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Fórmula 1: Últimos Grandes Premios y la Batalla por 2027

El título de pilotos ya está decidido, el de constructores puede caer el domingo, pero la Fórmula 1 no levanta el pie. Nunca. São Paulo se presenta menos como epílogo y más como prólogo: la primera página de la batalla de 2027.

En el centro de ese nuevo capítulo aparece Kimi Antonelli, campeón del mundo recién coronado, que ya mira estos últimos grandes premios como un laboratorio para defender la corona dentro de dos años. Al otro lado del box, George Russell revisa una temporada que se le ha ido entre los dedos, intentando entender dónde se rompió el plan para no repetir el error.

Mercedes viaja a Interlagos con una misión fría y concreta: sumar tres puntos más que Ferrari y sellar el campeonato de constructores. Sería el sello definitivo a su regreso a la versión demoledora que marcó la década de 2010.

Mientras tanto, el resto no se ha quedado mirando. Ferrari, McLaren y Red Bull han ido limando, vuelta a vuelta, el abismo de principios de año hasta convertir el final de temporada en una pelea real entre cuatro equipos.

Un campeonato partido en dos

La campaña se ha dividido en dos actos muy claros. En el primero, dominio casi absoluto de Mercedes: siete victorias en las primeras ocho carreras, una superioridad que parecía recordar a los años dorados de la era híbrida.

Luego, el guion se rompió. En las últimas 12 pruebas, Mercedes “solo” ha ganado seis; Red Bull se ha llevado tres, McLaren dos y Ferrari una. El reparto de victorias no engaña: el margen se ha estrechado, el poder ya no es de uno solo.

En São Paulo, el cuadro competitivo apenas empieza a dibujarse. Antonelli y Lando Norris, con un McLaren actualizado, dejaron buenas sensaciones en los entrenamientos del viernes. Más allá de los tiempos, el fin de semana llega cargado de historias cruzadas.

La principal, la que más ruido genera en el paddock, está en Ferrari: la tensión entre Lewis Hamilton y Charles Leclerc tras tirar por la borda un posible doblete en México con un toque entre ambos en la primera vuelta.

Ferrari: charla dura y heridas abiertas

Después del desastre de Ciudad de México, Hamilton habló claro: el equipo tenía “grandes problemas” y hacían falta “conversaciones serias”. Esas conversaciones llegaron el jueves por la noche en Brasil, cuando Leclerc y el jefe de equipo, Frederic Vasseur, regresaron de Europa.

Vasseur fue directo el viernes: la reunión fue buena, se hablaron las cosas y “se pasa página”. Pero el mensaje interno no se ha suavizado: las reglas no cambian. Respeto mutuo, competitividad sí, pero dentro de unos límites muy claros, con Ferrari —la marca, la gente en Maranello y en el circuito— por encima de cualquier ego.

El francés lo resumió con crudeza: el equipo falló y tiene que reaccionar. El recordatorio fue simple y contundente: Ferrari va primero.

El tamaño del problema, sin embargo, es evidente. Y también lo es el riesgo de que esto vuelva a explotar.

Hamilton, como casi siempre, no se ha mordido la lengua. El siete veces campeón ha subrayado la diferencia entre cómo Leclerc lucha contra él y cómo gestiona sus duelos con otros pilotos. Señaló, por ejemplo, cómo el monegasco cedió ante Max Verstappen en la llegada a la primera curva en Singapur, frente a la agresividad que mostró en México.

“Podríamos haber tenido un uno-dos con facilidad y tenemos que trabajar para que no vuelva a pasar”, avisó el británico, enlazando ese patrón con lo que ya había visto de Leclerc con Sebastian Vettel y Carlos Sainz.

Hamilton también dejó claro que no se arrepiente de lo dicho. No piensa disculparse por ser “auténtico y real”, no va a callarse, nadie le ha pedido que lo haga. Lleva el corazón en la manga y habla según siente en el momento.

Para Vasseur, resolver esto es algo más que apagar un incendio puntual. Si Ferrari mantiene la ventaja de chasis que ha mostrado este año y consigue elevar su unidad de potencia al nivel de Mercedes y Red Bull, el equipo puede entrar de lleno en la lucha por el título la próxima temporada. No hay margen para una guerra interna prolongada.

Hamilton lo ve igual, pero desde dentro. Sabe que su llegada no es cómoda: es exigente, presiona sin descanso y pide cambios en todas las áreas. Y avisa: mientras esté ahí, será así. Ha venido a ganar, y para ganar hay que arrastrar a todo el mundo en la misma dirección.

Ya trabaja codo con codo con los responsables de aerodinámica para conservar lo mejor del coche actual y pulir detalles que hoy le restan. Y mira de reojo a la unidad de potencia, confiando en que Ferrari dé el salto definitivo.

