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Impacto de la guerra en el Golfo: Eventos cancelados y turismo afectado

Los focos siguen encendidos, pero el espectáculo se ha desplazado. El Bahrain Grand Prix de Fórmula 1 se mantiene en el calendario de octubre… solo que no se correrá en el Golfo, sino a miles de kilómetros, en Malasia. Un símbolo perfecto de lo que vive hoy la región: los grandes eventos se alejan, los hoteles de lujo vacían sus suites y las inversiones estrella se topan de frente con el riesgo de guerra.

El mapa de los grandes eventos se rescribe

Arabia Saudí, que apostó miles de millones de dólares por convertirse en un polo mundial de videojuegos, ha tenido que sacar su joya de la corona del calendario: el E-Sports World Cup se muda de Riad a París. La Fórmula 1 directamente canceló la carrera de abril en el reino. En el papel, el Abu Dhabi Grand Prix sigue programado para diciembre, pero la propia F1 admite que todo puede cambiar según evolucione el conflicto.

La música tampoco se salva. Un festival en Emiratos Árabes Unidos que tenía a Shakira como cabeza de cartel ya ha sido cancelado. Las pantallas gigantes, los escenarios, las activaciones de marca… todo guardado antes de tiempo.

El golpe no es solo de imagen. Aviación, inmobiliario, turismo, logística marítima y hotelería encadenan meses de números rojos. Falta demanda, sobran riesgos y, para completar el cuadro, los cuellos de botella en el transporte retrasan entregas de todo tipo de mercancías, desde maquinaria pesada hasta barriles de cerveza importada.

“Cuando esto termine, aún van a hacer falta seis meses para que las cosas empiecen a sentirse normales otra vez”, advierte Rafael Khanoyan, director ejecutivo de la constructora emiratí Al Ryum Group, que describe cómo los desvíos de contenedores y los atascos en puertos han disparado el coste de los bienes importados.

De la esperanza al baño de realidad

Los líderes del Golfo llegaron al verano con un guion muy distinto en mente: una fase violenta corta, seguida de largas negociaciones sobre el programa nuclear iraní y una recuperación económica gradual. Esa expectativa se ha evaporado. Ahora se preparan para un periodo prolongado de conflicto de baja intensidad, sin una hoja de ruta clara desde Washington que apunte a un final.

En Dubái, uno de los termómetros más visibles de la región, los empresarios de los sectores más castigados hablan ya de una recuperación lejana. El gobierno ha restringido la información sobre daños de guerra, ha dejado de publicar ciertos datos y ha lanzado una ofensiva de marketing para vender al emirato como si hubiera vuelto a su esplendor previo al conflicto. Pero las cifras cuentan otra historia.

Wynn Resorts, que construye en Emiratos el primer resort con casino legal del país por más de 5.000 millones de dólares, ha tenido que asumir meses de retraso en la apertura y un aumento de costes de cientos de millones. “No voy a decir que no hay riesgo, pero cuando analizamos el proyecto no asumimos una región con riesgo geopolítico cero”, recordó su consejero delegado, Craig Billings, ante inversores en agosto. “Apostamos por un país con capacidad demostrada para gestionar ese riesgo”.

Cielos vacíos, aeropuertos a medio gas

El cielo sobre el Golfo también ha cambiado. Muchas aerolíneas europeas y norteamericanas —entre ellas Air Canada, KLM y Lufthansa— han prolongado la suspensión de vuelos a Dubái, en algunos casos hasta el año que viene.

Las compañías del propio Golfo han decidido seguir volando, incluso atravesando espacio aéreo iraní. Su tolerancia al riesgo es mayor. Según datos recogidos por la prensa internacional, decenas de aviones han aterrizado o despegado del Dubai International Airport en los cinco minutos posteriores a alertas de posibles ataques con misiles o drones.

El impacto se nota en los balances. El aeropuerto, habitualmente entre los más transitados del mundo, registró una caída del 31% en su tráfico de pasajeros en el primer semestre de 2026 respecto al año anterior. La carga aérea se desplomó un 29% en el mismo periodo.

En tierra, el panorama no es mejor. La consultora Cavendish Maxwell cifra en un 56% la ocupación hotelera media en la primera mitad del año, muy lejos del entorno del 80% de 2025. Los hoteles de lujo y gama alta son los que más han sufrido.

Vision 2030, bajo presión

Para Arabia Saudí, el golpe tiene un ángulo estratégico. El turismo debía ser uno de los grandes contrapesos al petróleo dentro del plan Vision 2030 impulsado por el príncipe heredero Mohammed bin Salman. Ahora, ese pilar pierde atractivo.

“Vision 2030 ya estaba un poco tambaleante y ya estaban cambiando prioridades”, explica Neil Quilliam, investigador asociado en el think tank Chatham House de Londres. En su análisis, se percibe “un giro desde las vertientes más suaves de los objetivos de negocio hacia una apuesta más clara por la industrialización”.

