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Mercedes lidera en el nuevo Madring: riesgos y estrategias

El nuevo Madring todavía huele a asfalto fresco, pero ya tiene dueño provisional: Mercedes. George Russell y Kimi Antonelli se repartieron el mando en los entrenamientos del viernes y llegan al sábado como la referencia en un circuito tan rápido como frágil, donde el margen de error se mide en centímetros.

Mientras el paddock se despereza en un sábado radiante, la última sesión libre se presenta como el único laboratorio real antes de una clasificación que puede castigar cualquier titubeo.

El asfalto muerde: el aviso de Russell

Russell, el más veloz en la primera sesión, no se anduvo con rodeos al describir el Madring: “un circuito de muy alto riesgo”. Lo explicó con crudeza. Mucho agarre, sí, pero también deslizamientos violentos y una degradación de neumáticos que en los primeros giros rozó lo absurdo.

Con la degradación que vieron en la P1, el británico llegó a calcular que una carrera a seis paradas sería, sobre el papel, la opción más rápida. En la P2 el panorama mejoró algo, pero la gran incógnita sigue ahí: ¿hasta dónde aguantará la goma cuando todo el mundo apriete de verdad?

Russell llega al fin de semana 66 puntos por detrás de Antonelli en el campeonato y ve en este trazado una trampa a alta velocidad. Comparó el Madring con Monaco: menos margen que en el Principado, no porque los muros estén más cerca, sino porque aquí se llega a ellos muchísimo más rápido. Hay curvas rapidísimas y barreras que “vuelven” hacia la pista; si te vas largo, el impacto llega con un ángulo traicionero.

Viernes de dominio plateado

En la primera toma de contacto seria, Mercedes marcó territorio. Russell firmó el mejor tiempo, 0.286 por delante de su compañero Antonelli. Detrás, las Ferrari de Charles Leclerc y Lewis Hamilton, con Max Verstappen como siguiente referencia para Red Bull.

En la segunda sesión, Antonelli respondió. Detuvo el crono en 1:33.662 y se colocó al frente, con Leclerc y Hamilton pegados, mostrando que Ferrari no está lejos y que el siete veces campeón se siente cómodo en el nuevo escenario madrileño.

La sorpresa la puso Racing Bulls. Arvid Lindblad se coló cuarto en la segunda sesión antes de acabar contra las protecciones en la aproximación a la curva 13. Un aviso más de que el Madring no perdona.

Sábado: neumáticos, caos y adaptación

El sábado arranca con un detalle que ya marca la pauta estratégica. Los dos Audi salen con el compuesto medio amarillo, mientras el resto se lanza a la pista con el blando. Solo Liam Lawson rompe el molde: el piloto que sustituye a Isack Hadjar en Red Bull monta el duro.

Y responde. Con la goma más resistente y menos adherente, coloca su coche segundo en la tabla, solo por detrás de Nico Hülkenberg. Un mensaje directo al muro de Red Bull y una señal clara de que el duro puede ser una pieza clave cuando la carrera entre en fase crítica.

En el otro garaje de Racing Bulls, el ambiente es muy distinto. El coche de Arvid Lindblad permanece en alto, sobre los caballetes, con los mecánicos trabajando bajo el chasis. No hay prisa, pero sí preocupación: el británico no podrá salir al inicio de la sesión y su rodaje se recorta justo cuando todos necesitan kilómetros.

Un circuito rápido, bonito… y estrecho para adelantar

En la radio y en el paddock se repite la misma idea: aquí adelantar no será sencillo. Alice Powell, analizando lo visto el viernes, recordó que ninguno de los favoritos probó el duro en las tandas largas. Mercedes se centró en el medio; Leclerc y Verstappen, en cambio, se atrevieron con stints más extensos con el blando, una señal de confianza en que el neumático aguantará más de lo previsto.

El precedente de la Fórmula 3 añade matices: la degradación fue mucho menor de lo habitual. Si se repite en Fórmula 1, la estrategia puede volverse un rompecabezas. Menos desgaste del esperado, pero un asfalto que castiga cualquier desliz. Y con pocos puntos claros de adelantamiento, la clasificación puede valer media carrera.

Sol, aeropuerto y velocidad: el peculiar escenario del Madring

El contraste es curioso. Madrid luce espectacular a pocos kilómetros, pero el circuito se levanta junto al aeropuerto, con un ambiente que muchos en el paddock comparan con “correr alrededor de Heathrow”. No hay una sola nube en el cielo, la bandera al final del pit lane cuelga casi inmóvil y el clima es perfecto para rodar al límite.

Los pilotos, los ingenieros y los estrategas tienen una última ventana: la tercera sesión libre, a partir de las 11:30 BST. Después, a las 15:00 BST, se encenderán los semáforos para la Q1 y el Madring enseñará de verdad los dientes.

Mercedes llega con ventaja, Ferrari acecha, Red Bull busca respuestas y el asfalto nuevo sigue cambiando a cada vuelta. En un circuito de “muy alto riesgo” y poco margen, la pregunta ya no es quién es el más rápido a una vuelta, sino quién se atreverá a rozar primero el límite sin cruzarlo.