Kimi Antonelli logra remontada histórica en el Gran Premio de Italia
El Italian Grand Prix encontró un nuevo héroe. Kimi Antonelli, 19º en la parrilla de salida, cruzó la meta primero en Monza y convirtió una carrera caótica en una de esas victorias que se recuerdan durante años. Lo hizo en casa, bajo una pista que se iba deshaciendo por momentos y ante rivales con más experiencia, pero con menos respuestas.
George Russell terminó segundo tras liderar buena parte de la prueba, mientras que Max Verstappen, falto de velocidad punta, se tuvo que conformar con el tercer escalón del podio. Lando Norris arrebató en el último suspiro el cuarto puesto a su compañero Oscar Piastri.
Del fondo de la parrilla al frente del pelotón
La remontada de Antonelli no fue un golpe de suerte. Fue un asedio constante. Vuelta a vuelta, adelantamiento a adelantamiento, el italiano fue escalando posiciones hasta colocarse en la pelea grande tras el segundo reinicio.
“Después del segundo reinicio sabía que estaba ahí arriba y que podía tener una opción de ganar. Creí en ello, especialmente cuando estaba detrás de George”, reconoció después. Y se notó. Cada giro lo acercaba al Mercedes de Russell, que empezaba a sufrir con los neumáticos.
El británico completó toda la carrera con el mismo compuesto duro. Durante muchos giros pareció una apuesta ganadora. Control, ritmo sólido, cabeza fría. Pero el precio llegó al final: “Estaba sufriendo con los neumáticos al hacer toda la carrera con ese duro. Fue más positivo que antes del parón veraniego, que era lo que necesitaba, pero, por supuesto, me habría encantado ser P1 hoy”.
El reloj, sin embargo, marcaba otra cosa. Antonelli fue limando la distancia hasta colocarse a tiro. Desde el muro, le exigieron rodar en 1m24.5s para cazar a su compañero. Cumplió. Y algo más.
El primer asalto: error sobre el límite
Cuando por fin llegó el momento del cuerpo a cuerpo, la tensión se palpó en cada metro. Antonelli trató de forzar a Russell a cubrir el interior en la primera chicane. Lo consiguió. Buscó el cambio de trayectoria, el famoso “cut back”, pero el británico se pasó de frenada en la primera curva y el italiano se vio empujado a la zona sucia en la segunda.
Se subió a las “marbles”, perdió agarre y se fue al gravel. Un respiro inesperado para Russell. Un susto para la afición. Un aviso de que Antonelli no pensaba levantar el pie.
Mercedes intentó calmar las aguas por radio. Mensaje claro: evitar la batalla abierta para no regalarle una oportunidad a Verstappen, que venía detrás esperando cualquier error. Pero con un piloto italiano oliendo la victoria en Monza, la diplomacia tiene poco recorrido. “¿Que no peleen? Ni en sueños”, pensaría más de uno en el garaje.
El adelantamiento decisivo
El desgaste de Russell se hizo cada vez más evidente. El propio piloto avisó por radio de que los neumáticos empezaban a “abrirse”, sobrecalentados y castigados. El coche se movía demasiado en las Lesmos, le costaba mantenerlo recto en la salida de las curvas rápidas.
Antonelli, en cambio, olió sangre. Empezó a rodar más libre, menos conservador, exprimiendo el agarre donde otros ya no lo encontraban. Redujo la diferencia a menos de cinco segundos, luego a cuatro, luego a nada.
En la aproximación a la Variante Ascari, el italiano se lanzó sin contemplaciones. Aprovechó la mejor tracción, se colocó a la par y terminó completando el adelantamiento en la zona más comprometida del circuito. Sin dudas. Sin red. A partir de ahí, solo vio pista libre.
Cuando cruzó la meta, ya estaba 1.1 segundos por delante de Russell. De la 19ª posición a la victoria. En Monza. Ante su público. “Increíble. Estoy tan feliz, nunca podría haber imaginado estar aquí hoy, pero lo hemos conseguido”, confesó, todavía incrédulo. “Fue bastante aterrador cuando el asfalto empezó a romperse, pero pensé que aún podía hacer la curva. Me fui recto, creí que quizá había perdido mi oportunidad, pero por suerte todavía teníamos ritmo y pudimos llevarlo hasta el final”.