Dubái también siente el temblor. El índice inmobiliario de la ciudad, que sigue a los grandes promotores cotizados, ha perdido alrededor de un tercio de su valor desde el inicio de la guerra. Las ventas residenciales cayeron un 31% en primavera, y el segmento de lujo —propiedades por encima de los 4 millones de dólares— se hundió un 59%, según la agencia Betterhomes.

“Este año se fue a la basura”, resume sin rodeos Walid Abou Sabha, consultor inmobiliario afincado en Dubái.

Libanés de origen, llegó al emirato en 2023 para aprovechar el boom inmobiliario posterior al Covid. Pasó de ganar unos 2.000 dólares al mes en otros mercados de Oriente Medio a embolsarse 65.000 mensuales vendiendo propiedades y abrazando el estilo de vida de Dubái: coches deportivos, fiestas, relojes caros.

Todo cambió cuando Irán empezó a disparar contra Dubái en el primer día de la guerra. Sus ventas, que rondaban las siete operaciones mensuales a comienzos de primavera, se desplomaron a cero. Aun así, mantiene la fe en el rebote a medio plazo. “No se puede apostar en contra de Dubái. Cada vez que alguien lo hizo, terminó perdiendo”, sentencia.

Precios que resisten… por ahora

Pese al frenazo en la demanda, los precios han aguantado sorprendentemente bien. Betterhomes calcula que el precio medio de venta de viviendas en Dubái subió un 3% en el segundo trimestre de 2026 frente al mismo periodo del año anterior.

En hoteles, las tarifas solo han caído un 7% en la primera mitad del año respecto a 2025, pese a las habitaciones vacías. Los billetes de avión se mantienen altos: menos competencia y combustible más caro sostienen las tarifas.

Alistair Paine, director ejecutivo de la consultora Peninsula, que asesora a empresas extranjeras para implantarse en Arabia Saudí y Emiratos, cree que esa resistencia tiene fecha de caducidad. A su juicio, los precios acabarán cediendo ante la caída de negocio, probablemente hacia finales de año. “Aquí hay un efecto tiempo que todavía no se ha terminado de reflejar”, apunta.

Asia huele la oportunidad

Mientras el Golfo intenta contener la sangría, otros países mueven ficha para atraer capital y talento que podrían abandonar la región. Singapur anunció en agosto una exención fiscal para determinados beneficios de inversión gestionados por firmas de fondos. Turquía lanzó en junio una exención de 20 años sobre ciertos ingresos del extranjero para nuevos residentes, junto con un impuesto de sucesiones reducido.

Ambos países, además, ofrecen vías de naturalización mucho más accesibles que las de los estados del Golfo, donde obtener la ciudadanía sigue siendo excepcional.

“Están incentivando a las empresas a aprovechar lo que está ocurriendo en el Golfo”, resume Quilliam. El problema para muchas compañías que desembarcaron allí seducidas por la riqueza regional es que ahora se topan con una maraña burocrática y con actitudes punitivas hacia quienes se marchan, lo que complica cualquier regreso futuro. “Es un ejercicio de equilibrio”, advierte el analista.

Dubái se defiende

Ante la inquietud del sector privado, Emiratos ha activado su propio plan de contención. Altos cargos emiratíes, habitualmente discretos, se han dejado ver en reuniones con inversores y emprendedores para transmitir calma.

Dubái aprobó en primavera paquetes de estímulo por unos 680 millones de dólares. El menú incluye aplazamientos o exenciones de ciertas tasas gubernamentales, ayudas directas a hoteles y procesos de residencia más ágiles.

El emirato también ha sacado la artillería promocional: cupones turísticos por cientos de dólares que ofrecen entradas gratuitas a parques acuáticos y temáticos, estancias de hotel casi a mitad de precio en la exclusiva Palm Jumeirah y tres meses de suscripción premium a un servicio de entrega de comida.

En el calendario siguen figurando citas de alto perfil. Un torneo internacional de golf organizado por Emiratos está previsto para noviembre. Antes de que acabe el año, el país espera recibir a Hans Zimmer, Imagine Dragons, The Chainsmokers, Russell Peters y Trevor Noah.

La pregunta es si el contexto geopolítico permitirá que todo eso se celebre como está planeado. Desde dentro, la respuesta no es triunfalista. “Un estado de ni guerra ni paz no puede ser una solución sostenible”, advirtió esta semana en redes sociales Anwar Gargash, uno de los asesores emiratíes más influyentes.

En el Golfo, el negocio ha aprendido a convivir con la volatilidad. La incógnita ahora es cuánto tiempo podrá seguir haciéndolo antes de que el modelo, tal y como está diseñado, tenga que cambiar.