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US Open: Distracciones por el olor a hierba en Flushing Meadows

El US Open huele a hierba… y no precisamente a la de Wimbledon

En Flushing Meadows, los británicos pensaban haber dejado el césped atrás. El problema es que el olor a “hierba” les ha seguido hasta Nueva York.

Con la marihuana legal para adultos en el estado y el enorme Corona Park pegado al USTA Billie Jean King National Tennis Center, el aroma se cuela por las pistas exteriores. No se permite fumar dentro del recinto, pero el viento no entiende de normativas. Y las jugadoras británicas ya lo han notado.

Katie Boulter, número 1 del tenis británico, no lo disimula. Lo ha vivido en carne propia en las pistas de entrenamiento y en las canchas pegadas al parque. Lo huele. Y le molesta. Lo último que quiere en pleno partido es una bocanada de distracción flotando sobre la línea de fondo. En un deporte en el que la concentración es un recurso tan valioso como el saque, ese tipo de interferencias rompe el hilo mental del juego y deja una sensación de incomodidad que se alarga más allá del punto.

No es la única que ha levantado la ceja.

Fran Jones, número 3 británica, recuerda con humor su experiencia del año pasado. En su debut, en una pista junto al parque, bromeó con el juez de silla preguntando si aquello era normal. La respuesta fue un simple “sí”. Ella remató la escena con ironía: con ese ambiente, casi entendía por qué estaba jugando tan bien. Esta temporada, sin embargo, se ha prometido a sí misma algo distinto: nada de chistes, máxima concentración. “Lock in”, como repite, casi a modo de mantra.

Harriet Dart, que al igual que Jones superó la fase previa, se lo toma con más filosofía. Para ella, es casi una postal típica de la ciudad. Es Nueva York. Sales a la calle y el olor está ahí. En el metro, en las avenidas, en los parques. Lo asume como parte del decorado, algo que afecta por igual a todas las jugadoras y que no va a cambiar a corto plazo.

La USTA, por su parte, se aferra a una realidad incómoda: puede controlar lo que ocurre dentro de las instalaciones, pero no lo que pasa en el parque colindante. El mensaje oficial es de vigilancia y firmeza en la aplicación de las normas internas, aunque el problema, literalmente, venga de fuera.

Mientras el debate flota en el aire, otro británico despega en Estados Unidos.

Fery se cita con la historia en Winston-Salem

Arthur Fery ha dado un paso decisivo en su carrera al meterse en su primera final del circuito ATP en el Winston-Salem Open. No fue el desenlace soñado para el espectáculo, pero sí para él: su rival en semifinales, James Duckworth, se retiró por lesión cuando el marcador señalaba 6-4, 1-2.

Hasta ese momento, el británico había manejado con temple un partido incómodo. Rompió el servicio del australiano con 4-4 en el primer set, un golpe que inclinó la balanza y le permitió cerrar la manga inicial. La segunda se mantenía igualada, con el saque imponiéndose, hasta que el problema físico en la pierna derecha obligó a Duckworth a parar.

Fery no se dejó distraer por las circunstancias. Su premio: una final en Carolina del Norte y una oportunidad para medir su techo inmediato ante Ignacio Buse, la nueva piedra de toque en su progresión.

El peruano, número 36 del mundo y cabeza de serie 32 en el próximo Roland Garros, llega lanzado tras superar a Benjamin Bonzi por 6-2, 4-6, 6-1. Dominó el inicio, sufrió una reacción del francés y volvió a pisar el acelerador en el tercer set con autoridad. Un rival duro, un escalón más alto en el ranking que Fery, y un examen perfecto antes de la gira sobre tierra batida.

Entre el humo que llega desde Corona Park y el aire fresco que trae la irrupción de Fery, el tenis británico vive días curiosos en Estados Unidos. La pregunta es clara: ¿qué pesará más en las próximas semanas, las distracciones del entorno o el impulso de quienes están empezando a romper sus propios límites?