States Tennis Association tiene claro el reto: que los aficionados vivan “un tiempo increíble” sin interferir en el juego. En un comunicado, el organismo subraya que trabaja de forma constante para que el público sepa qué está permitido y qué no.

Para Wastcoat, también es un proceso de aprendizaje para la propia USTA. Y lanza la pregunta que sobrevuela los despachos del torneo: “¿Cuál es el equilibrio en cuántas acreditaciones o entradas damos a gente que es nueva, y cuántas a creadores que conocen y aprecian el deporte? Se trata de encontrar ese equilibrio”.

El dato que nadie discute es uno: experiencias como las de este US Open demuestran que el tenis está ganando popularidad. Más gente quiere formar parte del espectáculo. Más marcas miran al circuito con interés. Más oportunidades, más ruido, más tensión entre tradición y modernidad.

El torneo de Nueva York siempre se ha vendido como el más ruidoso del calendario. La pregunta ahora es otra: ¿hasta qué punto puede el tenis abrazar el ruido de la era digital sin perder el silencio que hace posible cada punto?