Zverev alcanza la final del US Open tras vencer a Khachanov
Alexander Zverev ya está donde quería estar: otra vez en la final del US Open, otra vez en el Arthur Ashe Stadium, otra vez con cuentas pendientes en Nueva York.
El número 1 del cuadro masculino se impuso en tres sets a un combativo Karen Khachanov por 6-3, 7-6(7), 7-6(6), en una semifinal mucho más dura de lo que sugiere el marcador. No hubo paseo. Hubo tensión, giros de guion y un tercer set que rozó el drama.
Zverev golpea primero
El arranque fue casi perfecto para el alemán. Servicio firme, pocos errores, control absoluto de los intercambios largos. Zverev se llevó el primer set 6-3, mientras Khachanov se disparaba en errores no forzados, casi el doble que su rival en ese parcial inicial. El ruso, desajustado, parecía a un paso de ser barrido de la pista.
Pero no se fue.
Khachanov, sin cabeza de serie y con 30 años, se agarró al partido con paciencia y carácter. Ajustó la mira, dejó de regalar tanto con la derecha y empezó a encontrar profundidad. El segundo set ya fue otra historia: juegos largos, peloteos pesados, el ruso plantando cara en cada turno de saque.
Zverev seguía mandando, pero ya no mandaba solo.
El set se decidió en un desempate apretado, con el alemán imponiendo su jerarquía en los puntos grandes para cerrar 7-6(7). Dos sets arriba, sí, pero con un rival que ya había encontrado su tenis.
Sol, bronca y un tercer set al límite
El tercer parcial fue un pulso continuo. Ninguno cedía. Intercambio de juegos, ambos sosteniendo el saque, el ambiente subiendo de temperatura en la pista central.
Con 6-5 a favor y la opción de evitar otro tie-break, Zverev se fue directo al juez de silla. Se quejaba del reflejo del sol, un destello que, según la retransmisión de ESPN, provenía del cristal de las puertas de los palcos cuando se abrían. El público no lo encajó bien. Abucheos, murmullo, cierta incomodidad en el estadio.
El alemán perdió ese juego. Y el set se fue, otra vez, al desempate.
El problema del resplandor seguía ahí y Zverev arrancó el tie-break hundido, 1-4 abajo. La semifinal, que parecía controlada, se le escapaba entre las manos. Khachanov olía la oportunidad. El Ashe, dividido, empezaba a vibrar.
Entonces apareció la versión campeón de Zverev.
Punto a punto, ajustó el resto, se hizo grande con el primer servicio y remontó hasta el 6-6. Salvó dos puntos de set, se agarró con frialdad a cada intercambio y, con el pase a la final en juego, remató el desempate 8-6. Tres sets, sí, pero con un cierre de auténtico superviviente.
Zverev, que ya perdió una final del US Open en 2020, tendrá el domingo la opción de saldar aquella herida. Llega, además, encadenando su tercera final de Grand Slam consecutiva, tras levantar su primer grande en Roland Garros en junio.
Un domingo contra el “sueño americano”
El alemán sabe perfectamente el escenario que le espera. Enfrente saldrá el ganador del duelo entre Ben Shelton (cabeza de serie número 8) y Frances Tiafoe (número 11), dos ídolos locales en Nueva York.
“Creo que va a ser increíblemente especial”, dijo a ESPN. “Especialmente estos dos chicos, Frances y Ben, favoritos del público aquí en New York. Todo el mundo los quiere. … Ojalá pueda no hacer el sueño americano”.
No será solo un partido. Será él contra todo el Arthur Ashe.
Una semifinal histórica entre Shelton y Tiafoe
El telón de la jornada se cierra con un choque que ya pertenece a la historia del torneo. Ben Shelton y Frances Tiafoe se miden por un billete a su primera final de Grand Slam. El ganador será el primer estadounidense en disputar la final masculina del US Open desde Taylor Fritz en 2024.
Y puede ir más allá: uno de ellos podría convertirse en el primer campeón local desde Andy Roddick en 2003.
Hay un peso simbólico enorme. Por primera vez en la historia del torneo, dos tenistas afroamericanos se enfrentan en una semifinal individual masculina. Pase lo que pase, un jugador negro estadounidense volverá a una final en Flushing Meadows por primera vez desde que Arthur Ashe lo hiciera en 1972.
El domingo, a las 14:00 ET, ese ganador se cruzará con Alexander Zverev por el título. El alemán llega con experiencia, racha y cicatrices. Al otro lado, un país entero dispuesto a empujar el “sueño americano” hasta el último punto.




