El laberinto burocrático de Al-Ittihad en su nueva era
Al-Ittihad mira de reojo a Al-Hilal y ve un camino que, por ahora, no puede seguir. No por falta de interés, ni por ausencia de candidatos, sino por una maraña de trámites que ha levantado un muro entre el club de Yeda y su nueva era societaria.
Según el diario saudí Okaz, el proceso de adquisición de Al-Ittihad sigue atascado en la fase de evaluación y revisión. Los responsables continúan trabajando para elegir a un nuevo inversor, pero el horizonte temporal es desalentador: el procedimiento podría prolongarse hasta finales de 2027. Tres años largos en el fútbol actual.
Un expediente que no deja de crecer
El estudio de las ofertas, eso sí, no está parado. Okaz detalla que la revisión de los expedientes ha avanzado de forma notable y ya se encuentra en una etapa crítica: el análisis fino de los detalles financieros y administrativos, paso previo a la evaluación final.
Los técnicos revisan al milímetro la capacidad de financiación y los compromisos económicos de cada candidato. No se trata solo de comprobar si hay dinero, sino de medir si esos fondos pueden sostener las exigencias de poseer y gestionar el club a corto y medio plazo. La pregunta es simple, la respuesta no tanto: ¿quién puede garantizar estabilidad deportiva y económica en un proyecto de esta magnitud?
Condiciones estrictas y un socio local obligatorio
Sobre la mesa hay expedientes de inversores locales y extranjeros, todos sometidos a las condiciones marcadas por la entidad propietaria. Y ahí aparece una cláusula clave: el marco regulatorio aprobado exige la presencia de un socio local en cualquier estructura accionarial.
Para los inversores nacionales el escenario cambia. Ellos sí pueden optar a la propiedad en solitario y llegar hasta el 70% de las acciones, siempre que demuestren la solidez financiera y la competencia administrativa requeridas. No basta con comprar; hay que convencer de que se sabe gobernar un gigante deportivo.
El ejemplo de Al-Hilal, la referencia incómoda
Mientras Al-Ittihad espera, Al-Hilal ya dio el salto. Entre los cuatro grandes del país, fue el primero en salir del paraguas directo del Saudi Public Investment Fund. En abril, el 70% de sus acciones pasó a Kingdom Holding Company, propiedad del príncipe Al-Waleed bin Talal.
Ese movimiento marcó un antes y un después en el fútbol saudí y se convirtió en el modelo a seguir. Al-Ittihad aspiraba a replicar ese impulso, pero la realidad es otra: informes, filtros, revisiones y más revisiones. El reloj corre, el mercado se mueve y la sensación es clara: cada mes que pasa, la distancia con su gran rival no es solo deportiva, también estructural.
La pelota, ahora, no está en el césped. Está en los despachos. Y la gran incógnita es si Al-Ittihad llegará a tiempo para subirse al mismo tren de modernización accionarial que ya tomó Al-Hilal, o si la burocracia acabará marcando el resultado más doloroso de todos: quedarse atrás.



