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El reloj de Lewis Hamilton en el paddock: una operación de 1,2 millones

Cuando se apaga el motor del monoplaza de Lewis Hamilton, la carrera no termina. Simplemente cambia de forma.

En un rincón muy concreto del paddock, lejos del rugido de los V6 híbridos pero bajo el mismo nivel de tensión, comienza otra operación cronometrada: hacer llegar a las muñecas del británico un reloj valorado en alrededor de 1,2 millones de libras antes de que aparezca ante las cámaras.

Un relevo exprés en el corazón del paddock

Las imágenes, convertidas en reel viral en Instagram, están grabadas justo después del Sprint del Gran Premio de Gran Bretaña de 2026. Hamilton acaba de cruzar la meta segundo, por detrás de Kimi Antonelli, tras 17 vueltas de alta intensidad en Silverstone. El italiano le ha adelantado en la vuelta 8 y ha terminado con 2,745 segundos de margen. Un día antes, en la clasificación al Sprint, Hamilton le había ganado la pole por solo 0,011 segundos. Márgenes mínimos, en pista y fuera de ella.

En cuanto el Mercedes rojo de Ferrari —y el hombre que lo conduce— se detienen en el parc fermé, el protocolo se dispara. Bajar del coche, pasar los controles obligatorios, dirigirse a la zona de entrevistas. No hay hueco para la improvisación. Tampoco para los retrasos.

En medio de ese engranaje, se cuela una escena casi clandestina. Angela Cullen, fisioterapeuta y apoyo de confianza de Hamilton desde hace años, sostiene el reloj. No hay maletín blindado. No hay escolta armada. Solo una mano que se extiende y otra que responde.

Al otro lado está Linda Boudabous, maestra de ceremonias de la Fórmula 1 y coordinadora de Operaciones Especiales. Su misión es tan simple de describir como delicada de ejecutar: recibir el reloj de Cullen y entregárselo a Hamilton en el punto exacto, en el momento preciso, antes de que el piloto se plante frente a los micrófonos y los flashes.

El intercambio dura apenas unos segundos. Pero un error implicaría un objeto cuyo valor supera al de muchos Ferrari de calle. En un espacio restringido, abarrotado de personal, cámaras, ingenieros y comisarios, Boudabous debe localizar al piloto correcto, con el reloj correcto, en el lugar correcto. Sin segundas oportunidades.

Es solo una pieza más del enorme operativo que se activa tras cada carrera. Esta, sin embargo, lleva una carga de tensión muy particular: 1,2 millones de libras en la muñeca.

Un Richard Mille a la altura de Ferrari

La publicación en Instagram identifica la pieza como un Richard Mille valorado en 1,2 millones de libras, una cifra que encaja con la franja alta de la gama Ferrari de la firma relojera.

Dentro de esa línea se encuentra el RM 43-01, un modelo del que Ferrari asegura que solo se fabricaron 150 unidades, repartidas a partes iguales entre versiones en titanio y en Carbon TPT. GQ Middle East informó de precios antes de impuestos de 1,1 millones de francos suizos para el modelo de titanio y 1,35 millones para el de carbono. Cifras que sitúan a este reloj en la élite absoluta de la relojería deportiva.

El RM 43-01 combina un tourbillon de cuerda manual con un cronógrafo rattrapante, una pieza de ingeniería minuciosa pensada tanto para resistir fuerzas extremas como para lucir en primeros planos de alta definición. Justo lo que ofrece la Fórmula 1 cada fin de semana.

Desde 2021, Richard Mille es socio de Ferrari. La llegada de Hamilton a Maranello en 2025 marcó también su transición de los relojes IWC a las piezas de la casa suiza. Cada entrevista postcarrera, cada foto en el podio, se convierte en un escaparate global inmediato para el patrocinador. Millones de ojos, una muñeca, un logo.

Por eso el margen de maniobra es tan pequeño. Hamilton aparca el coche, pasa los controles, se ajusta el mono, respira hondo… y recibe el reloj. Entonces sí, ya puede hablar ante el mundo. Y el mundo, sin darse cuenta, asiste a una de las operaciones más caras —y discretas— del paddock.