Monza se rinde a Hamilton pero necesita a Leclerc
En la abarrotada zona de comida de Monza, dos camisetas de Inglaterra llaman la atención. En la espalda, un mensaje inconfundible: “Hamilton 44 Still I Rise”. Podrían ser ingleses. No lo son.
“Somos de Países Bajos”, dicen Anton y Tim, sonriendo. ¿Hinchas de Max Verstappen? “¡Noooo! Y nunca lo hemos sido”, bromea Tim. Su devoción es otra: Lewis Hamilton.
El siete veces campeón del mundo llega a Italia con 59 puntos de desventaja respecto al líder del campeonato, Kimi Antonelli. La pregunta flota en el aire: ¿puede llegar este año, por fin, ese ansiado octavo título?
“Seguro que puede hacerlo”, responde Anton, sin dudar.
Tim matiza, pero sin quitarle fe al británico: “Quizá con un poco de suerte… pero necesita a Charles Leclerc”. Traducido: el monegasco, compañero de equipo de Hamilton en Ferrari, debe aceptar un rol secundario si el inglés quiere ir a por el título.
¿Es este el momento de la temporada en el que Leclerc debe convertirse en el número dos de Hamilton? “Sí, seguro. Al menos para esta temporada”, remata Tim. En Monza, la fe en Hamilton no entiende de fronteras… ni de banderas.
Una carrera abierta y una pole que descoloca a todos
En el paddock, la sensación es clara: el Gran Premio de Italia se ha convertido en una auténtica incógnita. Andrea Stella, jefe de equipo de McLaren, lo resume sin rodeos: espera “una carrera muy interesante” y admite que no es sencillo anticipar cómo se va a desarrollar.
Los números cuentan una historia curiosa. Alpine y Pierre Gasly firmaron una vuelta perfecta para llevarse una pole monumental, la más sorprendente en años. Pero el viernes, en ritmo de carrera, el coche francés solo fue el quinto más rápido, por detrás de Mercedes, McLaren, Ferrari y Red Bull.
El rompecabezas no se queda ahí. La gestión de la energía será una trampa constante. El rebufo, decisivo en clasificación, seguirá siendo un arma de doble filo en carrera. Los pilotos tendrán que decidir cuándo activar el modo de máxima potencia para adelantar, sabiendo que ese impulso eléctrico gastado puede dejarlos vendidos unos metros después.
Stella lo explicaba con crudeza: si empiezas a jugar con el “boost” y adelantas coches, puedes terminar siendo adelantado y perdiendo tiempo global en la carrera. Pero si eres más rápido, la tentación de pasar es inevitable. Un dilema táctico en plena recta.
La estrategia, sobre el papel, parece sencilla: Monza apunta a ser una carrera a una sola parada. La degradación se prevé baja, los compuestos están muy igualados y la ventana táctica se estrecha. George Russell, segundo en la parrilla con el coche más rápido en tanda larga, es el único piloto con un juego nuevo de neumáticos medios. Ferrari, McLaren y Max Verstappen guardan un juego nuevo de blandos.
Ahí se abre la gran cuestión: ¿usar los blandos en la salida para atacar desde el principio, o reservarlos para un último stint agresivo si el medio aguanta lo suficiente como para plantear una estrategia medio-blando, en lugar del clásico blando/medio-duro?
El modelo de estrategia de la F1 se moja: da ganador a Russell, seguido de Oscar Piastri, Charles Leclerc y Gasly. El propio paddock lo mira con escepticismo. Rara vez acierta. Lo que sí está claro es el coste de cualquier error: una parada en condiciones normales ronda los 24 segundos; bajo coche de seguridad, cae a unos 15. Cada decisión en boxes puede decidir el campeonato.
Un paddock al rojo vivo… y un invitado de lujo
El paddock de Monza hierve. Literal y figuradamente. El sol castiga, el ambiente es espeso, y conseguir un pase previo a la carrera es casi una misión imposible. Entre los invitados, una estrella de otro deporte: Jannik Sinner.
El cinco veces campeón de Grand Slam no está compitiendo en el US Open este año, y ha aprovechado para venir a casa. Italiano, fan declarado de la F1, no quería perderse el Gran Premio de su país. La lucha por conseguir una foto con él roza lo salvaje. Algunos solo logran inmortalizar la parte trasera de su cabeza.
Julieta, aficionada de Ferrari, sí consigue su momento. Está exultante tras conocer a Sinner; alguien de su grupo también ha logrado una foto. “¡Fue increíble! Mi abuelo me hizo fan suyo. ¡Increíble!”, cuenta, todavía con la adrenalina en la voz.
Su corazón, como el de tantos en Monza, late en rojo. Pero sus deseos para la carrera muestran el conflicto interno de muchos tifosi esta temporada: “Quiero mucho que gane Lewis Hamilton, creo en eso, pero si gana Charles Leclerc también sería increíble”.
El nombre de Kimi Antonelli aparece una y otra vez en las conversaciones con los aficionados de Ferrari. El joven de 20 años puede poner fin a 73 años de espera por un campeón del mundo italiano. Pero lo haría vestido de plata, con Mercedes, no con el rojo de Maranello.
Julieta lo tiene claro: una victoria de Antonelli hoy, aunque salga desde el fondo de la parrilla, “sería importante para Monza porque es italiano”, y Ferrari “quizá podría” ofrecerle su apoyo si se corona esta temporada.
