El US Open y la invasión influencer: un torneo en crisis
El verano de la reacción contra los influencers también ha llegado al US Open. Y lo hizo a lo grande, en el Arthur Ashe Stadium, en plena noche de tenis con Naomi Osaka en pista.
El lunes, durante el partido entre Osaka y Anastasia Zakharova, el juez de silla tuvo que interrumpir el juego varias veces para pedir silencio a un palco especialmente ruidoso. No eran aficionados despistados. Eran influencers grabando lo que parecía un baile para TikTok bajo una luz blanca y deslumbrante. En mitad de los puntos.
El vídeo del incidente, publicado por Katherine, aficionada al tenis de toda la vida, corrió como la pólvora: más de 1.500 comentarios, muchos de ellos cargados de frustración por lo que muchos ya llaman la “invasión influencer” del US Open. Una irritación que venía acumulándose desde hace años, desde que los Honey Deuces y las parejas de tenistas con vida de escaparate empezaron a dominar los feeds de Instagram. Esta vez, el enfado reventó en la sección de comentarios.
“Por todo el estadio había gente, en mitad de los saques y en mitad de los puntos, levantándose, caminando entre el público hasta lo más cerca posible de la pista en su sección, haciendo fotos, grabando vídeos, usando aros de luz”, relata Katherine.
El contraste con la tradición es brutal: en el tenis, el público sabe que debe esperar al final del juego, del juego al menos, para moverse. Pero el US Open relajó sus normas de circulación en 2024. Y el resultado se vio el lunes.
El punto se juega… y el flash no se apaga
Según Katherine, el juez de silla se giró varias veces hacia un palco con una docena de personas y les pidió silencio. No hubo reacción. Estaban ocupados. Un acomodador del torneo sujetaba una luz intensísima, del tamaño de un móvil, para grabarlos mejor.
“No parecía que se dieran cuenta de que el juez les estaba hablando porque ni siquiera estaban viendo el partido”, cuenta. “Nunca había visto algo así en mitad de un punto. El flash fue lo más loco”.
En el vídeo se ve a Mriganka Chawla, influencer de moda y estilo de vida, haciéndose un selfie mientras Osaka está jugando. Chawla, en declaraciones a The Cut, admite que se arrepiente de haber intentado hacerse una foto durante el partido. Era su primera vez en el US Open. Había ido con la familia de su prometido, fanática del tenis, no como parte de su trabajo. Y, subraya, no estaba en el palco que desató la bronca del juez.
Mientras se levantaba a por un helado, encontró una zona de gradas poco concurrida y le pidió a un acomodador que le hiciera una foto “porque mi chico no sabe hacer una foto ni para salvar su vida”, explica. Pensó que no molestaba a nadie.
“Estaba de verdad muy lejos”, asegura. “Lo siento muchísimo si interrumpí el juego”.
Después de identificarse en los comentarios del vídeo de Katherine, negando que su flash estuviera molestando, empezó a recibir una mezcla surrealista de “amenazas de muerte” y preguntas sobre qué luz de selfie había usado (es la misma que usa Alix Earle). “Esto es tan de influencer, y ahora lo entiendo, pero todo el mundo tiene fotos monísimas del Open. Yo solo quería una foto mona”, dice. “Ojalá alguien me hubiera dicho: ‘No puedes hacer eso’. También es culpa mía. Debería haberlo mirado antes. Ojalá hubiera alguna guía o algo”.
De torneo de tenis a “Disneyland” de contenido
Nada de esto surge de la nada. La USTA lleva años empujando al US Open hacia algo más que un torneo. Su propio CEO lo definió recientemente como una especie de “Disneyland del tenis”: eventos familiares por todas partes, activaciones pensadas para Instagram, rincones hechos para la foto perfecta.
Los influencers forman parte central de ese plan. Este año, según Sportico, la USTA otorgó acreditaciones de medios a 100 influencers y podcasters, el doble que el año pasado. Y eso sin contar a los creadores invitados por las marcas que patrocinan palcos y suites.
La avalancha empieza a pasar factura. Los aficionados de siempre se quejan del aumento de precios, de las gradas abarrotadas y de un nuevo público que parece ajeno a la etiqueta del tenis o, peor aún, desinteresado por el juego. La revista cultural Mercer Edition, en un artículo reciente sobre el “problema influencer” del US Open, lo resumía así: “Este deporte se construye alrededor de un nivel de concentración que no se entiende hasta que se observa de verdad, y las marcas deberían tenerlo en cuenta cuando abren las puertas a cambio de métricas de vanidad y satisfacción corporativa”.
Katherine lo nota en el ambiente. Asegura que los aficionados están “realmente agotados de la cultura influencer” en el torneo en los últimos dos años. El US Open siempre ha sido el grande más ruidoso, el más callejero, el que tolera el bullicio. Pero el alud de selfies ha cruzado una línea.
“Cuando empieza a afectar al juego, ahí está el punto de ruptura”, sentencia.
Una foto fallida y una pregunta incómoda
El giro final de la historia tiene algo de ironía cruel. Después de todo el ruido, la foto de Mriganka Chawla ni siquiera salió bien. “Parezco a mitad de un estornudo”, bromea. “Bueno, todo el mundo sabe que fui al US Open, así que supongo que ya no tengo que subir nada”.
La imagen, al final, es casi perfecta como metáfora: un torneo que quiere ser escaparate global, una grada convertida en set de rodaje y un deporte que vive de la concentración absoluta. El US Open ha decidido abrir las puertas a una nueva audiencia. La cuestión es si el tenis puede seguir respirando dentro de ese foco constante.




