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Liam Lawson y su gran reto en Madrid con Red Bull

Para Liam Lawson, esos seis puntos sumados pesan más que cualquier discurso. Son su carta de presentación. La prueba de que, con tiempo, podía haber encajado en Red Bull. No lo dice solo él; lo confirma su ascenso sólido en Racing Bulls.

Este fin de semana, con Isack Hadjar aún fuera de combate, el neozelandés afronta el que debería ser su último gran premio como sustituto por lesión. Y no será en cualquier escenario: la Fórmula 1 aterriza en Madrid para el primer Gran Premio disputado en la capital española.

Pase lo que pase, Lawson saldrá de allí con una estadística simbólica. Su contador de carreras con Red Bull subirá a tres, una más que las dos que disputó en 2025. Un detalle, sí. Pero también un recordatorio de lo rápido que cambian las cosas en la escudería campeona.

Un Red Bull muy distinto al que dejó

El equipo al que vuelve no se parece demasiado al que lo ascendió y lo bajó casi a la misma velocidad. Las dos figuras clave en aquella montaña rusa, Christian Horner y el Dr. Helmut Marko, ya no están. El ecosistema ha cambiado, las jerarquías también.

Lawson, sin embargo, se niega a vivir anclado en ese capítulo.

«No es algo en lo que piense demasiado», admite. «Fue hace mucho tiempo, fue muy temprano en mi carrera en Fórmula 1».

El mensaje es claro: página pasada. El neozelandés prefiere mirar al tramo reciente, al rendimiento que sí puede controlar.

«Tuvimos una segunda mitad de la temporada pasada muy fuerte, y este año ha sido muy positivo. La gente lo va a juzgar como quiera.

»Pero al final del día, sea cual sea el coche que conduzca, voy a sacarle el máximo. En los dos últimos fines de semana, lo hemos hecho».

No hay rencor en sus palabras, hay determinación. Y una certeza: su futuro más allá de esta temporada todavía no está definido, pero sus viejos problemas con Red Bull ya no marcan su agenda.

Madrid, un folio en blanco para los 22

Ahora llega Madrid. Un reto nuevo para todos, no solo para Lawson. La Fórmula 1 deja atrás la tradición de Barcelona y mueve el Gran Premio de España más de 500 kilómetros, hacia un escenario inédito y urbano.

El campeonato suma otro circuito urbano a su colección. La capital se estrena con el llamado “Madring”, un trazado que mezcla la sensación de túnel de velocidad con curvas cerradas y un margen de error mínimo, en la línea del Jeddah Corniche Circuit de Arabia Saudí.

No hay referencias históricas, no hay datos de años anteriores, no hay memoria muscular de los pilotos. Solo tres sesiones de entrenamientos libres para descifrar un circuito que no perdonará despistes.

Lawson sabe exactamente cuál es el plan.

«La primera vuelta es construirlo todo, construirlo todo», explica. «Se trata de aprender el circuito».

El enfoque recuerda a uno de los exámenes más duros del calendario.

«Es casi como estar en Mónaco al inicio del fin de semana, y asegurarte de que haces todas las vueltas. Quieres estar en pista el máximo tiempo posible».

No es Monza, ni uno de esos viejos conocidos donde el trabajo fino se centra en tandas largas y ajustes de puesta a punto sobre una base ya dominada.

«Cuando vamos a circuitos como Monza y otros sitios, hemos estado muchas veces, son trazados sencillos. Puedes dedicar más tiempo a las tandas largas o a encontrar cambios de ‘set-up’.

»Aquí se trata de hacer vueltas y asegurarte de que, para la clasificación, te has preparado todo lo que puedas».

El reloj corre. La pista es nueva. Y el margen de adaptación, mínimo.

Última audición en horario de madrugada

El Gran Premio de España arrancará con la primera de las tres sesiones de entrenamientos libres a las 23.30 del viernes (hora de Nueva Zelanda). Para Lawson, cada minuto será una inversión en algo más grande que un simple fin de semana de carreras.

Es, quizá, su última audición con el sello Red Bull en el casco. Tres carreras, un coche ganador, un circuito desconocido y un mensaje sencillo: cada oportunidad cuenta.

Madrid no solo le dará una tercera salida con el equipo de Milton Keynes. Le ofrecerá algo más valioso en la parrilla moderna: la ocasión de demostrar que su historia con Red Bull no terminó cuando muchos pensaron que ya estaba escrita.