Hace una pausa, sonríe y remata: “Pero prefiero a Hamilton”.
Un homenaje hecho de neumáticos y memoria
Monza también guarda un regalo especial para Hamilton. Un tributo físico, pesado, cargado de simbolismo.
El artista francés Constantin Vincent ha creado un retrato del siete veces campeón utilizando viejos neumáticos de karting y acrílicos. Sobre esa base, ha incorporado recuerdos y frases que los aficionados asocian al británico: “remember who you are mate”, sus trofeos, su número 44, “Hammertime”, “Still I Rise”.
A sus 24 años, Vincent dejó las finanzas para dedicarse al arte a tiempo completo. Ya ha retratado a gigantes del tenis como Rafa Nadal, Carlos Alcaraz y el propio Jannik Sinner. Ahora, su obra viaja por el paddock con un objetivo claro: llegar a manos del piloto de Ferrari este fin de semana.
“Es realmente un tributo a Hamilton y a toda la comunidad”, explica. El cuadro le ha llevado 50 horas de trabajo, apoyado por una afición de F1 muy implicada, que le pidió que fuera Hamilton el siguiente en su lista. Antes de pintar, se toma su tiempo para estudiar al personaje, entender sus valores, su historia. El resultado espera su destinatario en el corazón del templo de la velocidad.
Gasly domina a Russell en el tablero… y en la pista
Quince minutos antes de la sesión de clasificación que le daría una de las poles más sorprendentes de los últimos años, Pierre Gasly estaba haciendo algo poco habitual para un piloto en ese momento: jugando al ajedrez online contra George Russell.
Y ganando.
“Antes de la quali me sentía bastante confiado”, reconoció el francés. “Porque le estaba comiendo pieza tras pieza”. A un lado, su preparador físico, Ben Thorne, observaba la partida.
Gasly recuerda la escena con una sonrisa: “Ben me dijo: ‘Vale, le estás ganando a George aquí, pero él te va a ganar en unos minutos’”. El francés respondió con una palabrota, entre risas. La historia terminó de la mejor manera posible para él: pole position con Alpine en Monza.
Una vuelta perfecta, en el momento justo, para dejar a Russell detrás en la parrilla… después de haberlo superado también en el tablero.
Antonelli, el italiano que divide el corazón de Ferrari
En Italia, Ferrari no es solo un equipo. Es una fe. Thomas, nacido y criado en Monza, lo resume: “Ferrari es mi corazón”. Emanuele, que ha venido al circuito con su hija Matilde, va más allá: “Es una religión. En Italia apoyamos a otros equipos y otros deportes, pero solo hay un Ferrari”.
La figura de Kimi Antonelli irrumpe en ese paisaje casi sagrado como un desafío a las normas de siempre. Llamado “talento generacional”, es el piloto señalado para acabar con 73 años de sequía de campeones del mundo italianos. En marzo, se convirtió en el líder de campeonato más joven de la historia al ganar en Japón con 19 años, siete meses y cuatro días. Desde entonces, nadie lo ha bajado de la cima.
Llega a Monza con 59 puntos de ventaja tras seis victorias esta temporada. Pero lo hace con un problema de identidad para la grada: conduce un Mercedes. No un Ferrari.
En un país donde se bromea con que el cargo de jefe de equipo de la Scuderia es casi tan importante como el del Papa, la situación es inédita. Los tifosi acuden al “Templo de la Velocidad” para venerar al Cavallino Rampante, pero el hombre que puede darles un campeón del mundo italiano lucha contra Ferrari… y contra Hamilton y Leclerc.
Antonelli sale desde el fondo por una penalización de motor. Pocos se atreven a decir en voz alta que puede ganar desde la 19ª posición. Pero la pregunta ya está lanzada: ¿puede un italiano con mono plateado alterar las reglas de la devoción en el país de Ferrari?
Un Monza abrasador y un título en juego
El verano se apaga en el calendario, pero no en el asfalto. El Gran Premio de Italia se disputa bajo un calor sofocante. Gasly ha sacudido la parrilla con una vuelta espectacular para firmar la pole, la primera de un francés en Monza desde Jean Alesi en 1997.
Detrás, Russell parte segundo con un Mercedes que vuela en ritmo de carrera. Con Antonelli relegado al fondo por la sanción, el británico tiene una oportunidad de oro para recortar la brecha con su compañero en el campeonato.
Ferrari llega con dudas, pero no está fuera de la ecuación. McLaren y Verstappen acechan, listos para aprovechar cualquier error en una carrera en la que la energía, los rebufos y una sola parada pueden decidirlo todo.
En las gradas, las banderas rojas de Ferrari se mezclan con pancartas plateadas de Mercedes y el 44 de Hamilton. Algunos sueñan con un triunfo de Leclerc. Otros, con una remontada imposible de Antonelli. Muchos, con ese octavo título para Hamilton, aunque para ello Leclerc tenga que ceder y el destino le regale al británico un poco de fortuna.
Monza arde. El campeonato también. Y en medio de todo, una pregunta que nadie se atreve a responder con certeza: ¿quién se atreverá a salir hoy del Templo de la Velocidad con el mundo del motor a sus pies?




