Alexander Zverev sobrevive en el US Open tras un intenso partido
Alexander Zverev necesitó casi cinco horas, todo su repertorio y una buena dosis de orgullo para no despedirse del US Open a las primeras de cambio. El número uno del cuadro masculino remontó un partido endemoniado ante Lorenzo Sonego y acabó imponiéndose por 6-4, 3-6, 6-7(7), 7-5 y 6-4 en una madrugada neoyorquina que rozó el drama.
Era su estreno en un Grand Slam como campeón mayor, después de conquistar Roland Garros en junio. Llegaba señalado como el hombre a batir: sin Jannik Sinner en el torneo y con Carlos Alcaraz todavía afinando tras su lesión, todos los focos apuntaban al alemán. Y, de repente, se vio a dos puntos de hacer historia por el motivo equivocado: convertirse en el primer cabeza de serie principal eliminado en primera ronda de un grande desde Lleyton Hewitt en Wimbledon 2003.
Sonego, número 89 del mundo, no se dejó impresionar por el cartel ni por la noche del Arthur Ashe. Zverev arrancó mejor, dominó los intercambios largos y se apuntó el primer set, aunque ya dejó una señal preocupante: solo convirtió una de las siete bolas de ‘break’ que dispuso. El italiano se aferró a ese síntoma.
En el segundo parcial cambió el tono. Sonego se soltó de fondo, pegó con más libertad y rompió de entrada. Desde ahí, mandó él. Ajustó el servicio, aceleró con la derecha y cerró el set en blanco, rubricándolo con un saque directo que silenció por un instante la grada.
El partido se convirtió entonces en un pulso de nervios. El tercer set fue un intercambio constante de golpes, sin dueño claro. Zverev buscó imponer su jerarquía, pero Sonego respondió con valentía, atacando cada segundo servicio. El desenlace se fue al ‘tie-break’, y ahí apareció el error que cambió la noche: una doble falta del alemán abrió la puerta al italiano, que no dudó. 2-1 abajo en sets, el gran favorito quedaba contra las cuerdas.
La cuarta manga fue un ejercicio de resistencia mental. Ambos se quebraron el saque, se miraron de frente y nadie cedió un centímetro. Sonego olió la sangre cuando Zverev quedó a solo dos puntos de la derrota. El alemán, sin embargo, se aferró al partido con un turno de servicio crucial, sostuvo el pulso y, justo cuando el italiano empezaba a mirar de reojo la victoria, le arrebató el saque y estiró el duelo al quinto.
Ahí se vio la diferencia entre un campeón de Grand Slam y un jugador que firma la actuación de su vida. Sonego empezó a acusar el desgaste. Sus piernas ya no llegaban igual, su saque perdió filo. Zverev, con el marcador y la inercia a favor, completó la remontada con oficio, sin brillo pero con una determinación férrea, hasta sellar el 6-4 definitivo en el quinto set.
Al terminar, el alemán no necesitó grandes discursos: “Estoy simplemente feliz por haber ganado, nada más”, dijo, aún empapado en sudor. “Fue una batalla increíble, con muchos altibajos, casi cinco horas. Creo que ha sido mi partido de primera ronda más largo en un Grand Slam. Él habría ganado a muchos jugadores, pero estoy feliz de estar en la siguiente ronda”.
Sobrevivió el favorito. No convenció, no arrasó, pero salió vivo de una trampa que ha devorado a otros grandes nombres en el pasado. En un US Open abierto, con ausencias ilustres y dudas físicas en varios candidatos, noches como esta pueden marcar el tono de todo un torneo. Zverev ya sabe lo que es sufrir al límite. Falta por ver si también sabrá transformar este aviso en impulso hacia su segundo grande.




