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El US Open 2026: Último baile de las Williams y nuevas oportunidades

El US Open 2026 abre hoy sus puertas en el USTA Billie Jean King National Tennis Center con una sensación extraña: de fin de era y, al mismo tiempo, de oportunidad inédita. Flushing Meadows amanece tranquilo, casi en silencio, antes de que el ruido convierta el cemento en un hervidero.

A las 9 de la mañana, con el sol ya clavado en un cielo impecablemente azul y 22 grados que prometen subir hasta los 28, solo se mueven los de siempre: vendedores preparando puestos, operarios ajustando los últimos detalles, jugadores buscando una pista libre para entrenar lejos del bullicio que llegará en minutos. Paula Badosa cruza el recinto con su equipo rumbo a la práctica. Las puertas para el público aún están cerradas. Falta poco más de hora y media para la primera bola del torneo.

Pegula abre el fuego, Medvedev busca redención

El turno de día en el Arthur Ashe Stadium arranca con una de las grandes protagonistas locales. Jessica Pegula, finalista del US Open en 2024, inaugura la pista central a las 12 p.m. ET ante Elena-Gabriela Ruse. Un comienzo sin red de seguridad: la estadounidense llega con el peso de haber estado ya a un paso del título y con la expectativa de confirmar que aquel verano no fue un espejismo.

Después, será el momento de Daniil Medvedev. Campeón del US Open en 2021, el ruso llega con una espina clavada: la eliminación en primera ronda del año pasado. Enfrente tendrá a Hugo Gaston, un rival incómodo, pero el verdadero adversario de Medvedev está en su propio recuerdo reciente. Necesita borrar esa salida prematura de 2025 y reencontrarse con el escenario donde ya supo mandar.

La noche, como tantas otras veces en Nueva York, pertenece a los nombres gigantes. Novak Djokovic y Venus Williams encabezan la sesión nocturna en Flushing Meadows. Djokovic, con 39 años y apenas un partido disputado desde Wimbledon, persigue todavía ese 25º título de Grand Slam que se le resiste. Cada aparición suya en un major puede leerse ya como capítulo añadido a una carrera que parecía cerrada varias veces y siempre encuentra una puerta más.

Las hermanas Williams, una última cita con Nueva York

El gran reencuentro emocional del torneo no está en el cuadro individual. Está en el dobles. El circuito se quedó sin ver a Venus y Serena Williams juntas en Wimbledon, después de que Serena se retirara por una lesión de rodilla sufrida en su debut de individuales ante la australiana Maya Joint. Aquella ausencia convierte esta reunión en Nueva York en algo todavía más especial.

Las hermanas no jugaban juntas en un Grand Slam desde el US Open 2022, precisamente en estas pistas, el año en que Serena anunció que “evolucionaba” lejos del tenis. Cayeron entonces en primera ronda ante un dúo checo liderado por una jovencísima Linda Nosková, de solo 17 años. Aquel dobles se sintió casi como un apéndice, un extra dentro de la Serena-manía que dominaba el cuadro individual.

Ahora el guion cambia. El dobles se coloca en el centro del escenario. Venus afronta un atractivo duelo de primera ronda en individuales ante la también estadounidense y campeona de Grand Slam Sofia Kenin, pero esta vez Serena no disputará el cuadro de individuales. Toda su energía va al dobles, donde se la ha visto sólida en las últimas semanas. No es casualidad que una de las teorías más repetidas a comienzos de verano sobre su regreso al circuito señalara precisamente este objetivo: jugar dobles con Venus en Nueva York, cerca quizá del último capítulo de la carrera de su hermana.

Serena ya dejó una muestra reciente de su nueva versión competitiva y desenfadada en el mixto, formando pareja con Carlos Alcaraz. Aquella combinación mezcló ambiente distendido con tenis de altísimo nivel. Y en su última aparición junto a Venus, en el Cincinnati Open, llevaron a Marta Kostyuk y Peyton Stearns hasta un ‘super tie-break’ del tercer set, quedándose a apenas unos puntos de una remontada memorable.

Lo que hagan en el marcador será casi secundario. Con las Williams, el consejo es siempre el mismo: absorber cada minuto que pasen en pista en Nueva York. Porque nadie sabe cuántas veces más se repetirá la escena, ni qué pasará si el próximo punto de partido no cae de su lado.

Un vacío en la cima y una oportunidad para Estados Unidos

Mientras la nostalgia se adueña de la pista de dobles, el cuadro masculino se abre como pocas veces en dos décadas. Han pasado 23 años desde que un estadounidense levantó un Grand Slam. El último fue Andy Roddick, aquí mismo, en 2003. Desde entonces, una espera que se ha hecho eterna.

Este año, el contexto invita a pensar que la racha podría romperse. Jannik Sinner, número 1 del mundo, está fuera por una lesión de rodilla. Carlos Alcaraz, vigente campeón, no compite desde hace cuatro meses por una operación de muñeca, una pesadilla para cualquier tenista. Djokovic, con 39 años, apenas ha jugado desde Wimbledon. Alexander Zverev, primer cabeza de serie, no ha convencido en los torneos previos.

