Hamilton critica la gestión de Ferrari en Monza
Lewis Hamilton salió de la clasificación de Monza con un quinto puesto, un Ferrari competitivo… y la sensación cada vez más clara de que el equipo no está haciendo todo lo posible por su asalto al título de 2026. El británico, a 59 puntos del líder del campeonato, Kimi Antonelli, ve cómo esa luz que todavía vislumbra en el horizonte se vuelve más tenue cada fin de semana. Y señala, sin rodeos, a la gestión interna de Ferrari.
Un campeonato que se escapa
Los números son contundentes. Hamilton persigue a Antonelli con casi dos carreras y media de desventaja y solo 28 puntos de margen sobre su compañero Charles Leclerc. El italiano de Mercedes saldrá desde el fondo de la parrilla en Monza por penalizaciones de motor, una oportunidad de oro para recortar. Justo por eso, el británico esperaba un enfoque quirúrgico del muro de Ferrari hacia su coche.
No lo ve.
Ya en Zandvoort, Hamilton dejó claro que sentía que Ferrari no había priorizado su carrera como sí hizo Mercedes con Antonelli y George Russell. En Monza, la clasificación volvió a encender las alarmas. El inglés habló con muchas pausas, midiendo cada palabra, pero el mensaje fue directo: con un déficit así, el equipo no puede permitirse lujos.
“Estamos en un punto del año en el que 59 puntos es una desventaja enorme para recuperar, especialmente cuando Mercedes sigue siendo la referencia en velocidad. Tenemos que trabajar como equipo”, dijo, antes de dejar frases a medio terminar que delataban su frustración: “¿Hemos sido… si y cuando eso cambie… Lo veremos, pero todo lo que puedo hacer es llegar e intentar hacer el mejor trabajo posible”.
El juego del rebufo… y la sensación de agravio
En Monza, el orden en pista entre los Ferrari no dependía de la clasificación del campeonato, sino de un acuerdo previo: este fin de semana, Hamilton tenía prioridad para elegir cuándo salir en relación a Leclerc. Eligió ir detrás del monegasco, donde el rebufo es oro.
Leclerc ya lo había admitido el jueves: sabía que tocaría ayudar a Hamilton con la estela, pero dejó claro que no esperaba que Ferrari “comprometiera” su propia clasificación por ello. Incluso apuntó que estaría encantado de remolcar a Hamilton si a su vez él podía engancharse al rebufo de otro rival.
Ese matiz, el equilibrio entre ayuda y beneficio propio, se convirtió en el centro del malestar de Hamilton el sábado.
El británico estuvo a un suspiro de quedarse fuera en Q2: solo 0,001 segundos le salvaron del 11º puesto de Gabriel Bortoleto. Una diferencia microscópica que, en su opinión, nació de la gestión del plan de vueltas condicionada por las preferencias de Leclerc.
“Se suponía que íbamos a hacer push–cool–cool–push. Pero como todos estaban esperando y Charles no quería salir primero, tuvimos que esperar–esperar–esperar. Y al final solo tuvimos una vuelta rápida. Eso lo hizo bastante complicado para nosotros”, explicó.
En Q3, el guion se torció todavía más. Hamilton debía rodar pegado a Leclerc en sus dos intentos, pero Ferrari no lo envió a pista con suficiente antelación en la primera salida. Resultado: el británico se encontró solo, sin rebufo, a un tercio de vuelta del grueso de la parrilla.
“No tenía ni las ruedas puestas en el coche y todo el mundo salió mientras mi motor ya estaba en marcha. Eso me sacó del ritmo para el segundo intento, porque cuando sigues a otro coche, cuando vas en el rebufo, llegas mucho más rápido a las frenadas, cambian los puntos de referencia. Y cuando vas solo, pierdes el rebufo. Se pierde muchísimo tiempo sin esa estela”.
Zandvoort, Alpine y el espejo incómodo
Desde Zandvoort, Hamilton viene insistiendo en el mismo punto: trabajo de equipo y estrategia. Cuando le preguntaron qué conversaciones se habían tenido tras aquel fin de semana, se tomó su tiempo. Y prácticamente esquivó la respuesta.
Lo que sí dijo fue significativo: “Lo que puedo decir es que Pierre [Gasly] hizo un gran trabajo y, visto desde la distancia, parecía que ellos [Alpine] trabajaron muy bien como equipo”.
No habló de Ferrari. Habló de Alpine. Y eso, en el paddock, pesa.
A la pregunta directa de si Ferrari debería volcarse con su piloto mejor colocado en el campeonato mientras aún hay una opción, aunque sea remota, Hamilton no se escondió: “Hay luz al final del túnel, pero se está volviendo más tenue cuanto más avanzamos. Aunque el equipo está haciendo un trabajo increíble trayendo mejoras y empujándonos hacia delante, estoy muy orgulloso de todos. Lo digo siempre porque realmente lo estoy. No podría hacer lo que hago sin ver el gran trabajo de todos, y siempre quiero reconocerlo para que sigan empujando, que mantengan el hambre, la pasión y el fuego.
“Pero también en la pista, tenemos que venir correctos y actuar en consecuencia para asegurarnos de conseguir el resultado que necesitamos”.
El dilema Ferrari: priorizar a Hamilton… con Leclerc blindado
El problema para Ferrari no es solo técnico, es político. Leclerc acaba de firmar un contrato aún más largo, es el proyecto a largo plazo de Maranello y no es sencillo sentarlo y decirle, a estas alturas, que debe sacrificarse por Hamilton.
Quedan, en teoría, 283 puntos en juego esta temporada. Suficientes, como argumenta cualquier piloto de élite, para seguir creyendo en sus opciones. Más aún cuando Leclerc y Hamilton están prácticamente igualados en el cara a cara de clasificación durante el año. No hay un número uno claro sobre el papel.
Ferrari se mueve sobre una cuerda floja: si se inclina hacia Hamilton, corre el riesgo de erosionar la confianza de Leclerc. Si mantiene la equidad a ultranza, puede estar diluyendo la última bala real de título que le queda en este curso.
En Monza, Hamilton volvió a hacer su parte: competitivo, incisivo, dispuesto a jugar en equipo con el rebufo cuando le toca ir detrás. Pero cada vez que el semáforo se pone en verde y las decisiones del muro no reflejan la jerarquía del campeonato, el británico ve cómo esa luz al final del túnel se encoge un poco más.
La próxima vez que Ferrari tenga que elegir entre la aritmética del título y el equilibrio interno, ¿se atreverá a tomar partido?