Red Bull, el giro inesperado

En Red Bull, el guion es mucho más sencillo. El equipo ha encontrado ritmo y confianza en el tramo final del año. Verstappen fue el gran beneficiado del choque entre los Ferrari en México y se llevó su tercera victoria en las últimas cuatro carreras.

Ese arreón lo ha catapultado hasta el segundo puesto del campeonato de pilotos, algo que parecía ciencia ficción cuando el equipo se arrastraba en el primer tercio del año, a casi un segundo del ritmo.

El neerlandés habla de “sorpresa” al verse segundo, pero también de aprendizaje acelerado: el coche no estaba donde querían, el trabajo con las unidades de potencia tampoco, y el equipo ha tenido que entenderlo todo sobre la marcha. Él, por su parte, nunca se conformó con un sexto o séptimo puesto. Incluso peleando en la zona media, apretó al máximo cada oportunidad.

Cuando el coche ha entrado en la ventana correcta, los resultados han llegado. Ganar significa restar puntos a todos los demás, y eso explica el vuelco de las últimas carreras. Para Verstappen, la clave es que el equipo nunca se rindió y fue capaz de dar la vuelta a la temporada dentro del mismo año.

La pelea por ese segundo lugar, sin embargo, está al rojo vivo: Verstappen apenas aventaja en dos puntos a Hamilton, que tiene nueve de margen sobre Russell, y el británico de Mercedes saca cinco a Leclerc. A ninguno le obsesiona ser subcampeón; todos piensan en victorias, no en plata.

Pero el detalle importa. Quedar entre los tres primeros obliga a viajar a Shanghái, a la gala de premios de la FIA, una semana después del final del curso. No pocos firmarían un cuarto puesto para ahorrarse el desplazamiento. Aun así, como termómetro moral para 2027, ese subcampeonato sí tiene su peso.

En constructores, la batalla por el tercer puesto aprieta todavía más: apenas 17 puntos separan a Red Bull de McLaren, con una cifra cercana a los 10 millones de dólares en juego en premios.

McLaren, entre el presente y el futuro

McLaren no llega tan fuerte como Red Bull a este tramo final, pero el recorrido del año es parecido. También ellos han recortado un hueco enorme con Mercedes desde el inicio de la temporada.

En verano, cuando Norris ganó en Hungría y Países Bajos, el equipo de Woking llegó a ser, por momentos, el más rápido de la parrilla. Después, el rendimiento se diluyó de nuevo.

Para Brasil traen mejoras con la esperanza de volver a meterse de lleno en la pelea. Norris siente que, en los últimos fines de semana, el ritmo de carrera no ha sido malo, y que con pequeños detalles a su favor podrían haber firmado resultados mucho mejores. Confía en que el nuevo paquete les dé ese empujón mínimo que marque la diferencia.

No espera un salto mágico hacia las victorias inmediatas, pero sí acercarse lo suficiente como para pelear por podios con más frecuencia. Reconoce debilidades claras en el coche, sobre todo en la manejabilidad y la dificultad para exprimirlo al límite. El potencial, sin embargo, está ahí.

McLaren asumió antes de empezar el año que había hipotecado parte de sus opciones para 2026 con tal de cerrar el título anterior. Ahora sabe también que el coche arrastra defectos estructurales que no vieron venir: relaciones de cambio demasiado cortas, exceso de drag, una batalla algo más corta de lo ideal.

Todo eso puede corregirse para el próximo curso, en un contexto en el que ya no estarán tan a oscuras con el funcionamiento de las unidades de potencia como al inicio de la nueva normativa de motores.

Un final de año con sombras fuera de la pista

Después de Brasil, el calendario marca tres citas más: Las Vegas, Qatar y Abu Dabi. Sobre el papel, tres oportunidades para que los equipos expriman hasta el último aprendizaje útil para 2027.

En la práctica, no está tan claro. Los grandes premios del Golfo están bajo la sombra de la guerra en Oriente Medio. MotoGP, propiedad del mismo grupo estadounidense que controla la Fórmula 1, corre este fin de semana en Qatar como especie de globo sonda para el gran premio de final de mes.

El personal desplazado allí ha recibido instrucciones muy severas sobre cómo actuar en caso de ataque con misiles. El panorama no invita a la ligereza.

El plazo para tomar una decisión se acerca. La Fórmula 1 ha hablado con gobiernos y expertos en seguridad y siente que ha hecho todo lo posible para obtener garantías. A partir de ahí, ya no depende de ella.

Los equipos trabajan al límite de su capacidad técnica; el campeonato, al límite de su capacidad organizativa. Todos avanzan preparados, con el optimismo de quien ha hecho los deberes y la prudencia de quien sabe que hay cosas que nunca podrá controlar.

Mientras tanto, en São Paulo, los motores volverán a rugir. El título está decidido, pero la historia, claramente, no ha terminado.