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Lewis Hamilton revive su Ferrari F40 en Maranello

Lewis Hamilton ya tiene entre manos algo más que su nuevo reto con Scuderia Ferrari en la Fórmula 1. En Maranello, el siete veces campeón del mundo está viviendo un proyecto muy personal: devolver a la vida el coche con el que soñaba de niño, un Ferrari F40 que llevaba más de tres décadas enterrado en polvo en un garaje.

No se trata de un capricho cualquiera. Solo se fabricaron 1.311 unidades del F40 entre 1987 y 1993. Cada una de ellas es hoy un tesoro. Diseñado por Pininfarina y desarrollado por el ingeniero Nicola Materazzi, este deportivo de motor central y tracción trasera es una pieza de culto, tanto en la historia de Ferrari como en el imaginario de cualquier amante del motor.

El F40 tuvo su versión de competición, producida entre 1994 y 1996, pero el modelo de carretera sigue siendo el rey. Su silueta baja, su alerón inconfundible, ese lenguaje de diseño agresivo y limpio a la vez, continúan acelerando pulsaciones casi cuatro décadas después. Entre esos corazones conquistados, uno late con especial fuerza: el de Hamilton.

El británico nunca ha escondido su devoción por el F40. Lo ha citado en más de una ocasión como el coche de sus sueños. Y no se quedó en palabras. Cuando se incorporó a Ferrari para la temporada 2025 de F1, se dejó fotografiar en Maranello junto a un F40, como si necesitara sellar su nueva etapa con un símbolo rojo y radicalmente clásico.

Meses después, volvió a llamar la atención al conducir un F40 por las calles de Japón durante el fin de semana del Gran Premio japonés. No era un simple paseo publicitario. Era la confirmación de una relación casi sentimental con ese modelo.

Ahora ha dado el siguiente paso: ha llevado su propio F40 a Maranello para someterlo a una restauración profunda. No era una unidad de museo, ni un coche mimado en una colección privada. Era un F40 encontrado cubierto de polvo, tras más de treinta años parado en un garaje. Un hallazgo casi cinematográfico.

Hamilton lo presentó al mundo con una frase que lo dice todo: “Mi propio F40”. En sus palabras, este coche ha sido “el coche de mis sueños desde que tengo memoria”. De niño lo imaginaba, lo deseaba. Ya como piloto de Ferrari, se aseguró de tener uno a su lado el primer día que cruzó las puertas de la fábrica de Maranello. Ese es el peso emocional que tiene para él.

Al encontrar esta unidad olvidada, no dudó. Decidió “llevarla a casa”. Y su casa ahora es Maranello. Allí, los ingenieros y mecánicos de la fábrica se han volcado durante semanas para devolverle la vida a la máquina. Un trabajo de orfebrería mecánica sobre una obra que Hamilton define como “arte” y que, por su rareza, exige un respeto absoluto a cada detalle.

El proyecto ya es una realidad. El F40 ha pasado de ser una reliquia cubierta de polvo a renacer en el mismo lugar donde se forjan los monoplazas de Ferrari. Hamilton ha agradecido públicamente a todos los que han participado en la restauración y no oculta que está cumpliendo un sueño de infancia.

Ahora, con su F40 restaurado y su nueva etapa en Ferrari en marcha, el británico une dos líneas de su propia historia: el niño que pegaba pósters en la pared y el campeón que puede encargar a Maranello que le reconstruya el coche de sus fantasías. Y promete que esto es solo el principio: asegura que no puede esperar para enseñar más detalles de esta aventura.

El rugido de ese V8 biturbo, cuando vuelva a la carretera, contará mejor que nadie cuánto significa este proyecto para él. Y plantea una pregunta inevitable: ¿hasta dónde puede llegar Hamilton cuando su pasión por Ferrari ya no se limita al volante de un F1, sino que también vive en el garaje de sus sueños?

Lewis Hamilton revive su Ferrari F40 en Maranello