Monza 2023: Ferrari o Kimi Antonelli, la nueva era del automovilismo italiano
En Monza, Italia se mira al espejo: ¿Ferrari o Kimi Antonelli?
El rugido se escucha mucho antes de ver la pista. En Monza no se va a una carrera: se va a un rito. El rojo lo cubre todo, desde las gorras hasta las banderas colgadas en las vallas. Pero este año, entre tanto rojo, asoma un brillo plateado incómodo: el de Mercedes, el de Kimi Antonelli, el chico destinado —dicen— a romper 73 años de espera por un campeón del mundo italiano.
Tiene 19 años, siete meses y cuatro días cuando se convierte en el líder de campeonato más joven de la historia al ganar en Japón, en marzo. Desde entonces, nadie lo ha bajado de ahí. Llega al Gran Premio de Italia con 59 puntos de ventaja, seis victorias en el bolsillo y un país dividido entre la devoción eterna a Ferrari y la tentación de abrazar a un nuevo héroe vestido de plata.
El corazón late en rojo, pero mira a plata
“Ferrari es mi corazón”, suelta Thomas, nacido y criado en Monza, como si hiciera falta aclararlo. A unos metros, Emanuele, acompañado de su hija Matilde, eleva el tono: “Es una religión. En Italia apoyamos otros equipos y otros deportes, pero solo hay un Ferrari”.
En este país, Ferrari no es un equipo. Es una identidad. Se bromea con que el cargo de jefe de equipo de la Scuderia pesa casi tanto como el del Papa. Cuando un piloto de Ferrari gana, Maranello se desborda.
“Es como una segunda venida; la gente en la calle cantando, bailando, las campanas de la iglesia sonando. Es una fiesta en las calles”, describe Adrian Hussain, medio italiano y miembro del Scuderia Ferrari Club Silverstone.
Esas campanas no suenan por un campeón del mundo de Ferrari desde 2007, cuando Kimi Raikkonen se llevó el título por un solo punto. Y para encontrar a un campeón del mundo italiano hay que retroceder aún más: Alberto Ascari, 1952 y 1953, también con Ferrari. Desde entonces, el sueño de ver un piloto envuelto en il Tricolore en lo más alto del mundo ha sido eso, un sueño.
Hasta ahora.
El chico que rompe las reglas no escritas del tifoso
La irrupción de Antonelli este año ha abierto una grieta en el muro rojo. Es italiano, lidera el campeonato, parece destinado a los libros de historia… y conduce para Mercedes.
“Antonelli está rompiendo las reglas tradicionales del fanatismo en Italia”, explica Giulia Toninelli, periodista de La Gazzetta dello Sport. Habla de una “personalidad fuerte” que ha conquistado al público, sobre todo al más joven. “Y el hecho de que corra para Mercedes les importa muy poco”.
En la fanzone de Monza, esa fractura se ve en una simple pareja. Alessandro, de rojo Ferrari de pies a cabeza. Emma, su novia, con el plateado de Mercedes.
“Claro que soy un poco Ferrarista porque soy italiana. Pero, sinceramente, amo a Kimi, lo apoyo”, confiesa ella.
Si Antonelli acaba coronándose campeón del mundo este año, con un final de temporada que podría disputarse en Imola, a apenas 40 kilómetros de su Bolonia natal, ambos coinciden: significaría que “Italia vuelve a estar en la cima”.
Un país que no sabe a quién querer más
En el podcast Chiacchiere da Box, Marco Melandri, cinco veces ganador en MotoGP, lo resume con claridad: “Creo que Kimi está viviendo el sueño, incluso el de los aficionados italianos. Pero en Italia mucha gente está muy unida a Ferrari, empuja por Ferrari. A veces luchan consigo mismos para entender, para elegir quién es su piloto favorito. Pero creo que Kimi está haciendo algo increíble”.
Davide Valsecchi, campeón de GP2 en 2012 y voz habitual en las retransmisiones de F1, coincide: “Lo estamos disfrutando. Es una gran sorpresa para todos, saber que un piloto italiano, tan joven, lidera el campeonato, conduce tan bien y es tan fuerte mentalmente. En este momento, todo es perfecto para nosotros”.
Perfecto, pero incómodo. Porque el símbolo de esa nueva Italia ganadora no viste de rojo.
Mercedes, refugio perfecto para un diamante precoz
Antonelli es criatura de Mercedes desde los 11 años. Tras solo una temporada en Fórmula 2, Toto Wolff decidió acelerar todos los plazos y darle en 2025 el asiento que deja libre Lewis Hamilton, rumbo precisamente a Ferrari en un traspaso que sacudió el paddock.
Su debut en F1 el año pasado fue áspero. Cuatro abandonos, solo tres puntos en una dura gira europea y un séptimo puesto final en el campeonato. Curva de aprendizaje en toda regla.
Mercedes lo ha protegido. Cuando, con 18 años, se estrelló en su primera sesión de libres en Monza, la voz de Wolff entró enseguida por la radio: “All good, Kimi. All good”. El mensaje era claro: aquí no se derrumba a los talentos, se los construye.
