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Charles Leclerc y su fe en Ferrari: un nuevo capítulo con Vasseur

Charles Leclerc no se ha limitado a firmar un contrato. Ha renovado un voto de fe. Y lo ha hecho con nombre y apellido: Fred Vasseur.

En pleno vaivén de resultados a comienzos de 2026, con dos abandonos y un octavo puesto en una secuencia dolorosa que incluyó Mónaco, Barcelona y Austria, el monegasco decidió atarse a Ferrari por varios años más. Lo hizo, dice, sin una sola duda.

“Simplemente se sintió correcto”, resume en el podcast oficial de F1, Beyond The Grid. No necesitó más. Para él, Ferrari sigue siendo casa. Y el proyecto, pese a los golpes, continúa siendo el camino.

Fe ciega en Vasseur y en el proyecto Ferrari

Leclerc lleva vestido de rojo desde 2019 en Fórmula 1, pero su vínculo con la familia Ferrari viene de mucho antes. Esa historia pesa. También su ambición: no quiere renunciar al sueño que lo ha guiado desde niño, ser campeón del mundo con el Cavallino.

“Creo en el proyecto, creo en cada persona del equipo”, explica. Habla de un Ferrari agresivo, innovador, que arriesga en el plan de producción y en las mejoras que va introduciendo. Ese empuje técnico le alimenta la esperanza de que lo mejor aún esté por venir.

En medio de todo, aparece una figura central: Fred Vasseur. Leclerc no se esconde: “Fred es una gran razón por la que he firmado de nuevo. Creo en Fred al 200 por ciento”. No es una frase lanzada al aire. Les une una relación de muchos años y, ahora, la responsabilidad compartida de devolver a Ferrari a lo más alto.

Leclerc describe una conexión que va más allá del organigrama: “Se siente como si le conociera desde siempre”. Habla de valores comunes, de una química inmediata que no necesita demasiadas explicaciones. No es solo un jefe de equipo; es alguien en quien apoya su carrera y su apuesta por seguir de rojo. De ahí que insista: no tuvo ninguna duda de que era la decisión correcta.

Entre la racha gris y el brillo de Hamilton

La primera mitad de 2026 le mostró a Leclerc la cara más cruel del deporte. Mientras él encadenaba problemas, al otro lado del garaje Lewis Hamilton empezaba a escribir su propia historia con Ferrari: dos segundos puestos en Canadá y Mónaco, y la primera victoria vestido de rojo en Barcelona.

La comparación era inevitable. Pero Leclerc sabe que copiar al siete veces campeón no es un simple ejercicio de imitación.

“No es tan fácil como decir: ‘Oh, Lewis hace esto, haré lo mismo’”, admite. Define a Hamilton como un talento extraordinario con un estilo de pilotaje muy propio, llevado al máximo. Replicar eso, punto por punto, roza lo imposible.

El monegasco eligió otro camino: empujar al equipo para adaptar el coche un poco más a sus sensaciones. Se sumergió en los datos, detectó elementos que no encajaban con su manera de conducir. Y ahí empezó el ajuste fino.

Pero también recuerda que la Fórmula 1 no es una ciencia exacta: no se trata de sentarse frente al ordenador, ver “una décima y media” en una curva y simplemente cambiarla. Hay intuición. Hay tacto. Hay sensaciones que no se miden en números, sino en la confianza con la que un piloto lanza el coche a una curva.

El giro en Silverstone y la batalla contra el exceso de análisis

Silverstone marcó un punto de inflexión. Ferrari introdujo cambios, Leclerc modificó su enfoque y el resultado fue contundente: victoria. No fue solo un alivio estadístico, fue la confirmación de que el rumbo técnico y mental empezaba a alinearse.

A partir de ahí, su obsesión ha sido una: no sobrepensar. El coche evoluciona carrera a carrera, las sensaciones de Melbourne ya son pasado, y la clave, según él, está en recuperar la naturalidad.

Cuando un piloto empieza a analizar cada movimiento dentro del cockpit, pierde algo más que milésimas. Pierde instinto. “Sobrepensar mata el rendimiento”, sentencia. Lo que busca es entrar en ese famoso “estado de flujo” del que hablan los deportistas de élite, ese momento en el que todo se encadena sin esfuerzo aparente y el talento sale sin filtros.

Para Leclerc, anticipar lo que hará el coche antes de llegar a la curva es vital. Si tiene que pensarlo, ya va tarde. Si lo siente, si lo sabe de antemano, entonces puede exprimir el 100% de su potencial.

¿Alcanzable Mercedes en este campeonato?

En la clasificación de constructores, Ferrari sigue segundo, pero a 87 puntos de Mercedes. Una distancia seria. No definitiva. En esta Fórmula 1 de 2026, la tabla puede girar con una tanda de mejoras acertadas.

Leclerc lo tiene claro: este campeonato se decide en el túnel de viento y en la fábrica tanto como en la pista. “Este campeonato se ganará con actualizaciones”, asegura. Con menos carga aerodinámica que en el pasado, cada punto de downforce que se añade al coche tiene un impacto enorme en el comportamiento y en el orden de fuerzas.

Por eso evita perder energía pensando a largo plazo en si Ferrari tiene o no una opción real de título. Prefiere ir carrera a carrera, apretar cada fin de semana y dejar que la suma de desarrollos y resultados marque el destino.

Lo que no cambia es su fe en el objetivo final. El campeonato del mundo sigue ahí, como una casilla por marcar en su carrera. Y hay un matiz que repite: quiere lograrlo con el equipo rojo. Siente que se están acercando. No sabe cuándo llegará ese momento. Solo sabe lo que desea: que sea lo antes posible.

Mientras tanto, ha elegido su trinchera. Es Ferrari. Es Vasseur. Y es la convicción de que, pese a los tropiezos, todavía pueden construir juntos el año que cambie la historia reciente de Maranello.