Fórmula 1 en Madrid: Un nuevo espectáculo en la casa del fútbol
En una ciudad donde el balón lo ocupa todo, la Fórmula 1 ha decidido plantarse en mitad del salón. Madrid, territorio de campeones del mundo, de finales europeas y de goles imposibles cada fin de semana, se asoma desde este fin de semana a otro tipo de espectáculo: 20 monoplazas buscando milésimas a la sombra del Bernabéu.
La apuesta no es menor. España no celebra un campeón del mundo de F1 desde Fernando Alonso hace 20 años. Madrid no veía un gran premio desde 1981. Y, sin embargo, el campeonato irrumpe en un lugar donde Real Madrid y Atlético ya llenan casi a diario el menú deportivo. ¿De verdad hacía falta otro gran evento en el corazón de Europa?
La ciudad está a punto de responder.
Del Bernabéu al rugido de los V6
Real Madrid es el listón con el que se mide todo en esta ciudad. Quince Copas de Europa, 36 Ligas, y una lista de Galácticos que va de Zinedine Zidane y Ronaldo a Jude Bellingham y Kylian Mbappé. Hace apenas unas semanas, 75.000 madridistas explotaban con la volea majestuosa de Mbappé para firmar el 3-0 ante el Málaga en media hora. El tipo de noche que parece insuperable.
Con ese contexto, cuesta imaginar que a los aficionados les falte algo. Fútbol masculino, fútbol femenino, un Bernabéu convertido en nave espacial de acero, con gradas vertiginosas que siguen imponiendo respeto, y un estadio del Real Madrid femenino pegado, casi pared con pared, al nuevo trazado de F1.
¿Girarán la cabeza hacia el rugido de los motores?
“Sí, la carrera es buena para Madrid”, responde un aficionado. Habla de orgullo, de una ciudad abierta, de una identidad que quiere enseñarse más allá del balón. “La carrera puede sacar a Madrid de solo el fútbol… Estoy más que emocionado, tengo curiosidad. Quiero ver cómo sale”.
Otro pone una nota de cautela. “Siempre hemos soñado con tener algo de F1 cerca de casa. Tenerla de vuelta es genial. He estado en Barcelona y en el GP de Bélgica, y quiero ver cómo va. Organizar suele ser un lío el primer año, no quiero ser el conejillo de indias”. Aun así, desea que el gran premio dispare el foco sobre la ciudad y que Madrid aprenda del modelo F1… y la F1 aprenda “la manera verdaderamente española” de vivir un gran evento.
Una ciudad de arte… y un circuito en Ifema
Madrid domina el arte. El Prado lo demuestra cada día. Los semáforos suenan a trino de pájaros, los cipreses mexicanos se mecen sobre el tráfico y los palacios clásicos recortan el cielo, muy lejos del trazado cuadriculado del centro.
Pero el gran premio no vivirá en esa postal. Los organizadores han elegido un área que muchos madrileños considerarían poco glamurosa: la zona ferial de Ifema, junto al aeropuerto, gestionada por una entidad cuasi pública. Un espacio más de exposiciones que de postales turísticas.
“Empezó como una broma, como una fantasía”, admite Luis García Abad, jefe de Madring y exmánager de Fernando Alonso, el único campeón del mundo español. “Un gran premio de F1 es como un unicornio: siempre intentas verlo y a veces es imposible. La cola de ciudades que quieren organizar un GP es enorme. Tienen que elegir bien. Nosotros firmamos un contrato de 10 años”.
Hace siete u ocho años, la idea parecía poco más que un deseo. Hasta que Ifema llamó a García Abad para preguntarle si era viable. “Después de una mañana aquí, dije: es posible”.
La elección tiene lógica. Madrid es una capital compacta, con un transporte público de alto nivel. El plan pasa por recortar aparcamientos y pedir a los aficionados que dejen el coche en casa. El tráfico, al menos sobre el papel, será asunto del metro y los autobuses.
Eso sí, las grandes estrellas no bajarán al andén. Patrick Dempsey, Rafael Nadal o Mbappé no esperarán en la estación de Avenida de América para subirse a la línea rosa camino del circuito. Tendrán su espacio reservado en las zonas VIP junto al enorme paddock, con seis áreas exclusivas.
Monumental: la curva de la que habla todo el paddock
¿Y qué se encontrarán los aficionados al llegar?
