Zheng Qinwen: del abismo al US Open
Zheng Qinwen terminó en el suelo. Boca arriba, exhausta, dejando que el ruido de Nueva York la envolviera. Un segundo después ya estaba de pie, puño al aire, grito contenido. No era solo el pase a tercera ronda del US Open. Era la confirmación de que su tenis —y algo más profundo, su instinto de campeona— había vuelto a encenderse.
La campeona olímpica de 2024, antigua número cuatro del mundo, derrotó a Yulia Putintseva por 6-4, 2-6, 6-1 en un partido que explicó mejor que cualquier ranking la travesía de los últimos meses: dudas, dolor, caída… y una lenta reconstrucción.
De beber victorias “como agua” a olvidar cómo competir
Su 2025 fue un año atravesado por el quirófano y la paciencia. La operación de codo exigió una recuperación más larga de lo previsto y le borró de la gira australiana. Sin Australian Open, sin ritmo, sin la versión de sí misma que había asombrado al circuito.
Antes de la lesión, ganar “era como beber agua”, dijo después del partido. Fluido, natural. Las victorias llegaban encadenadas, sin necesidad de pensarlas demasiado.
Tras la cirugía, el paisaje cambió. Partidos duros contra las mejores del mundo, marcadores ajustados… y derrotas que pesaban más de lo normal. Estaba cerca, pero no remataba. En sus propias palabras, perdió “la dinámica de cómo competir”. No era solo una cuestión de golpes; era la mente, el instinto en los puntos grandes, esa certeza silenciosa de que el partido le pertenece.
En Flushing Meadows, por primera vez en meses, sintió algo distinto. “En este torneo me encontré a mí misma, encontré mi fuego de nuevo durante la competición”, confesó. La frase sonó a alivio tanto como a desafío.
Del 4 del mundo al 125… y a la qualy
La caída en el ranking fue tan brusca como dolorosa. De codearse con la élite a verse fuera del cuadro principal del US Open. Número 125 del mundo. Sin billete directo. Obligada a pasar por la clasificación.
Le costó aceptarlo. Lo admitió sin rodeos: asumir que tenía que “jugar la qualy” no fue fácil. Para una campeona olímpica, acostumbrada a los grandes estadios y a los horarios estelares, pelear en las pistas exteriores, lejos de los focos, es un golpe al ego.
Pero esas rondas previas, duras y sin glamour, la empujaron a recuperar algo que no se entrena en los gimnasios: el filo competitivo. Punto a punto, partido a partido, volvió a aprender a sufrir. Y a disfrutar de ese sufrimiento.
Ahora ya no mira la lista de entrada. Está metida de lleno en el cuadro principal y con un cruce que huele a gran escenario.
Un examen llamado Keys y la pelea por volver a los grandes focos
Su próximo obstáculo será una ex campeona del Australian Open: Keys. Un duelo que promete ritmo alto, golpes planos y nervios a flor de piel por un billete a los octavos de final.
Zheng lo espera casi como un reencuentro con su hábitat natural. Las dos primeras rondas las ha jugado en pistas secundarias, lejos del rugido de Arthur Ashe o Louis Armstrong. Ella misma lo recordó con un punto de nostalgia: estaba acostumbrada a “jugar siempre en la pista grande”.
Ahora sabe que ya no se la regalan. Que hay que ganársela. “Necesito luchar para recuperarlo todo”, dijo. No sonaba a consigna vacía, sino a hoja de ruta.
Porque más allá del resultado ante Keys, la historia de Zheng en este US Open ya ha cambiado de tono. De la campeona que no recordaba cómo competir a la jugadora que vuelve a celebrar cada punto como si fuera una final olímpica.
La pregunta ya no es si su fuego ha regresado. Es cuánto va a arder en Nueva York.




