Kimi Antonelli conquista Monza con una remontada histórica
Kimi Antonelli no solo ganó el Gran Premio de Italia. Se adueñó de Monza, de los tifosi huérfanos de Ferrari y, quizá, del futuro inmediato de la Fórmula 1.
El piloto de Mercedes partía 19º en la parrilla. Diecinueve. En el templo de la velocidad. En casa. Menos de 17 vueltas después ya estaba al frente del pelotón. Y al caer la bandera a cuadros, se había convertido en el primer italiano en ganar en Monza en 60 años.
“Dios mío… Se siente como un sueño”, exclamó por la radio nada más cruzar la meta. Sonaba más incrédulo que eufórico. Luego, ya fuera del coche, lo repitió a su manera: no lo esperaba, no podía imaginarse ahí, pero lo habían conseguido. “Increíble, increíble. Estoy tan feliz…”, confesó el joven de 20 años, en apenas su segunda temporada en la categoría reina.
Un italiano, un Mercedes y una grada de rojo en silencio
El guion de la tarde cambió de golpe en la segunda vuelta. Charles Leclerc, el héroe local de Ferrari, perdió el control a la salida de Parabolica, se fue a gran velocidad contra las barreras y dejó helado el circuito. Se bajó del coche, se sentó junto a la pista, roto. En las gradas, miles de tifosi, muchos con lágrimas en los ojos, miraban incrédulos cómo se esfumaba, otra vez, el sueño de ver ganar a un Ferrari en casa.
Mientras tanto, casi sin que nadie reparara del todo en ello, Antonelli ya había escalado hasta la 12ª posición. Con la carrera detenida por bandera roja, el italiano empezó a creérselo. Y cuando el semáforo volvió a apagarse, no tuvo piedad: coche a coche, frenada a frenada, fue abriéndose paso hasta dejar solo a George Russell entre él y la gloria.
La batalla interna en Mercedes
Russell había arrancado segundo y no tardó en superar al sorprendente polesitter Pierre Gasly al inicio de la segunda vuelta. Con Leclerc fuera de combate, el británico olió una oportunidad de oro para recortar puntos en el campeonato, más aún con Antonelli penalizado en parrilla tras el cambio de unidad de potencia.
No contaba con la furia desatada de su compañero.
Los dos Mercedes se enzarzaron en un duelo de alta tensión, adelantándose y devolviéndose la jugada, hasta el punto de que el muro del equipo tuvo que intervenir por radio para pedir calma y exigirles que abrieran hueco sobre Max Verstappen antes de volver a pelear por la victoria.
Verstappen, tercero al final, nunca llegó a estar realmente en la conversación por el triunfo. El tricampeón rodó a distancia, sin ritmo para inquietar a las flechas plateadas, y terminó por delante del McLaren de Lando Norris, vigente campeón, y de Oscar Piastri. Lewis Hamilton, en el otro Ferrari, solo pudo ser sexto, demasiado lejos para consolar a la afición local.
La jugada estratégica que lo cambió todo
La carrera dio otro giro en la vuelta 29. Bajo coche de seguridad virtual, Mercedes dividió estrategias. Antonelli entró en boxes. Russell se quedó fuera.
El italiano regresó a pista en sexta posición, con neumáticos frescos y una misión clara: cazar de nuevo a su compañero. Vuelta tras vuelta, fue limando la diferencia, aprovechando la vida extra de sus gomas. Russell, sorprendido por la decisión del equipo, lo reconoció después: pensaba que ambos se quedarían en pista, que la moneda podía caer de cualquier lado. Esta vez, cayó del lado de Antonelli.
“Kimi está en control y se lo merece”, admitió el británico al hablar del campeonato. Sabe que la brecha ya es enorme: 66 puntos separan ahora al italiano de su rival más cercano tras la séptima victoria de la temporada, siete triunfos que también son los siete primeros de su incipiente carrera en Fórmula 1.
Un error, un susto… y el adelantamiento definitivo
Cuando todo apuntaba a una remontada perfecta, Antonelli se salió brevemente por la grava en el intento de pasar a Russell en la vuelta 49. Durante unos segundos, pareció que el sueño podía desmoronarse justo en el clímax.
No duró mucho la duda.
El ritmo del italiano era tan superior que recuperó de inmediato el terreno perdido. Un giro más tarde, se lanzó de nuevo, esta vez con precisión quirúrgica, y superó a Russell sin contemplaciones. A falta de tres vueltas para el final, el futuro campeón oficioso ya tenía el control total de la carrera.
Liam Lawson cruzó la meta en 14ª posición, lejos del foco, en una jornada en la que casi todo giró en torno a un apellido: Antonelli.
“El mejor (gran premio) está por llegar”, avisó el propio Kimi al hacer balance. Si lo de Monza, con salida 19º, remontada histórica y victoria ante su compañero directo por el título, no es todavía su mejor obra, ¿qué tipo de carrera le queda por firmar al joven que ya acaricia el título más precoz de la historia de la Fórmula 1?




