Alexander Zverev conquista su primer título del US Open
Alexander Zverev apagó el sueño americano y levantó su primer título del US Open con una actuación implacable ante Ben Shelton en la final de Nueva York. El alemán, primer cabeza de serie, se impuso por 6-3, 7-6, 5-7 y 6-2 y prolongó a 23 años la espera de Estados Unidos por un campeón de Grand Slam masculino desde Andy Roddick en 2003.
Shelton en casa, Zverev en modo campeón
El ambiente en el Arthur Ashe Stadium era claramente de Shelton. Roddick, hoy voz autorizada del circuito, seguía el partido desde la grada mientras el joven bombardero estadounidense buscaba firmar su propia historia. Pero se topó con un muro.
Zverev, 29 años, jugó como alguien que ya había roto una barrera mental importante. Lo hizo en junio, cuando conquistó su primer grande en Roland-Garros. En Nueva York no dejó pasar la oportunidad que le brindó un cuadro sin el número uno del mundo, Jannik Sinner, lesionado de la rodilla, y sin el campeón defensor Carlos Alcaraz, eliminado precisamente por Shelton.
El inicio marcó el tono. El alemán neutralizó el saque descomunal del estadounidense con devoluciones profundas, cambios de ritmo y una serenidad que contrastaba con la ansiedad de su rival. El 6-3 del primer set reflejó esa diferencia de temple.
El segundo parcial fue una batalla. Shelton apretó con el servicio, encendió al público y llevó el set al tie-break. Allí volvió a imponerse la experiencia: Zverev gestionó mejor los puntos grandes y se colocó dos sets arriba, un terreno que ya conocía en esta misma pista, cuando en 2020 dejó escapar la final ante Dominic Thiem.
Un amago de remontada y un corte abrupto
El fantasma de aquella derrota reapareció por un momento. Zverev tuvo un bache en el tercer set y Shelton olió sangre. El estadounidense elevó la intensidad, encontró más primeros saques y, empujado por la grada, se llevó el parcial por 7-5. El estadio rugió como si se abriera una nueva final.
Pero la reacción duró un suspiro.
En el primer juego del cuarto set, Shelton entregó su servicio y con él gran parte del impulso que había acumulado. Zverev olió la rendija y la convirtió en una puerta abierta. Desde ese quiebre, el partido tomó un solo sentido. El alemán manejó los intercambios con autoridad, protegió su saque y fue desgastando poco a poco la resistencia del local hasta cerrar con un contundente 6-2.
La concentración del campeón fue tal que ni siquiera se dio cuenta de que el partido había terminado en el último punto. Tardó un instante en asimilarlo antes de levantar los brazos, mezcla de triunfo e incredulidad. Un detalle que subraya el estado de trance competitivo en el que jugó durante buena parte de la noche.
Un título forjado al límite
El trofeo en Flushing Meadows corona un torneo que estuvo a punto de escapársele desde el inicio. En primera ronda, Lorenzo Sonego lo tuvo contra las cuerdas: Zverev estuvo a solo dos puntos de la eliminación. En la segunda, Quentin Halys le llevó a cinco sets. De ese arranque turbulento salió un jugador endurecido, listo para castigar cualquier resquicio.
La victoria también llega en una carrera marcada por polémicas extradeportivas. Zverev ha estado perseguido por acusaciones de violencia doméstica por parte de sus ex parejas Olya Sharypova y Brenda Patea. El proceso en Alemania con Patea terminó en 2024 con un acuerdo y el archivo del caso, sin veredicto ni admisión de culpabilidad. Todo ello ha convivido con su progresión en la pista, añadiendo ruido y presión a cada paso.
Este año, sin embargo, el alemán ha tejido un relato muy distinto. Dos títulos de Grand Slam en tres meses, tras casi tres décadas sin un grande para el tenis masculino de su país, cambian por completo la dimensión de su figura.
“Estuvimos casi 30 años sin ganar un título de Grand Slam, y ahora hemos ganado dos en un lapso de tres meses”, recordó Zverev al dirigirse a su equipo durante la ceremonia. Habló de trabajo, de sufrimiento, de dolor. Y de un 2026 que, en su mente, aparece como consecuencia lógica de todos esos años previos de lucha.
La madre, la enfermedad y una carrera a contracorriente
En la pista, con el trofeo en las manos, Zverev reservó un momento especial para su madre, Irina, exjugadora profesional. Volvió a una escena íntima, cuando él tenía cuatro años y recibió el diagnóstico de diabetes.
Recordó cómo los médicos advirtieron de una vida y un deporte “muy limitados” para ese niño. Y cómo ella se negó a aceptar ese destino. “Si quiere ser tenista, será tenista. Si quiere hacer otra cosa, hará otra cosa, pero esta enfermedad no nos definirá”, relató Zverev sobre las palabras y la determinación de su madre. La calificó como la persona más importante y fuerte que conoce. La imagen de aquel niño con una carrera supuestamente recortada contrasta ahora con el campeón que levanta grandes en las pistas más grandes del mundo.
Respeto en la derrota y una promesa de futuro
Shelton, por su parte, se quedó sin el gran golpe, pero no sin voz. En la entrega de premios, se rindió al nivel del rival. Reconoció que Zverev es “uno de los mejores jugadores del mundo, quizá el mejor jugador del mundo este año”. Palabras pesadas, dichas en casa y tras una final perdida.
El estadounidense se marcha con la espina de haber cedido otra vez ante el alemán —ya está 0-6 en sus enfrentamientos directos—, pero también con la confirmación de que pertenece a estas alturas del calendario, a estos escenarios, a estos partidos.
Zverev, que hace unos años dejó escapar una final del US Open cuando lo tenía todo de cara, ya sabe ahora cómo se cierra una noche grande en Nueva York. Y con dos Grand Slams en el bolsillo y una temporada que se ha convertido en punto de inflexión, la pregunta ya no es si puede sostener este nivel, sino hasta dónde piensa llevarlo.