En el otro lado del tablero, los estadounidenses llegan calientes. Taylor Fritz ganó el D.C. Open. Ben Shelton se llevó el Canadian Open. Frances Tiafoe se quedó a un solo set de conquistar el Cincinnati Open. Es cierto: ni Sinner ni Alcaraz disputaron esos torneos, y Djokovic perdió en su debut en Cincinnati. Pero los resultados cuentan una cosa clara: los locales llegan en forma.

Tiafoe ha convivido toda su carrera con el peso de esa sequía de 23 años. Para él, el contexto no cambia la ecuación. Lo dijo el viernes en rueda de prensa: el camino sigue siendo el mismo. Hay que ganar a siete rivales. No hay atajos, aunque el cuadro parezca más abierto que nunca.

Hay otro dato que añade intriga: nadie ha logrado defender el título masculino del US Open desde que Roger Federer encadenó cinco coronas seguidas en Nueva York, hasta 2008. Un Alcaraz sano y rodado sería el gran favorito para romper también esa barrera. Ahora, tras perderse un tercio de la temporada, nadie sabe con certeza cómo responderá su muñeca ni su confianza. Pero el historial del español, con 23 años y ya un pleno de Grand Slams en todas las superficies, invita a no descartarle ni en la situación más complicada.

Un cuadro femenino encendido: Sabalenka, Gauff, Pegula y compañía

El Cincinnati Open suele funcionar como adelanto de lo que puede pasar en Flushing Meadows. Si esa lógica se mantiene, Coco Gauff tiene motivos para sonreír. Ganó en Ohio con autoridad, dejando la impresión de estar lista para volver al top 3 del ranking WTA —ahora mismo es número 4— y añadir un segundo trofeo del US Open a su vitrina.

Pero la favorita, a día de hoy, sigue siendo Aryna Sabalenka. El torneo parece pasar por sus manos. El resto intenta encontrar fisuras. Pegula, por ejemplo, tiene un objetivo muy concreto: vengar la derrota sufrida ante Gauff en Cincinnati. Y Mirra Andreeva llega dispuesta a cerrar un año de irrupción total con un segundo título de Grand Slam, después de conquistar Roland Garros.

Iga Świątek, por su parte, persigue un botín doble: su séptimo grande y apenas el segundo sobre pista dura, junto al US Open que ganó en 2022. Si algo ha demostrado la polaca es que, cuando encuentra ritmo en un major, resulta casi imposible sacarla de la pista.

El duopolio roto y la puerta entreabierta

A finales de la temporada pasada, el relato parecía escrito: Jannik Sinner y Carlos Alcaraz estaban destinados a repartirse las grandes finales durante años. Se midieron en los partidos decisivos de Roland Garros (título para Alcaraz en un clásico instantáneo), Wimbledon (triunfo de Sinner) y US Open (de nuevo para Alcaraz). Una especie de duopolio en ciernes.

El guion saltó por los aires en pocos meses. Alcaraz completó el Grand Slam de carrera al ganar el Australian Open y, poco después, se lesionó la muñeca en abril. Pasó por el quirófano y se perdió Roland Garros y Wimbledon. Sinner, mientras tanto, cayó en segunda ronda en París, allanando el camino para el primer grande de Zverev, y se rehízo luego para conquistar Wimbledon. Ahora el italiano se queda fuera del US Open por su rodilla, y nadie sabe qué versión de Alcaraz veremos en su regreso.

Ese vacío en la cima abre un abanico de aspirantes. Zverev, número 2 del mundo por la ausencia prolongada de Alcaraz, llega con la etiqueta de campeón reciente de Grand Slam. Flavio Cobolli, número 6, se ha ganado un hueco en las quinielas tras su divertida y sólida carrera hasta la final del renovado torneo de dobles mixto junto a Belinda Bencic. Felix Auger-Aliassime, número 4 del mundo y mejor norteamericano en la clasificación ATP, aterriza a un corto vuelo de casa. ¿Puede el ruido de Nueva York impulsar al canadiense?

Detrás, casi en la sombra, aparecen Shelton y Fritz, ambos dentro del top 10, esperando que el caos del cuadro les abra una autopista hacia la segunda semana.

Y siempre, al fondo, la figura que se niega a marcharse: Djokovic, con 39 años, todavía en persecución de ese 25º grande que convertiría en número histórico lo que ya es una carrera irrepetible.

El sol ya está alto sobre Flushing Meadows. Las puertas están a punto de abrirse. La espera de 23 años para el tenis estadounidense, el posible último gran baile de las Williams, el regreso incierto de Alcaraz, la ausencia de Sinner, la ambición desatada de Sabalenka, Gauff, Pegula, Świątek y Andreeva… Todo se condensa en dos semanas de cemento azul.

La primera bola está a minutos de volar. La pregunta, como siempre en Nueva York, no es quién llega mejor. Es quién se atreverá a adueñarse del caos.