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Gran Premio de Italia 2023: Riesgo por Calor en Monza

Monza se prepara para arder. Y no solo por los motores.

El Gran Premio de Italia ha sido declarado oficialmente carrera de “riesgo por calor” después de que las altas temperaturas, herencia directa de la ola de calor veraniega, se hayan instalado sobre la región de Monza y el norte de Italia.

Las previsiones son claras: en algún momento de la carrera del domingo se superarán los 31 grados. Esa es la línea roja que activa la categoría de heat hazard y que obliga a la Fórmula 1 a abrir el abanico de medidas de protección para los pilotos. En este caso, no se toca el calendario ni el formato, pero sí la forma de soportar el calor dentro del habitáculo.

El ambiente alrededor del histórico trazado, al noreste de Milán, se moverá en la franja media de los 30 grados durante todo el fin de semana. El termómetro ya dio un aviso serio: el miércoles por la tarde se alcanzaron los 36 grados cerca del aeropuerto de Linate, en las afueras de la ciudad. Asfalto abrasador, aire denso, cabinas cerradas. Un cóctel exigente incluso para atletas de élite.

La designación permite a los pilotos utilizar un sistema de refrigeración líquida bajo el mono ignífugo. Un circuito de tuberías finas recorre una camiseta especial por la que circula un fluido refrigerante, como el glicol, para reducir la temperatura corporal en plena acción. No alivia el esfuerzo físico ni el estrés mental, pero puede marcar la diferencia entre llegar al final entero o al límite del desfallecimiento.

No es obligatorio llevar este sistema. Y ahí entra en juego el reglamento deportivo. Quien decida no utilizar el kit de refrigeración deberá cargar con 5 kilos de lastre extra en el coche. Un castigo directo a cualquier intento de buscar ventaja sacrificando seguridad y bienestar. O te enfrías, o pesas más.

En un circuito como Monza, donde cada kilo cuenta en las frenadas de alta velocidad y en las larguísimas rectas, esos 5 kilos pueden traducirse en centésimas por vuelta. Lo suficiente para que equipos y pilotos se lo piensen dos veces antes de renunciar a la ayuda tecnológica.

El templo de la velocidad se convertirá este fin de semana también en un laboratorio extremo de resistencia humana. Entre el rebufo, las frenadas a más de 300 km/h y el asfalto al rojo vivo, la pregunta ya no es solo quién será el más rápido, sino quién aguantará mejor el calor en la catedral de Monza.