“Creo que Kimi está en el lugar correcto ahora mismo”, sostiene Toninelli. “Mercedes es una familia que conoce desde hace mucho tiempo, que lo ha criado como piloto y le ha dado un nivel de protección que sería imposible tener en Ferrari ahora”.
Valsecchi añade otro matiz clave: la distancia emocional del tifoso. “A veces en Italia nos falta un poco de paciencia. Te empujamos cuando eres fuerte y luego subrayamos con bolígrafo rojo cada vez que cometes un pequeño error. Por eso, como debutante, es mejor estar lejos, en otro lado, y luego llegar a Ferrari solo cuando ya eres un hombre hecho y derecho, con un campeonato y como piloto completo”.
Récords, golpes y una sanción en casa
Esta temporada, Antonelli no solo lidera. Reescribe registros. Se convirtió en el ‘poleman’ más joven de la historia y convirtió esa primera posición en victoria en China, en marzo. Poco después, se llevó también el Gran Premio de Mónaco, el trofeo que todos quieren, como el ganador más joven en el Principado.
No todo ha sido impecable. Un abandono por motor en Barcelona y un 15º puesto en Silverstone han sido los únicos tropiezos serios antes de llegar a Monza. Ahora se suma otro obstáculo: penalización en la parrilla por montar una nueva unidad de potencia. Saldrá desde el fondo el domingo, en el templo de Ferrari, con el campeonato en juego.
Pese a esos baches, una victoria en Bélgica y podios en Hungría y Zandvoort le han dado colchón frente a sus perseguidores más cercanos: sus propios compañeros de equipo. George Russell y Hamilton están empatados a 183 puntos, persiguiendo a un chico que, si cierra el año en lo más alto, desbancará a Sebastian Vettel como el campeón del mundo más joven de la historia.
Vettel se coronó con 23 años y 134 días en 2010. Antonelli sería tres años más joven.
“Italia es Kimi, pero Ferrari es Dios”
No todos en Monza están listos para entregarse del todo. Daniele, en el circuito con sus hijos Tommaso y Demis, lo deja claro: “Apoyamos a Hamilton y Leclerc, apoyamos a Ferrari”. Cuando se le plantea la posibilidad de que Antonelli se lleve el título, responde que lo sentirán “así-así”.
El pequeño Demis, en voz baja, admite que Antonelli le gusta. “Es muy bueno”, susurra, sin dejar de declararse leal a la Scuderia.
Thomas, el tifoso de Monza, lo explica con un gesto: “Estoy feliz por Kimi, por supuesto. Pero no lo apoyo como a Ferrari, porque Ferrari está ahí arriba”, dice, levantando la mano hacia el cielo.
La jerarquía emocional, por ahora, no se discute.
La sombra alargada sobre Leclerc
Mientras Antonelli asciende, en Ferrari el foco sigue sobre Charles Leclerc. En una rueda de prensa en Bélgica, después de pasar tiempo con Jannik Sinner, cinco veces campeón de Grand Slam, a Antonelli le preguntan quién es más famoso en Italia. Su respuesta es inmediata. Señala a Leclerc: “Es él. Probablemente es el hombre más famoso de Italia ahora mismo”.
El monegasco se ha convertido en hijo adoptivo de la Scuderia desde 2019. Habla italiano con fluidez, se ha empapado de la cultura del equipo y carga desde hace ocho temporadas con el peso de las expectativas de los tifosi. Ha ganado dos veces en Monza, firmó un nuevo contrato a largo plazo en junio y repite que su obsesión es devolver los títulos a Maranello.
Pero los números son tozudos: nueve victorias con Ferrari en 162 grandes premios. Y la comparación ya no es solo con Hamilton, que llega a Maranello con la vitrina llena, sino con un italiano de 19 años que lidera el campeonato con otra escudería.
“Empiezo a ver, después de muchos años, por primera vez, que algunos aficionados dicen: quizá no es tan fuerte como pensábamos antes, porque Hamilton lo está haciendo mejor que él y Antonelli lo está haciendo mucho mejor con otro coche”, apunta Melandri.
La duda se ha instalado en el único lugar donde, hasta ahora, Leclerc parecía intocable: la fe del aficionado.
¿Un podio compartido… o un relevo anunciado?
Con Antonelli penalizado y obligado a remontar desde atrás, Ferrari tiene una oportunidad de oro en casa. Un doblete de la Scuderia en Monza, con el italiano de Mercedes escalando hasta el podio, dibujaría una imagen poderosa: el presente rojo resistiendo, el futuro italiano empujando desde el fondo.
“Por supuesto, compartir el podio con un Ferrari lo haría aún más especial, pero independientemente de eso, tendrá todo el apoyo de sus aficionados”, asegura Toninelli. “Una parte del público italiano puede inclinarse más por Ferrari que por Kimi, y otra parte puede sentir lo contrario, pero eso no detendrá la celebración italiana en Monza, que unirá a ambas aficiones”.
En el viejo templo de la velocidad, Italia se descubre partida en dos: la religión de siempre y el profeta inesperado. El rojo manda. El plateado amenaza. Y en medio de ese choque de colores, un chico de Bolonia tiene en sus manos algo más que un título: la posibilidad de redefinir qué significa, en pleno siglo XXI, ser un campeón italiano de Fórmula 1.




