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Kimi Antonelli convierte Monza en un milagro italiano desde el 19º puesto

Kimi Antonelli convierte Monza en un milagro italiano desde el 19º puesto.

El domingo en Monza no fue una carrera. Fue una película. Y Kimi Antonelli, con 20 años y saliendo 19º, se quedó con el papel principal.

El italiano cruzó la meta primero en el Autodromo Nazionale Monza, resistiendo el asedio final de su compañero y rival George Russell para ganar su Gran Premio de casa en una de las pruebas más vibrantes de la temporada 2026. Russell, que lo tuvo todo en sus manos, terminó segundo. Max Verstappen, en modo depredador, se quedó con el tercer lugar tras un duelo feroz con Oscar Piastri.

En la meta, el comentario de David Croft sonó casi como un veredicto: “You can’t script things like that”. Y tenía razón. Nadie habría osado escribir un guion así.

Un italiano vuelve a reinar en el Templo de la Velocidad

El contraste en la parrilla al caer la bandera a cuadros fue brutal. Éxtasis y lágrimas para Antonelli, que se convierte en el primer italiano en ganar en Monza desde Ludovico Scarfiotti en 1966. Sesenta años de espera, borrados en 53 vueltas.

Para Russell, en cambio, la carrera fue una montaña rusa que acabó en caída libre. Controló el inicio, dominó tras arrebatarle el liderato a Pierre Gasly y parecía encaminarse a una victoria cómoda. Hasta que la estrategia lo dejó vendido en las últimas vueltas ante el empuje del joven compañero.

Piastri, por su parte, se marchó con una decepción amarga. Estuvo en zona de podio, tuvo en sus manos el tercer lugar, pero no pudo contener a Verstappen y, en los últimos metros de la vuelta final, vio cómo su propio compañero Lando Norris le arrebataba también la cuarta plaza. Quinto al final. Un golpe duro para alguien que lleva semanas persiguiendo un nuevo podio.

En el podio, Antonelli apenas encontraba palabras. Secándose las lágrimas, solo alcanzó a decir: “Increíble. Estoy tan feliz. Nunca podría haber imaginado estar aquí hoy. Lo hemos conseguido y estoy realmente feliz”. No hacía falta más. El resto lo contaba el rugido de las gradas.

Su hazaña entra directo en los libros de historia: solo John Watson, que ganó saliendo 22º en el Gran Premio de Estados Unidos de 1983, ha triunfado desde una posición de salida más retrasada.

Monza, escenario perfecto para la remontada

El llamado Templo de la Velocidad ofreció todo lo que promete su apodo. El trazado de 5,793 km, con su larguísima recta de meta y la frenada brutal de la chicane de las curvas 1 y 2, volvió a demostrar por qué es uno de los mejores circuitos del calendario para adelantar. Y Antonelli lo exprimió vuelta a vuelta.

Pierre Gasly había firmado la pole, soñando con repetir la gesta de hace seis años, cuando ganó aquí su única carrera. Pero su ilusión duró poco. El francés nunca tuvo ritmo para contener a los Mercedes y Russell le arrebató el liderato con autoridad, abriendo hueco y proyectando la imagen de una tarde tranquila para las Flechas de Plata.

Entonces llegó el golpe que cambió todo.

Charles Leclerc sufrió un accidente brutal en las primeras vueltas, estrellándose contra las barreras y silenciando de golpe a la marea roja. El impacto desató el pánico en las gradas de Ferrari y obligó a detener la acción durante unos 30 minutos mientras los comisarios reparaban las protecciones. Cuando el coche de seguridad virtual dio paso de nuevo a la velocidad, la carrera ya era otra.

Ese parón permitió a Antonelli reorganizar su ataque y le abrió una ventana táctica que terminaría resultando decisiva. También metió en la pelea a Piastri, que empezó a ver el podio como un objetivo real.

La jugada estratégica que dejó vendido a Russell

Con la carrera relanzada, los dos Mercedes se enzarzaron en un duelo directo por la victoria. Adelantamientos, cambios de ritmo, un liderazgo que iba y venía. Pero el momento clave no llegó en pista, sino en el muro.

Lance Stroll provocó un coche de seguridad virtual y ahí se rompió la simetría. Mercedes llamó a boxes a Antonelli. Russell se quedó fuera. En ese instante, el británico pasó de líder sólido a pato de feria.

Con neumáticos frescos, Antonelli empezó a recortar segundos a un ritmo implacable. Cada vuelta era una cuenta atrás. Russell, atado a una estrategia más conservadora, veía cómo el margen se desvanecía curva a curva.

El desenlace fue inevitable. En las últimas vueltas, el italiano cazó a su compañero y lo superó, sellando una remontada que la grada celebró como si fuera un título mundial.

Russell, correcto pero visiblemente tocado, reconoció después su sorpresa por la decisión del equipo: pensaba que ambos se quedarían fuera. “Al final, era una tirada de dados en ambos sentidos”, admitió. Esta vez, el dado cayó del lado del chico de casa.

McLaren al límite: roce entre Norris y Piastri

La tensión no fue exclusiva de Mercedes. McLaren también vivió su propio incendio interno. Norris y Piastri rodaron al límite, tan cerca que por momentos pareció que el equipo podía perderlo todo en un solo error.

Norris lanzó un ataque decidido sobre Piastri y el australiano defendió la posición con dureza. El británico, furioso, no tardó en quejarse por radio: “Me ha echado fuera de pista. Ha sido peligroso”. Desde el muro, McLaren reaccionó rápido y recordó a Piastri la necesidad de mantener una “lucha limpia”.

El australiano tiene motivos para la ansiedad. No sube al podio desde el Gran Premio de Miami en mayo, donde terminó tercero, y cada oportunidad perdida pesa más que la anterior. En Monza, lo tuvo cerca. Salió con un quinto lugar que sabe a poco.

La noche en Italia se cerró con una imagen poderosa: un joven de 20 años, bandera al aire, mirando incrédulo al podio del circuito donde creció soñando. Monza vuelve a tener un héroe local. Y el campeonato, un nuevo protagonista que ya no piensa en remontar desde el fondo, sino en cuánto tiempo podrá sostener esta ola.