“Es una experiencia real, no solo para estar en Madrid, también para la F1”, promete García Abad. “Cada parte del circuito tiene su propia personalidad. Monumental… la curva 12, es enorme, increíble. Queríamos un tramo icónico: más de 30.000 personas alrededor de una sola curva”.
Monumental. El nombre ya ha corrido por todo el paddock. Una curva peraltada a 26 grados, bastante más larga que la de Zandvoort en el Gran Premio de Países Bajos. Un muro inclinado que atravesará lo que, en día de carrera, parecerá un pequeño pueblo. Encima, un área VIP con capacidad para alojar, si hiciera falta, al propio Rey de España y a su familia, como un castillo dominando la colina.
Subir a pie ya cuesta. Sentarse allí, con 44 grados de temperatura, es directamente imposible.
“Luis quería algo reconocible en nuestro circuito. Algo icónico”, explica Carlos Jiménez, director de operaciones de Ifema.
Monumental no ha sido el único quebradero de cabeza. Jiménez presume de un trazado pensado con criterios de sostenibilidad: energía renovable para alimentar el gran premio y uso parcial de edificios ya existentes. Aun así, el despliegue ha exigido músculo económico: 65 millones de euros en construcciones adicionales y 85 millones solo para el asfalto del circuito.
“Hubo muchos desafíos”, reconoce. “Empezamos a construir en el invierno más lluvioso en 20 años en España. La lluvia era torrencial. Sufrimos mucho, tuvimos que estabilizar zonas de arcilla que se comportan fatal con el agua. Muy complicado. Hay tres capas de asfalto. Aprendimos de una a la siguiente”.
En 2022, todo sonaba a locura. Hoy, Jiménez habla de “momentum”. De una ciudad vibrante, conocida por el fútbol, que quiere ofrecer algo más. “Como una estación de esquí debe tener buen après-ski, un circuito debe tener buen entretenimiento después de la carrera. Madrid va a estar en primera línea: la oferta gastronómica es increíble, el clima en septiembre es muy suave. Y la fiesta en Madrid es imbatible”.
Un urbano intenso, estrecho y sin perdón
Madring es, ante todo, un circuito urbano. Mitad vías públicas, mitad trazado construido para la ocasión. Y se siente. Estar en mitad de la pista, rodeado por muros que parecen cerrarse, ya impone. Con un Fórmula 1 a fondo, la sensación rozará el agobio. A simple vista, la anchura no invita precisamente a pensar en adelantamientos fáciles.
“Desde el punto de vista del piloto es un circuito duro”, avisa un entusiasmado García Abad. “Veintidós curvas, subidas y bajadas, curvas peraltadas… El trazado está adaptado a las nuevas regulaciones de la F1. Hablé con Charles Leclerc y me dijo que era un circuito increíble. En carrera habrá oportunidad de adelantar, pero no gratis. Hablamos de gladiadores, de los mejores pilotos del mundo”.
Algunos ya han probado el desafío en Fórmula 3. El madrileño Bruno del Pino lo describe sin rodeos: “Va a ser muy al límite. Siempre vas al máximo, las curvas son rápidas y los muros están cerca. Es como Jeddah pero más difícil”.
Sobre Monumental, su imagen es clara: “Ves tanto ángulo que parece que nunca acaba. La primera vez, la ves subir recta hacia arriba y sientes que vas a salir volando fuera del circuito. Para nosotros es plana por la carga aerodinámica, no es realmente una curva, pero la combinación anterior, las curvas 10 y 11, son muy rápidas y cerca del muro. Bastantes pilotos van a besar el muro”.
El británico Freddie Slater va un paso más allá: una vuelta en Madrid es “exaltante”, con adrenalina pura. Para él, es uno de los mejores circuitos del calendario, si no el mejor. Tiene carácter, baches, cambios de rasante. Un punto “old school” en un campeonato cada vez más pulido.
¿Quién necesita más a quién?
García Abad lo tiene claro: serán los aficionados quienes dicten sentencia sobre el experimento.
“No se trata solo de que Madrid necesite a la F1. Quizá la F1 también necesite a Madrid”, resume. “Estamos invirtiendo dinero para crear una experiencia dentro de una ciudad. El futuro del campeonato va en esta dirección: hay que cuidar a clientes y espectadores. Son nuestro futuro”.
La pregunta queda flotando sobre el asfalto nuevo de Madring. En una ciudad donde el grito habitual es “gol”, ¿acabará abriéndose paso el rugido de los motores?