El triunfo, además, le permite ampliar su ventaja al frente del campeonato. No fue solo un golpe emocional. Fue un golpe clasificatorio.
Verstappen, a remolque; los McLaren, en guerra interna
Mientras la batalla por la victoria se resolvía entre los Mercedes, Verstappen vivía una tarde extraña. El neerlandés se quejó de falta de velocidad punta y de problemas de despliegue entre las curvas 2 y 4. Lo intentó todo, incluso adelantamientos al límite con el modo de adelantamiento activado, pero el coche no acompañaba.
“Top speed no fue nuestro amigo hoy”, admitió. En un intento de pasar a Piastri en la primera chicane, se pasó de frenada, bloqueó y tuvo que irse a la escapatoria, cediendo momentáneamente la posición al australiano. Solo más tarde, con algo más de ritmo, consolidó el tercer puesto.
Por detrás, la lucha entre los McLaren fue tan intensa como cara. Norris y Piastri se enzarzaron en una pelea rueda a rueda que primero permitió a Verstappen escaparse y luego terminó decidiendo el cuarto lugar.
Norris, tras superar a Lewis Hamilton para ponerse quinto, se lanzó a por su compañero. Lo intentó en Curva Grande, por el exterior, sin éxito. Pero no levantó la presión. En la última vuelta, consiguió la tracción necesaria hacia la Variante Ascari y allí ejecutó el adelantamiento definitivo sobre Piastri. Cuarto puesto para Norris, quinto para el vigente campeón.
En medio de ese duelo, Piastri también había intentado devolverle la posición a Verstappen para recuperar el podio, pero le faltó una décima, un metro, un resquicio.
El pelotón, al límite
Más atrás, la carrera fue un carrusel de adelantamientos. Colapinto se permitió incluso un doble movimiento de autoridad: pasó a Bearman y a Bortoleto “como si no estuvieran”, para regresar al top 10 y lanzarse a la caza del dúo de Racing Bulls. Cada vuelta, una maniobra. Cada recta, un intento.
Gasly y Norris protagonizaron una batalla dura por la sexta plaza en la fase media de la prueba, mientras Hamilton perdía contacto con el grupo de cabeza y veía cómo Norris le recortaba hasta colocarse a menos de un segundo antes de superarlo.
Antonelli, en su remontada, también fue dejando víctimas ilustres. Entre ellas, Pierre Gasly, al que adelantó para regresar al quinto puesto en su camino hacia la zona de podio. El italiano, desatado, marcaba tiempos de referencia mientras desde el otro lado del garaje Russell se quejaba de “derating” excesivo en el modo de motor actual.
La sensación era clara: uno venía lanzado; el otro, defendiéndose como podía.
Un campeón que se presenta en casa
Cuando todo terminó, Russell no dudó en reconocer el mérito del ganador: “Enorme enhorabuena a Kimi, un resultado increíble. Cuando vi en la tabla al principio que estaba P5, P4, supe que iba a estar en la pelea”. Y lo estuvo. Hasta el final. Hasta el adelantamiento que cambió la tarde.
Antonelli, mientras tanto, aún asimilaba lo que acababa de hacer. Había soñado con ganar en casa, pero no desde tan atrás, no en una carrera en la que el asfalto se levantaba, las estrategias se rompían y cada error se pagaba al instante.
Lo logró igual. Con carácter, con velocidad y con una frialdad impropia de alguien que todavía está escribiendo las primeras páginas de su carrera en la élite.
El Italian Grand Prix encontró a su protagonista. El campeonato, quizá, a su nuevo hombre a batir. La pregunta ya no es si Kimi Antonelli puede ganar. Es cuántas veces más va a hacerlo. Y cuánto tardarán sus rivales en encontrar la manera de frenarlo.




